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    En la Apertura del Jubileo

    Actualidad mundial | Ramón Arturo Guerrero. 

    Apertura del Jubileo de la Misericordia y recorrido por Europa  
    El autor de esta sección de Amigo del Hogar estuvo en la Plaza de San Pedro el martes 8 de diciembre pasado durante la apertura de la Puerta Santa, acto con el cual el Papa Francisco dio inicio al Jubileo Extraordinario de la Misericordia, que se extenderá hasta el domingo 20 de noviembre de 2016.

    Multitud desafía Roma blindada
    Partí de Santo Domingo el jueves 3 de diciembre con destino a Nueva York donde, al día siguiente, abordé un avión de Iberia para un vuelo trasatlántico a Madrid, España. Pase dos días en la capital española, inmersa como todo aquel país en la campaña electoral y la fiebre del sorteo de Navidad de la Lotería Nacional (Elecciones el 20 y lotería el 22). El lunes volé a Roma-Fiumicino, donde me instalé luego de pasear por el centro de la ciudad.
    Pensando que habría mucha gente dirigiéndose a la Plaza de San Pedro me encaminé temprano en la mañana hacia allí, en el metro. Sin embargo, me encontré con que la Plaza no estaba llena a capacidad como podría esperarse, pese al clima agradable, para un evento de la magnitud de la apertura del Jubileo Extraordinario, que usualmente congregaría a miles de católicos del mundo entero. De todos modos, ya a media mañana la plaza estaba casi llena, unas 50 mil personas congregadas, según los estimados. Todo transcurría normalmente, hasta que por fin el Papa se encaminó a abrir la Puerta Santa, situada dentro de la basílica. La multitud observaba en las pantallas estratégicamente colocadas en la plaza. Luego de que Francisco empujara el enorme portón, ¿Quién estaba allí para recibirlo? El Papa Emérito Benedicto XVI, antítesis de Francisco en términos de popularidad y enfoque pastoral y doctrinal. La multitud estalló en aplausos y aclamaciones.

    El Papa Francisco como celebridad
    El miércoles 9 estuve en la audiencia general del Papa que, esta vez, tuvo lugar al aire libre y congregó a unas 6-8 mil personas. Me llamó la atención la interacción entre el Papa y la multitud. Francisco tiene un dominio de la psicología de masas y su equipo lo secunda. Recorrió la plaza metódicamente, mientras las cámaras de la TV vaticana lo seguían y proyectaban en las pantallas. Se detenía a saludar a determinadas personas con características de interés mediático. La multitud estaba en estado emotivo; la gente aclamaba a Francisco a su paso, había muchos jóvenes de todas partes del mundo, destacaban sudamericanos, orientales, europeos y filipinos. Yo estaba como a tres metros del papamóvil cuando pasó enfrente de mí y pude notar que irradiaba energía, pese a estar a punto de cumplir 79 años.
    Como Francisco no es bueno para los idiomas, solo acostumbra hablar en italiano o español, y le traducen. Ese día distintos prelados que le ayudaban tradujeron sus mensajes para grupos de habla inglesa, española, francesa, portuguesa, alemana, china, coreana, árabe, holandesa, hasta donde pude captar.

    Roma: inmenso museo
    Roma es la ciudad con la mayor concentración de bienes históricos y arquitectónicos del mundo. Su centro histórico, delimitado por las murallas aurelianas, superposición de tres mil años de antigüedad, contiene el patrimonio histórico, artístico y cultural del occidente europeo. Fue incluida en la lista del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco en 1980, junto a las propiedades extraterritoriales de la Santa Sede que se encuentran en la ciudad y la Basílica de San Pablo Extramuros.
    Es poco lo que puede uno ver en tres días, así que me limité, además del Vaticano, a conocer algunas avenidas como la Vía Apia Antica, Via dei Condotti,Via Veneto, Via Alessandrina, Via della Conciliazione, Via del Corso; el Antico Caffè Greco;el Coliseo, el Foro Romano, el arco de Constantino, la estación central de trenes Termini, Fontana di Trevi, Plaza España, Santa María la Mayor, la Basílica de María Auxiliadora y la casa de los salesianos; el monumento nacional a Víctor Manuel II; los célebres estudios Cinecitta, el rio Tíber en distintos tramos; el Castillo de Sant’Angelo o Castel  SantAngelo, también conocido como Mausoleo de Adriano o Mole Adrianorum.

