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    ¿Entierro o Cremación?


    A Debate.  ¿Entierro o Cremación?  
    Cada vez se producen más cremaciones y nos preguntamos ¿Cuáles son realmente sus causas? ¿Qué dice la Iglesia ante esta creciente opción?
    Al conocer muchas personas que optan por incinerar en vez de enterrar sus difuntos nos preguntamos también por la postura de la Iglesia. Del Profesor de Derecho Litúrgico, José A. Fuentes, recogemos algunas precisiones aparecidas en Vida Nueva.
    Sabemos que fue una costumbre de la Iglesia no admitir la incineración pues quienes la elegían lo hacían muchas veces en oposición a lo que era la fe de la Iglesia. La práctica de la comunidad ha sido sepultar sus difuntos de una manera digna, confiados en la resurrección. Así ocurría en las catacumbas o, con el tiempo, en las iglesias o cementerios católicos, haciéndolo en sepulturas que, normalmente, se bendicen.
    Hoy día, muchos cristianos acuden a la incineración. Unos, dejándolo así previsto en sus últimas voluntades o eligiéndola para sus familiares. Se puede asegurar que casi nadie elige la incineración para oponerse a la fe de la Iglesia, y por eso la Iglesia lo permite en el canon 1176 del Código de Derecho Canónico. Aunque, desde luego, si hubiera constancia de elección de la cremación por razones contrarias a la fe cristiana, la Iglesia que, como siempre, debe ser respetuosa con lo que cada uno ha elegido, no realizará exequias católicas (c. 1176, par. 3). Cada uno se puede enterrar o enterrar a sus parientes, como quiera. Puede elegir hacerlo en la Iglesia o fuera de la visión cristiana de la Iglesia.
    • Desde la fe aseguraremos un entierro digno para nuestros difuntos. O un destino digno para las cenizas de los seres queridos que han sido incinerados. Ya en algunas iglesias se está previendo un lugar para acoger los restos de los difuntos.
    • No se debe frivolizar ni degradar el valor de los difuntos, colocando sus cenizas encima del televisor, la nevera o el ceso de las frutas. Es una falta de respeto a los demás. Los restos de los difuntos se deben tratar con respeto, y también se debe respetar a los vivos que nos rodean.
    • Hoy, como ayer, en lo que se refiere a los difuntos y a sus enterramientos, todo se debe enmarcar en la higiene, el respeto y, para los creyentes, en la caridad y en la fe.
    Quemar no está en contra de la doctrina
    El sacerdote Fernando Rubio Bardón, aporta al debate en la revista Vida Nueva, señalando que al final de la misa de difuntos cuando despedimos el cadáver, utilizamos estas palabras del ritual: “Según la costumbre cristiana daremos sepultura al cadáver de…, pidamos a Dios que este cuerpo que ahora enterramos en debilidad Dios lo resucite en fortaleza y lo agregue a la asamblea de sus elegidos”. Es decir, la Iglesia aún hoy prefiere el enterramiento. Sin embargo, hace unas consideraciones:
    1. Hoy no existen prácticamente los enterramientos en nuestra cultura. Los restos mortales se introducen en nichos, sepulturas de fábrica o panteones. Por consiguiente, no hay enterramientos propiamente dichos. “Enterrar –dice el Diccionario de la Real Academia– es poner debajo de tierra”.
    2. En esos nichos, panteones o sepulturas de fábrica, los cadáveres, a través del tiempo, se convierten en polvo, como en polvo se convierten los “enterrados” en tierra, sirva la redundancia. Lo decimos el miércoles de ceniza: “Recuerda que eres polvo y te convertirás en polvo”. Y surgen preguntas. ¿No se convierten en polvo lo mismo los incinerados que los enterrados o los introducidos en nichos o panteones? ¿Es más Templo de Dios el cuerpo del que se entierra que el que se incinera o se introduce en un nicho o panteón?
    3. Establecido este principio de que es tan cristiano quemar como enterrar, creo que la incineración de los cadáveres y la recogida de los restos en una urna cineraria tiene algo muy positivo y más acorde con nuestra fe. Según nos decía ya el segundo libro de Macabeos: “Es una idea piadosa y santa rezar por los difuntos para que sean absueltos de sus pecados”.

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