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    La Estrategia Nacional de Desarrollo

    La estrategia nacional de desarrollo ante la cultura política dominicana.
    Se está realizando en todo el país una consulta para que una parte representativa de la población dominicana dé su opinión y recomendaciones en vistas a diseñar una “Estrategia Nacional de Desarrollo” (END), que ha de llevarse a cabo de 2010 a 2030. Según el último de los objetivos dados por las autoridades públicas a este instrumento de planificación, el proceso ha de convertirse en “un medio de concertación que compromete al liderazgo político y social a fortalecer las instituciones democráticas para que los cambios que demanda el país se impulsen de manera efectiva, a través de la ejecución de programas de largo plazo, políticas públicas y proyectos específicos que contribuyan a construir el país que toda la Nación desea”. Quisiéramos someter este objetivo a revisión a la luz de las prácticas de la cultura política que prevalece actualmente, dado el entusiasmo que ha generado en la sociedad civil organizada esta valiosa iniciativa gubernamental de la END con el proceso de consulta.
    Para mejor comprensión de lo que está en juego, conviene dar un vistazo al proceso de consulta. La población es consultada, bien por razones temáticas, bien por su presencia destacada en el territorio. Debe de responder a un cuestionario que traduce un documento-base realizado por un amplio y competente equipo técnico del Ministerio de Economía y de CONARE, publicado en noviembre de 2009. Este documento se organiza en torno a una “visión país”, que es una especie de representación ideal de cómo debe ser la República Dominicana en 2030, siguiendo lo que ordena la Ley 498-06 de Planificación e Inversión Pública, que entró en vigencia en enero de 2007. La encuesta ofrece una definición que debe ser aceptada, rechazada o criticada por las personas consultadas. Esta visión-país, que nace a su vez de una encuesta realizada por el citado equipo técnico, dice así: “República Dominicana es un país próspero donde se vive con dignidad, seguridad y paz, con igualdad de oportunidades, en un marco de democracia participativa, ciudadanía responsable e inserción competitiva en la economía global, y que aprovecha sus recursos para desarrollarse de forma innovadora y sostenible”.
    Esta visión-país se desdobla en cuatro ejes estratégicos que organizan los objetivos y metas que se propone alcanzar la END:
    - Eje 1: Un Estado con instituciones eficientes y transparentes, al servicio de una ciudadanía responsable y participativa, que garantiza la seguridad y promueve el desarrollo y la convivencia pacífica
    - Eje 2: Una sociedad cohesionada, con igualdad de oportunidades y bajos niveles de pobreza y desigualdad
    - Eje 3: Una economía articulada, innovadora y ambientalmente sostenible, con una estructura productiva que genera crecimiento alto y sostenido con empleo decente, y se inserta de forma competitiva en la economía global
    - Eje 4: Un manejo sostenible del medioambiente y una adecuada adaptación al cambio climático.

    Estos cuatro ejes se subdividen a su vez en 18 objetivos generales, 51 objetivos específicos y 275 de líneas de acción, que obviamente no cabe mencionar en este espacio. Queremos simplemente desentrañar el tipo de democracia que se oculta en este arduo proceso de consulta a partir de la visión-país, para después evaluar sus posibilidades de implementación en el contexto de nuestra cultura política.

    El esquema de democracia
    La visión-país que se nos presenta a consulta es una suma de modelos de desarrollo contradictorios entre sí. Resulta de una agregación de lo que dijeron la gente y los documentos consultados para el documento-base. En ese sentido, responde a un modelo de democracia, la democracia “liberal”, que está dominada por una visión política de equilibrio entre posiciones siempre en conflicto y da preferencia a una economía de mercado basada en la competencia de los actores económicos, que operan exclusivamente para generar sus propias ganancias. En este sentido, creo que de seguirse ese camino, no se logrará el objetivo democrático mencionado al inicio. En un esquema de competitividad, sobre todo de competitividad global, el acento nunca se pone a largo plazo, sino que se responde estratégicamente a las oportunidades que se tienen en frente para generar ganancias a corto plazo, con racionalidad instrumental, buscando vencer al contrincante en el mercado. Está relacionado con lo que en economía capitalista se conoce como “teoría marginalista” del valor. Este esquema nunca será promotor de convivencia pacífica (eje 1), de cohesión social (eje 2), de empleo decente (eje 3) o de manejo sostenible al medioambiente (eje 4).
    Pero la END se ve comprometida más aún con el predominio de la cultura política que nos domina. Ya el Presidente Fernández y sus acólitos están en plena campaña reeleccionista, burlando el mismo esfuerzo que ellos hicieron para reformar la Constitución dominicana. El ejemplo más claro fue la repartición de gorras y el coro de eslóganes aduladores que aparecieron en escena en el acto de inauguración del puente-elevado de la Kennedy, el 12 de agosto pasado. La END se ve seriamente comprometida por la falta de legitimidad que construye el sujeto político que la está promoviendo, que sería el sujeto llamado a llevar el liderazgo del proceso, como indica el eje 1. El gobierno actual, con sus prácticas clientelares, con su apoyo a funcionarios conocidos como corruptos para cargos legislativos y con su negativa a rendir cuentas en los gastos faraónicos en que incurre, está cavando la propia fosa de la END que promueve y que la sociedad civil, en términos generales, ve como buenos ojos y está participando en ella.
    Así llegamos a un último punto, que también señala el eje 1. La END no podrá realizarse sin una ciudadanía responsable y participativa. ¿Cómo lograr esa ciudadanía, si se profundiza la cultura clientelista, por un lado, y el mismo movimiento social no consigue articular adecuadamente la ciudadanía? Frente a la democracia liberal, meramente agregativa, necesitamos una “democracia crítica”, es decir, una democracia caracterizada por un tejido ciudadano que resiste con eficacia a los lados oscuros de los poderes políticos y empresariales, pero que también es capaz de generar propuestas prácticas y meterlas en la agenda nacional para que esos poderes se acerquen de manera menos paternalista y autoritaria a los grandes sectores populares. De lo contrario, la sociedad civil organizada sólo servirá para poner un sello gomígrafo al proyecto de nación excluyente, violento y clientelista que tenemos actualmente.

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