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    El Informe del PNUD 2010

    El 9 de junio de 2010, la Oficina de Desarrollo Humano del PNUD en República Dominicana puso en circulación su Informe Nacional centrado en el análisis de la política social dominicana. El informe, hecho especialmente para la Estrategia Nacional de Desarrollo que lleva a cabo el Ministerio de Economía, Planificación y Desarrollo, tiene 11 capítulos y lleva un mensaje central: la calidad de vida de la población que comparte el territorio dominicano es una cuestión de derechos; no debe ser una cuestión ni de favores, ni de un constante pulso de poder. Donde no prima el derecho, se impone la ley del más fuerte.
    1. Planteamiento general
    A partir de la premisa anterior, el desarrollo humano aparece entonces para los autores de este Informe como un proceso de construcción de ciudadanía. En ese sentido, las políticas sociales del Estado deben de responder a la ciudadanía garantizando derechos universales, pues sólo el diseño de políticas públicas universales e incluyentes podrá garantizar la cohesión social imprescindible para articular un proyecto de nación.
    La idea es prometedora, pero los autores deben precisar un punto para que sea coherente: no se trata de construir simplemente una ciudadanía nacional, sino de garantizar los derechos fundamentales de todas las personas, independientemente de su ciudadanía. El punto resulta crucial en el marco de una sociedad global, si su propuesta se quiere abrir a la presencia de otros agentes económicos no nacionales. Para salvar el término “ciudadanía”, habría que tomarlo en su sentido más amplio, es decir, en el sentido del derecho cosmopolita defendido por Kant para que existiera una relación pacífica de pueblos que han de habitar en un único planeta cada vez más intercomunicado.
    2. Una historia de políticas públicas deficitarias
    La afirmación general que guía el Informe es contrastada en el capítulo 2, donde se estudian históricamente las políticas públicas dominicanas en relación con los indicadores sociales del país. Como balance, el equipo del Informe hace una serie de sugerencias. Entre estas se encuentran la consolidación del Estado de derecho; la producción de cambios en las relaciones de poder para transformar la cultura política e institucional; la combinación de una agenda dirigida a cubrir brechas acumuladas en materia de empleo, salud, educación y seguridad social, con una agenda de desarrollo que genere nuevas capacidades que permitan sacar provecho de los procesos de globalización; la creación de un Estado solidario que vele por la cohesión social; la búsqueda de una solución definitiva organizada a la migración haitiana, respetando los derechos humanos; por último, la racionalización del gasto público.

