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    Dios nos elige, nos llama y nos envia

      Vocacionales | P. Osiris Núñez, msc


    Dios nos elige, nos llama y nos envía…
    Toda vocación empieza por ser una elección de Dios y toda elección de Dios es siempre una gracia. Esta experiencia de sentirse elegido por Dios desde siempre se hace patente en Jeremías: “Antes de formarte en el vientre te conocí; antes de que salieras del seño te consagré”. La elección es eterna en la mente de Dios. Y es Dios quien nos elige. Al contrario que el caso de una profesión, que nosotros elegimos por algún gusto o interés personal, en el caso de la vocación es Dios quien nos elige a nosotros. Nos queda, sin embargo, el aceptar o rechazar esa elección.

    La elección es una gracia, un don de Dios para el elegido, y en él, para todo el pueblo. En cada persona que experimenta la elección de Dios, él nos manifiesta su amor y su predilección. Lo expresa maravillosamente el relato  vocacional de María: el ángel la saluda precisamente con esta palabra: “Alégrate llena de gracia” (Lc 1,28). Esta experiencia es un misterio.  A menudo los elegidos se preguntan ¿Por qué a mí y no a otro?  La explicación es que Dios es libre y que, con su liberad,  hace aquello que es mejor para nosotros. Lo hace porque él quiere. Muchas veces esta elección de Dios recae sobre los humildes y sencillos, sobre aquellos que aparentemente no tienen cualidades. Esta es la experiencia de Moisés que es tartamudo, Jeremías un niño, María pobre y humilde, Pablo perseguidor de cristianos.

    La elección capacita para la misión. Pero esta elección de Dios no significa que él nos exija algo que seremos incapaces de realizar. La elección no recae sobre esta o aquella persona porque tenga más cualidades o porque sea mejor que las demás. Dios estará con el elegido para llevar adelante la misión encomendada.
    Cuando esa elección de Dios se hace palabra, se llega al gran momento de toda vocación: la llamada. Dios llama a través de su palabra. La misma palabra de Dios es ya una llamada en el sentido en que busca suscitar en nosotros una respuesta. Dios llama por el nombre. Cuando Dios llama  por el nombre se refiere a la totalidad de la persona: lo que es en sí y las circunstancias que le rodean. En las circunstancias concretas. Esta  llamada de Dios no nos separa de la realidad que vivimos, sino que justamente es en orden a transformarla. De ahí que las llamadas de Dios en la Biblia sucedan en el quehacer cotidiano de las personas: Moisés, pastoreando (Ex 3,1); Pedro y Andrés, echando la red (Mt 4,18).
    Esta llamada vocacional se puede hacer realidad o descubrir a través de mediaciones: acontecimientos, personas, experiencias… A pesar de las objeciones, Dios mantiene su llamada. Una objeción es algo típico, pues muchas veces no comprendemos el sentido de la llamada y al mismo tiempo podemos sentirnos incapacitados para dar la respuesta. Esa respuesta que es necesaria para que el llamado se haga realidad. Hasta ahora escuchábamos a Dios, pero ahora es necesario escuchar mi palabra: que digo yo ante el llamado que Dios me hace? Por ejemplo, Moisés: “Aquí estoy”; María: “Aquí está la esclava del Señor, hágase en mi según tu voluntad” (Lc 1,38).

    El sentido profundo de toda vocación viene dado por la misión; es la que, en definitiva, fundamenta la llamada. Dios no llama por llamar, llama por algo. Así lo podemos constatar en los relatos vocacionales bíblicos: Dios siempre llama para realizar algo a favor de los más necesitados de nuestra sociedad.
    Somos Misioneros de Sagrado Corazón. Y Dios nos ha elegido, nos ha llamado, nos ha enviado a dar a conocer su Amor al mundo ¿Te gustaría  conocernos? Comunícate con nosotros. Llama al P. Osiris Núñez, msc al Tel: 809-736-1398 o 809-736-0010, a su Cel: 809-924-8631. Escríbenos al Correo: osirismsc@hotmail.com. ADH 799.
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