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    Las Obras de Misericordia

    Rincón de la Palabra | Hna. Ángela Cabrera.  

    Las obras de misericordia
      

    La historia de las obras de misericordia presenta el cristianismo como su principal motor. La Iglesia nombra 14 obras de misericordia. Siete de ellas corporales, y otras siete espirituales. El texto bíblico, por excelencia, donde se sustentan seis de las siete obras corporales es Mateo 25,31-46. A quienes llevaron a cabo estas obras el evangelista llama “justos”. Jesús asegura que, cuando hicieron este obrar con alguno de los más pequeños de sus hermanos, lo hicieron con él mismo (Mt 25,40).
    Es interesante percatarse de que, los misericordiosos (Mt 25), al obrar de esa manera, no sabían que lo hacían a Jesús. Se da a entender que no se pretende utilizar a los demás, que pasan necesidades, como simple instrumento para la propia santificación o como puente para un fin piadoso. Se trata del don desprendido y olvidado de sí, que hace descender la misericordia de Dios entre nosotros. Estas obras corporales son:
    1. Dar de comer al hambriento.
    2. Dar de beber al sediento.
    3. Acoger al forastero.
    4. Vestir al desnudo.
    5. Asistir a los enfermos.
    6. Visitar a los presos.
    7. Enterrar a los muertos.


    La Iglesia primitiva amplió las seis obras que Jesús enumera, y le suma la séptima, enterrar a los muertos, atestiguada en el libro de Tobías 1,17; 12,12. Tomás de Aquino justifica esta incorporación con testimonios, recordando, por ejemplo, que Tobías y los discípulos enterraron a Jesús en el sepulcro.
    Las siete obras espirituales surgieron, desde los primeros años del cristianismo, de la interpretación espiritual de las obras corporales. Ellas son:
    1. Dar consejo al que lo necesita.
    2. Enseñar al que no sabe.
    3. Corregir al que yerra.
    4. Consolar al triste.
    5. Perdonar las ofensas.
    6. Soportar con paciencia a las personas molestas.
    7. Rogar a Dios por los vivos y por los difuntos.

    Estas obras se desarrollan con la patrística, especialmente a partir de Orígenes (185-124 d.C). La interpretación espiritual de la Escritura vio las obras de misericordia como imágenes de nuestra relación con Jesucristo. En este aspecto, no solo hemos de acoger al hermano en nuestra casa, sino también dejar entrar a Cristo en la casa de nuestra alma.
    Esta tradición es prolongada por San Agustín (354-430 d.C.). Comenta las seis obras prescritas en Mateo 25, confirmando el paralelismo entre las dos formas de obras de misericordia. Las obras espirituales se refieren a la dimensión espiritual-anímica del ser humano. En las palabras de san Juan Crisóstomo (407) se considera: … también hay pobres espirituales.
    Con Santo Tomás de Aquino (1274) se consolida teológicamente la doble lista. Posteriormente, al paso de los años, cayeron al olvido, siendo retomadas especialmente en la época moderna, institucionalizándose en obras de asistencia social.
    Las siete obras de misericordia espirituales pueden agruparse en tres bloques, tres iniciales, de vigilancia, que enseñan a salir fuera de nosotros; tres obras giran en torno a la reconciliación y, finalmente, una obra de síntesis: rogar a Dios por los vivos y los muertos.

    Para reflexionar
    Alguien dijo que, en la perspectiva cristina estamos llamados a este orden de prioridad ante las necesidades: siete veces el otro, ocupando la primacía. El octavo lugar, lo ocuparía uno mismo.
    • ¿Cómo hacer vida esta propuesta frente a los anti/valores de nuestros días?

    __________________________________________________

    Card. Christoph Schonborn, Hemos encontrado misericordia, 123.
    Summa theologiae II-II, q.32, a.2 ad 1, en Consejo Pontificio, Las obras de misericordia, 23.
    Anselm Grun, Entrañas de misericordia: caminos para transformar el mundo, Santander, Sal Terrae, 2009, 13.
    Card. Christoph Schonborn, Hemos encontrado misericordia, 147.

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