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    El Pan en la Biblia

    El pan en la literatura bíblica y en nuestros días.   
    La palabra hebrea lehem puede ser traducida como “pan”, “cereal”, “alimento sólido”, “alimento principal”. Procede de la raíz verbal lhm “comer”, “estar a la mesa”. La palabra lehem ocurre alrededor de 300 veces en el Primero Testamento. Esto significa que es un asunto esencial. Los granos más importantes usados para la elaboración del pan son el trigo y la cebada. El pan era la comida base y principal para los/as pobres (Ex 23,25; 2Rs 6,22; Job 22,7; Ez 12,18). Entre los ricos era usado como acompañamiento en los banquetes. Todavía así, el pan era distinto según es extracto social: los pobres comían el pan hecho a base de harina de cebada; y los ricos a base de trigo. El pan de trigo era alimento de lujo. En el judaísmo, la refección comenzaba con la bendición del pan, acción hecha por el representante de la familia. Aunque no faltasen panaderos de profesión (Jr 37,21), en lo cotidiano, el pan era hecho por mujeres y esclavos. En visitas inesperadas o en situaciones donde se disponía de poco tiempo (Gn 19,3; Rt 2,14), el pan era asado sin levadura. Con este tipo de masa también se preparaba el pan para llevar en los viajes, porque garantía mejor conservación (1Sm 17,17; Ex 12,8). Según la tradición, los israelitas, antes de escapar de Egipto, prepararon, a la prisa, panes sin fermento (Ex 12,8). El acto quedará como un memorial sagrado en el pueblo de Dios (Ex 12,14-20), conmemorado año tras año, después de la liberación. Quiere decir que el pan, también va a recibir un sentido cultual (Ex 25,30; 35,13; 39,36). En este aspecto, la cultura veterotestamentaria diferenciará “el pan sagrado” del “pan común” (Ex 40,23). A fin de cuentas, el pan tenía su espacio entre las ofrendas presentadas en el santuario. Y éste era producido a partir de las primicias cultivadas (Lv 23,17; 2Rs 4,42). En el segundo templo, la preparación de las ofrendas de pan era una tarea asumida por los levitas (1Cr 23,29). Para hablar de pan, el griego utiliza la palabra ártos. Se habla del Pan del Reino, que es el banquete mesiánico (Lc 14,15). En el Padre Nuestro (Mt 6,9-13) Jesús enseña a pedir por el pan de “cada día”. Este es uno de los derechos fundamentales para garantir la vida humana (Eclo 29,21). Lo primero que una persona necesita es comer. Después, las otras cosas se concretizan. Pero, llama la atención un detalle: se trata del pan de “cada día”, no de “cada mes”. Puedo interpretar que Jesús invita a la solidaridad. La solidaridad se contrapone al acumulo de alimento. El pan que sobra en una mesa hace falta en el estómago de los/as empobrecidos/as. En otro aspecto, Jesús también es presentado como el pan verdadero (Jn 6,32). Él es el único pan donde se consolida la unidad de los/as cristianos/as (1Cr 10,17). El pan es un regalo de Dios (Sl 104,14-15). El propio Dios instruye al ser humano en el arte de la agricultura (Is 28,24-29). Existe un principio circulante en esta bella teología. Puedo analizar la palabra “pan” como un concepto a ser estudiado en medio a las hambres de los pobres, provocada por los contextos de explotación y dominación. La eucaristía, en principio, debería ser “pan para comer”. Porque comiendo y celebrando las personas se transforman y se convierten. Sugiero una cuestión para reflexionar: piense en usted como un pan. Sabiendo que antes de serlo habría pasado por una serie de procesos metódicos: desde el cultivo en el campo hasta el horno de quien prepara el alimento. Usted se prepara para donarse y generar vida. Siga pensándose pan. Pero recuerde que hoy, como ayer, existe pan destinado a los ricos y otro tipo de pan destinado a los pobres; no porque el pobre no sepa gustar lo sabroso, sino porque los recursos económicos lo obligan a comprar el pan mayor y más barato. Esa es la lógica de las personas de precarios recursos que necesitan dividir el alimento. Y con estas pinceladas: ¿qué tipo de pan le gustaría ser? ¿Sería posible modelar un pan sabroso, al cual los pobres tengan acceso? Rincón de la Palabra / Ángela Cabrera, op.

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    AMIGO DEL HOGAR N. 817 NOVIEMBRE 2017

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