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    La búsqueda de la Felicidad

    Para Vivir Mejor | Dra. Miguelina Justo 

    La Búsqueda de la Felicidad  


    La búsqueda de la felicidad está consignada como un derecho inalienable en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América, al igual que el derecho a la vida y a la libertad. Hollywood se encargó, mejor que cualquier profesor de historia universal, de que muchos se enteraran. Lo hizo como bien sabe, a través de una película: En busca de la felicidad, protagonizada por Will Smith y su hijo, Jaden. La cinta, basada en hechos reales, relata la lucha de Chris Gardner por reencausar su vida laboral, mientras cuida a su hijo en condiciones precarias. La crítica especializada aclamó la película distinguiéndola con nominaciones y otorgándole premios. Años después, este éxito taquillero sigue presente. A través de las redes sociales se reproducen escenas conmovedoras y frases que buscan inspirar y animar.
    La industria del cine logró su objetivo, la venta de una idea: Es nuestro derecho buscar la felicidad. Sin embargo, algo que resultó evidente para los primeros padres de los EE. UU. puede que sea solo un absurdo. Buscamos aquello que se ha extraviado, pero, ¿realmente hemos perdido la felicidad? ¿Dónde la hallaremos, entonces? “La búsqueda de la felicidad” nos dirige al futuro. Se desprende la idea de que la felicidad es algo que se encuentra más allá. La felicidad no se encuentra ni aquí, no es ahora. Hay que salir, moverse. Lo que vivimos en el momento actual debe cambiar. Algo no está bien. La felicidad se encuentra condicionada a la lógica del “sí y solo sí” o del “sí, entonces”.
    Al observar la sociedad, será fácil constatar que nuestro intelecto ha creado un sinnúmero de productos avocados a disminuir el sufrimiento y a potenciar el placer. Millones de dólares son invertidos a diario en la compra de bienes y experiencias que nos prometen felicidad. El derecho a la felicidad tal parece que se ejerce y se traduce en nuestra capacidad de compra de artículos y experiencias. La felicidad es un lujo y como tal, tiene un precio. ¿Acaso no busca la felicidad aquel que inyecta sus venas con algún fármaco o arriesga su vida intentando vencer el tiempo? ¿Y aquel que esteriliza la naturaleza en nombre de un próspero negocio, acaso no busca felicidad? ¿O quien acumula objetos triviales y hermosos?
    La ciencia nos ha permitido avanzar extraordinariamente. Enfermedades que antes eliminaban poblaciones enteras, hoy son doblegadas por unas gotitas milagrosas. Distancias enormes, hoy son atravesadas con un clic. Nunca hemos estado más ni mejor comunicados. Edificaciones nos resguardan del frío, la lluvia y el viento. ¿Cuál ha sido el precio de este “progreso”?: otras enfermedades, otras distancias, otras formas de soledad y de intemperie.
    No se puede hacer nada para adquirir la felicidad, porque no se puede adquirir aquello que ya se tiene. No hay nada que adquirir, sino mucho por descartar: falsas ilusiones, ambiciones, deseos…
    Hemos recorrido un largo camino, nos hemos esforzado, hemos trabajado con ahínco. ¿Dónde está nuestra felicidad, nuestro premio? Víctor Frankl, en el año 1963, ilustró bellamente esta paradoja al afirmar que “una intención obligada hace imposible obtener lo que uno desea a la fuerza” (p. 125). El joven tartamudo se angustia por el deseo de hablar con fluidez, y se frustra al ver como el miedo hace jirones las palabras en su boca. La madre abnegada inutiliza al hijo ahogándolo y aniquilándolo en nombre del amor. Detrás de cada intento por alcanzar la felicidad surge inexorablemente el miedo, como el desecho industrial de nuestro empeño. Primero, el temor de nunca alcanzar lo que se quiere. Luego, el miedo a perder lo que se tiene.
    Nos conviene cuestionar nuestra definición de felicidad y los condicionantes que utilizamos para intentar aprisionarla. La búsqueda de la felicidad nos ha esclavizado. Tal parece que lejos de ser un derecho es una condena.
    ¿Y si nos atreviéramos a dejar de buscar? ¿Si nos detuviéramos? ¿Si aceptáramos nuestros dolores y sufrimientos, nuestras cruces, tal como diría el Maestro? Me gusta pensar que, ahí, así, donde estamos, donde vivimos, como somos, con lo que tenemos o no, será entonces la felicidad la que nos encuentre. ADH 807.

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    AMIGO DEL HOGAR N. 817 NOVIEMBRE 2017

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