    Venecia y Trieste: historia congelada
    Tras mi estadía en Roma salí para Ravenna (norte) en tren de alta velocidad. Llegué a Lugo donde me recogió una pariente para llevarme a su casa en Lavezzola, a 16 kilómetros. Industria y agricultura son las actividades principales de la región.
    De Ravenna pasé a Venecia, con escala en Ferrara. Dicen que Roma es eterna, pero no más que Venecia. Los canales datan de antes del Renacimiento. Muchos de los palacios y mansiones tienen varios siglos. La ciudad está construida sobre un archipiélago de 118 pequeñas islas unidas entre sí por 455 puentes, si se incluyen las islas de Murano y Burano. Se llega a Venecia desde tierra firme por el Puente de la Libertad, que desde la vecina ciudad de Mestre accede al Piazzale Roma. En el interior de la ciudad no hay tráfico rodado, siendo, a excepción de la navegación por los canales que separan a las islas, una ciudad totalmente peatonal. El transporte colectivo se realiza mediante embarcaciones transbordadoras conocidas como vaporettos.

    Europa, con rumbo noreste
    De Trieste salí hacia los países del centro-este de Europa. Llegué en autobús a Liubliana, capital de Eslovenia, una de las cinco republicas que integraron la antigua Yugoslavia. Preciosa ciudad, gente educada y amable.
    De Liubliana viajé en tren a Viena, la antigua capital del imperio austro-húngaro, ciudad de Sigmund Freud y numerosos artistas, escritores, músicos. La cultura rebosa, todo el tiempo hay operas, teatro, conciertos, se ve a la gente leyendo libros y periódicos en los tranvías.
    De Viena pasé, siempre en tren, a Praga, capital de la República Checa (Česká o Chequia), que antes fuera capital del Reino de Bohemia y de Checoslovaquia. Tras la partición pacifica de Checoslovaquia en 1993 pasó a ser la capital de la República Checa. Desde 1992 el casco histórico de la ciudad es Patrimonio de la Humanidad. Su belleza y patrimonio histórico la convierten en una de las 20 ciudades más visitadas del mundo.

    Cambio de rumbo a noroeste-suroeste
    De Praga seguí con rumbo norte, a Berlín, la capital alemana. Fundada en 1237 como Cölln, Berlín fue sucesivamente capital del Reino de Prusia (1701-1918), de la República de Weimar (1919–1933) y del Tercer Reich (1933–1945). Berlín es una ciudad mundial y un centro cultural y artístico de primer nivel. Es una de las ciudades más influyentes de la Unión Europea y en 2006 fue elegida Ciudad Creativa por la Unesco. Pude ver monumentos como la Puerta de Brandeburgo, el Reichstag, restos del Muro de Berlín, la isla de los museos, entre otros.
    En Berlín cambié de rumbo y me encaminé al oeste (seis horas en tren) directamente hacia el Mar del Norte, a Ámsterdam, capital de Holanda. Conocida coloquialmente como la Venecia del Norte, por sus numerosos canales, es la ciudad más grande de los Países Bajos y un gran centro financiero y cultural de proyección internacional. Fue fundada en el siglo XII como un pequeño pueblo pesquero.
    Luego tomé rumbo sur (siempre en tren) y llegué a Bruselas, capital del reino de Bélgica y principal sede administrativa de la Unión Europea. La historiografía tradicional fecha la fundación de Bruselas en 979, lo que no se ha corroborado.
    El último tramo de mi recorrido fue Francia. Arribé a su capital, Paris, una de las ciudades más importantes del mundo, donde permanecí tres días. De París viajé en avión a Madrid para, finalmente, tomar mi vuelo de vuelta a Nueva York, donde permanecí nueve días hasta completar el viaje de 31 días con el regreso a mi hogar en Santo Domingo. ADH 798.

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