    3. Los aspectos sociales fundamentales del desarrollo en Dominicana
    Del capítulo 3 al capítulo 6 se estudian exhaustivamente los elementos fundamentales de cualquier política de desarrollo: junto a los pilares de la educación y la salud, aparecen el empleo y la seguridad social. El estudio de la educación pone el acento crítico en la calidad de nuestro sistema educativo público, ya que la cobertura ha mejorado sustancialmente en los últimos años. Estamos ante una paradoja: tenemos más estudiantes, pero peor educados, de tal forma que se puede afirmar que nuestro sistema educativo reproduce la inequidad social. El análisis de la situación de la salud va en la misma dirección: nuestro sistema de salud es inequitativo e ineficiente en sus resultados, sobre todo para los más pobres. En general, tanto la práctica de salud pública como la privada requieren de mayor regulación, a pesar del avance traído por la Ley General de Salud.
    Al analizar la realidad laboral, se concluye con preocupación que nuestro modelo de crecimiento económico no genera empleo y el que genera es de mala calidad. Los datos estadísticos hacen un llamado a la responsabilidad de las políticas públicas: el 71% de los nuevos empleos creados entre 2000-2007 corresponde al sector informal. De estos, el 46% está compuesto por peluqueros, motoconcheros, chiriperos, colmaderos y trabajadores domésticas.
    Cuando enfoca la seguridad y asistencia social, el Informe constata el serio déficit de la política social. La seguridad social debe apuntar a políticas universales, basadas en el derecho, y la asistencia social debe disminuir para evitar el uso clientelar que la ha caracterizado hasta ahora, así como mejorar las condicionalidades típicas de estos programas, es decir, aquellos requerimientos que se le ponen a las personas beneficiarias de subsidios monetarios por su situación de pobreza como un modo de enfrentar la problemática de modo más integral, ya que nadie saldrá de la pobreza con un pequeño subsidio mensual.
    4. Un tratamiento adecuado del territorio
    La noción de territorio es clave en nuestros días para comprender muchas dinámicas sociales y acompañarlas con lucidez. El territorio no es meramente el espacio físico de una nación, sino la manera en que se tejen relaciones sociales en el espacio en general, tanto física como simbólicamente.
    Este es el objeto de estudio del capítulo 7, que analiza la situación de los asentamientos humanos. En el territorio dominicano han crecido vertiginosamente las ciudades, pero en desorden, de manera ilegal e informal, sin ningún plan de ordenamiento. La falta de ordenamiento territorial ha traído como consecuencia el deterioro de la calidad de vida de la gente; este deterioro puede aumentar, ya que el proceso de urbanización sigue in crescendo.
    Parte de este ordenamiento territorial tiene que ver con la migración, especialmente con la inmigración. En nuestro caso, el tema delicado es la inmigración haitiana. De esto se ocupa el capítulo 9 del Informe, defendiendo dos puntos centrales: la regularización y el respeto de los derechos humanos. Decíamos más arriba que “territorio” es la manera que se tejen relaciones sociales en el espacio en general, tanto física como simbólicamente. Así, por ejemplo, no se puede tratar a un migrante legal, productor de riqueza por su trabajo, como “invasor”, realimentando odios ancestrales de las élites nacionales. Tampoco se le puede tildar como “carga” o como “pasivo”, como hizo el editorial del Periódico Hoy el 10 de junio pasado, comentando el lanzamiento de este Informe. Lamentablemente, la prensa reproduce un tratamiento del territorio que olvida que para que haya desarrollo humano se deben respetar los derechos. El Informe invita a no poner el acento en cálculos falseados de costo-beneficio, apoyados en una teoría neo-clásica de las migraciones.
    5. Derecho y cohesión social
    Debemos agradecer nuevamente a la gente del PNUD que traigan sobre el tapete puntos centrales de la agenda que nos permitirá ampliar relaciones de justicia en nuestro país. La cohesión social que necesitamos, y cuyo deterioro padecemos por la creciente violencia, no vendrá por mesianismos políticos que refuercen el paternalismo de la cultura popular. Urge en nuestro país que se fortalezca la independencia del poder judicial y que se mejoren las condiciones de acceso de la población al sistema de justicia, como muestra el capítulo 8 del Informe, en el que se estudian los problemas de la justicia y derechos.
    Pasar a un esquema de derechos tiene repercusiones directas sobre la cohesión social en República Dominicana. Como muestra el capítulo 10 a partir de estudios etnográficos de corte cualitativo, la subjetividad de la población dominicana establece fuertes vínculos personales con redes locales, pero muy débiles relaciones de ciudadanía con el Estado. Esta etnografía alerta además sobre el nivel de desencanto de la población en relación al futuro del país, especialmente de los jóvenes.
    En el capítulo final, se explica en qué consiste una política social basada en derechos. De este capítulo, quedémonos con una tarea central: debemos construir una ciudadanía cosmopolita que trabaje contra todo dinamismo creador de brechas y exclusiones entre las personas que compartimos el territorio dominicano. Las brechas y exclusiones llevan a que la violencia y la influencia ocupen el lugar del derecho y el respeto. Para cumplir con entusiasmo esta tarea y salirnos del fatalismo ambiental, debemos persuadirnos interiormente de que la cohesión social que necesitamos no vendrá de un Estado paternalista ni mesiánico: tenemos que cambiar nuestro modo en que nos relacionamos con el Estado. Leyes y reformas tenemos; nos falta voluntad.
    No es lo mismo ni es igual / Pablo Mella. Espacio de acción y reflexión

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