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    La Misericordia en la Misa

    Espiritualidad Litúrgica | Roberto Núñez, msc.  

    La misericordia en las oraciones de la misa  
    «Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre… Siempre tenemos necesidad de contemplar el misterio de la misericordia. Es fuente de alegría, de serenidad y de paz. Es condición para nuestra salvación» (MV 1.2).

    Con la llegada del Adviento iniciamos el nuevo Año Litúrgico, el Ciclo C. Y este año tiene una característica especial, es el Año de la Misericordia. El papa Francisco, al dedicar este año a la misericordia, nos recuerda que “de un modo mucho más intenso estamos llamados a tener la mirada fija en la misericordia para poder ser también nosotros mismos signo eficaz del obrar del Padre”.
    A quienes siguen esta sección de Espiritualidad litúrgica, les pido permiso para hacer un paréntesis en la temática del lenguaje no verbal en la liturgia iniciado en las dos entregas anteriores. Como el inicio de este Año Santo es un acontecimiento muy importante para la Iglesia, les propongo que nos centremos en este número en cómo las oraciones de la misa presentan la misericordia de Dios Padre.
    No hace falta una mirada exhaustiva para darnos cuenta cómo se refleja en las oraciones de la misa el tema de la misericordia. Por la brevedad de este espacio me voy a limitar a una oración, la primea oración de la misa, conocida como Oración Colecta.
    Con frecuencia la colecta inicia así: “Dios todopoderoso…”. Muchos sacerdotes le temen a esta expresión y recurren a otros términos, dejando de lado así toda la riqueza que encierra. La realidad es que si profundizamos un poquito, descubrimos con rapidez, que el sentido litúrgico de “todopoderoso” va mucho más allá de una simple idea política. La Bula “Misericordiae vultus” con la que el Papa convoca al Año de la Misericordia, va a ser de gran ayuda en este sentido.
    Dice Francisco: «Es propio de Dios usar misericordia y especialmente en esto se manifiesta su omnipotencia». Las palabras de santo Tomás de Aquino muestran cuánto la misericordia divina no sea en absoluto un signo de debilidad, sino más bien la cualidad de la omnipotencia de Dios. Es por esto que la liturgia, en una de las colectas más antiguas, invita a orar diciendo: “Oh Dios que revelas tu omnipotencia sobre todo en la misericordia y el perdón”. Dios será siempre para la humanidad como Aquel que está presente, cercano, providente, santo y misericordioso…» (MV 6).
    Para ilustrar y como ejemplo les propongo aquí cuatro colectas utilizadas a lo largo del Año Litúrgico, en las que expresamos nuestra súplica a Dios:
    -          2º Domingo de Adviento: «Señor todopoderoso, rico en misericordia, cuando salimos animosos al encuentro de tu Hijo, no permitas que lo impidan los afanes de este mundo; guíanos hasta él con sabiduría divina para que podamos participar plenamente de su vida».
    -          3º de Cuaresma: «Señor, Padre de misericordia y origen de todo bien, que aceptas el ayuno, la oración y la limosna como remedio de nuestros pecados, mira con amor a tu pueblo penitente y restaura con tu misericordia a los que estamos hundidos por el peso de las culpas».
    -          2º de Pascua: «Dios de misericordia infinita, que reanimas la fe de tu pueblo con el retorno anual de las fiestas pascuales, acrecienta en nosotros los dones de tu gracia, para que comprendamos mejor la inestimable riqueza del bautismo que nos ha purificado, del espíritu que nos ha hecho renacer y de la sangre que nos ha redimido».
    -          Domingo 27 del Tiempo Ordinario B: «Oh Dios, que manifiestas especialmente tu poder con el perdón y la misericordia, derrama sobre nosotros tu gracia, para que, deseando lo que nos prometes, consigamos los bienes del cielo».
    Como se puede notar en esta pequeña muestra, las oraciones de nuestra celebración eucarística permanentemente nos están invitando a acercarnos al Padre, de manera especial desde su Hijo, expresión de su rostro misericordioso. Adh 796

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    AMIGO DEL HOGAR N. 817 NOVIEMBRE 2017

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