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    Mejorando las relaciones familiares

    Mejorando las relaciones familiares.   

    Los asilos de ancianos (Eclesiástico 3, 12-16). 
      ¿Se han fijado cómo cada vez hay más asilos y guarderías de ancianos?  
    Algunos funcionan por caridad, atendidos por monjitas que descubren en este servicio cómo amar a Jesús. Cuando tratamos de canalizar a algún anciano abandonado hacia estos asilos, no hay lugar, están saturados, hay que guardar turno en una inmensa lista de los que esperan que muera un ancianito para ocupar su lugar.

    Lo mismo sucede en los asilos de la beneficencia privada. Los asilos oficiales suelen ser faltos de calor humano como corresponde a la misericordia ejercida burocráticamente. Los asilos particulares son buenos negocios que dan a sus huéspedes un buen trato mientras paguen las cuotas, que suelen ser altas.

    ¿Por qué van los ancianos a los asilos? Algunos por voluntad propia para no ser una carga para los hijos. Otros porque los hijos ya no los pueden atender. Otros porque han sido abandonados o no tienen hijos. Con crueldad, los que no tienen misericordia, dicen de estos ancianos que tienen lo que merecen, porque no supieron educar a sus hijos ni ganarse el amor que ahora necesitan.

    Hay padres y “padres”Los niños tienen derechos y a ellos les encanta sacarlos a relucir con oportunidad o sin ella, ¡pero también tienen obligaciones! y no estaría mal enseñárselas también.

    Honra a tu padre y a tu madre (Ex 20, 12) es el mandato directo de Dios, puesto en la lista de los diez mandamientos inmediatamente después de los tres que tocan al honor de Dios. A los papás se les debe no sólo el amor que nace del agradecimiento por habernos dado la vida, sino el honor, veneración y respeto que merecen porque su paternidad es imagen de la paternidad de Dios.

    El problema, cada vez más frecuente, es cuando los papás no hacen honor a su paternidad, Cuando son irresponsables, violentos, dañinos, o cuando abandonan a sus hijos. ¿Cómo amar a un padre así?
    A una jovencita de mi parroquia me gustaba llamarla por su apellido porque es muy pintoresco, pero ella me pidió un día que la llamara por su nombre porque no le gustaba su apellido porque le recordaba a un papá que le hizo mucho mal.

    El cariño se gana, indudablemente, y hay papás que sólo infunden miedo, terror, y provocan rechazo. A ellos no se les puede tener cariño, pero el respeto ennoblece al que lo da. Los hijos deben orar por un papá o una mamá así.

    Cada vez vemos con mayor frecuencia que son los abuelos los que se encargan de los nietos y en su ancianidad tienen que volver a hacerla de papás porque sus hijos no fueron responsables. Estos abuelos o familiares merecen el cariño y el honor de esos hijos que han asumido como suyos.

    Las madres solteras se angustian cuando el hijo pregunta por su padre. Por favor, no les pinten un padre falso ni les hagan concebir anhelos irrealizables. Digan la verdad.

    Los hijos deben a sus padres y madres, y a los que hacen sus veces, como los maestros, obediencia. Y la obediencia no consiste en actuar bien tan sólo cuando el que manda está presente, la obediencia exige actuar siempre bien. El límite de la obediencia es la propia conciencia, es decir, un hijo tiene obligación de no obedecer cuando se le manda algo que va contra su conciencia.

    La mayoría de edad
    A los jóvenes les encanta cumplir los 18 años porque entonces ya son mayores de edad y se sienten libres, pero ¡no! “El que mantiene retiene”, dicho popular que encierra toda una verdad: mientras los hijos permanezcan en casa de sus padres, les deben obediencia en lo que toca al bienestar de la familia. Si quieren ser verdaderamente libres, que pongan casa aparte y que se mantengan solos, cosa que no es costumbre nuestra ni es aconsejable por su inexperiencia.

    Mientras vivan en la casa paterna tienen la obligación de ser responsables en sus estudios, de colaborar en los quehaceres del hogar, de convivir en armonía con sus padres y hermanos y de ayudar en lo económico cuando encuentren trabajo.

    En el caso de los hijos que por su soltería prefieren quedarse en el hogar paterno, sus padres deberán comprender que son mayores de edad, estables y responsables y sabrán respetar las decisiones que tomen mientras no afecten al orden de la familia.

    Cuando papá y mamá llegan a la ancianidad toca a los hijos hacerse cargo de ellos responsablemente hasta el momento en que Dios los llame. Los ancianos tienen derecho a seguir siendo parte del hogar, pero deben ser prudentes porque ya no conservan más autoridad que la moral, si han sabido ganársela.

    Un buen hijo...Nunca dice “yo no te pedí nacer”, ni “es tu obligación”
    No se va de la casa porque quiere ser libre.
    No contesta con grosería a los regaños paternales ni se enfrenta a sus padres.
    Dialoga y manifiesta en qué no está de acuerdo, pero obedece.
    Convive armoniosamente con sus hermanos.
    No se aísla ni aplica la ley del hielo.
    No dice que es ateo para vengarse de sus padres.
    No lleva doble vida fuera de su casa.
    Recuerda que el que no trabaja no come.

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