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    Salmos, fuentes de espiritualidad

    Los salmos o salterio son un conjunto de 150 creaciones poéticas o himnos en la Biblia, recopilados a través de generaciones, que sirvieron como cánticos litúrgicos u oraciones del pueblo hebreo y que cristianos usan como devocional y fuente de espiritualidad.
    Estos escritos son reflejos de los testimonios más elocuentes de la fe y la esperanza de los judíos. Manifiestan sentimientos de anhelos, condiciones emocionales y espirituales, acciones de gracias, exaltaciones de la gloria de Dios y a la dignidad humana. En estas inspiraciones literarias hay súplicas en momentos de depresiones, gritos de angustia y desolación, firmeza y confianza en la deidad, arrepentimiento, confesión de pecados, penitencia, modales frente a los adversarios, y condiciones del espíritu de personas, grupos o del pueblo de Israel.
    He aquí algunos de los salmos más conocidos y emblemáticos que pueden ser ponderados a fin de dar aliento al alma, enriquecer la devoción y traer sosiego emocional.
    El Salmo 1 señala el camino del justo y el sendero del pecador. Este es un poema didáctico que da consejo señalando los dos caminos que se toman en la vida para gozar de bienaventuranza y prosperidad, o ir por el sendero de las afecciones que llevan al desastre.
    El Salmo 22 es un grito de angustia y a la vez de alabanza. La primera parte de este himno es un grito de dolor, de angustia e impresión de abandono y desconsolación.
    Es una oración sombría y tenebrosa. (l-22). Comienza con el grito de Jesús el crucificado: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” La segunda porción es como un despertar. Un reencuentro de la seguridad y la confianza.
    El Salmo 23 renombrado como: “El Señor es mi pastor”, es el cántico hebreo mejor conocido y citado en las devociones cristianas. Esta plegaria es del género de expresión de protección y salvación. Después del “Padre Nuestro” (San Mateo 6:9-13; San Lucas 11:2-4), es fuente de inspiración, estímulo de la devoción, bálsamo de los sufrientes, fortaleza de los sensibles, seguridad de los temerosos, reparador de corazones quebrantados, y la esperanza más deseada: la eternidad.
    El Salmo 5l generalmente conocido como: “miserere mei, Deus”, es considerado como la plegaria penitencial por excelencia. Su autoría se atribuye al rey David por su construcción, arrepentimiento, confesión y búsqueda de reconciliación por haber cometido adulterio con Betsabé, y por usar abusivamente su poder para tratar de engañar y tramar la muerte de Urías, el esposo de ella.
    El Salmo 90 es una manifestación de la eternidad de Dios, la fragilidad y la transitoriedad del ser humano. Este himno hace ver que el Creador es eterno, pero los seres humanos vuelven al polvo, porque son: “como hierba, que brota y florece a la mañana, pero a la tarde se marchita y muere”.
    El Salmo 100 es un cántico de alabanza, adoración y acción de gracias. Este poema religioso es una exaltación e invitación para que toda la Tierra aclame al Señor Dios, quien hizo todo lo que existe.
    El Salmo 130. Parece que el autor de esta plegaria la escribió cuando se encontraba en un estado depresivo, espiritualmente débil, descorazonado y hueco.
    El estado depresivo que algunos seres humanos sufren, de vez en cuando, puede acarrear: desde tristeza vaga, melancolía profunda, hasta la contemplación de la auto-destrucción o suicidio.
    A veces nos parece estar en el fondo del abismo de la existencia y vemos nuestra vidas como “estantes vacíos, plantíos sin rocío, desiertos áridos, ríos desecados”, o como huesos secos en una tumba o esparcidos en un valle. El Salmo 130 puede servir para reanimarnos, darnos claridad mental y fortaleza espiritual. Reflexión / Telésforo Isaac

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