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    Las claves de la Carta Misericordia y Pobreza

    Documentos | Carta del papa Francisco  

    Las claves de la carta apostólica  
    MISERICORDIA Y POBREZA



    ¿Se acaba del Jubileo de la Misericordia?
    El Jubileo como tal sí. Pero en estos días, el Papa y muchos obispos están insistiendo en que la misericordia como actitud, camino y guía no se puede abandonar.
    “La misericordia no puede ser un paréntesis en la vida de la Iglesia, sino que constituye su misma existencia (…). Todo se revela en la misericordia; todo se resuelve en el amor misericordioso del Padre” (n. 1).
    “Ahora, concluido este Jubileo, es tiempo de mirar hacia adelante y de comprender cómo seguir viviendo con fidelidad, alegría y entusiasmo, la riqueza de la misericordia divina” (n. 5).
    “Termina el Jubileo y se cierra la Puerta Santa. Pero la puerta de la misericordia de nuestro corazón permanece siempre abierta, de par en par” (n. 16).
    De dónde viene el título de la carta
    Misericordia et misera son las palabras que usa san Agustín para comentar el encuentro entre Jesús y la adúltera, según el Evangelio de Juan 8,1-11. “No podía encontrar una expresión más bella y coherente que esta –dice el Papa– para hacer comprender el misterio del amor de Dios cuando viene al encuentro del pecador: ‘Quedaron solo ellos dos: la miseria y la misericordia’. Cuánta piedad y justicia divina hay en este episodio”.
    ¿Y la ley? Primero el amor…
    “Una mujer y Jesús se encuentran. Ella, adúltera y, según la Ley, juzgada merecedora de la lapidación; él, que con su predicación y el don total de sí mismo, que lo llevará hasta la cruz, ha devuelto la ley mosaica a su genuino propósito originario. En el centro no aparece la ley y la justicia legal, sino el amor de Dios que sabe leer el corazón de cada persona, para comprender su deseo más recóndito, y que debe tener el primado sobre todo” (n. 1).
    “A quien quería juzgarla y condenarla a muerte, Jesús responde con un silencio prolongado, que ayuda a que la voz de Dios resuene en las conciencias, tanto de la mujer como de sus acusadores” (n. 1).
    “Quedarse solamente en la ley equivale a banalizar la fe y la misericordia divina. (…) Incluso en los casos más complejos, en los que se siente la tentación de hacer prevalecer una justicia que deriva sólo de las normas, se debe creer en la fuerza que brota de la gracia divina” (n. 11).
    … el perdón…
    “El perdón es el signo más visible del amor del Padre, que Jesús ha querido revelar a lo largo de toda su vida. No existe página del Evangelio que pueda ser sustraída a este imperativo del amor que llega hasta el perdón” (n. 2).
    “No existe ley ni precepto que pueda impedir a Dios volver a abrazar al hijo que regresa a él reconociendo que se ha equivocado, pero decidido a recomenzar desde el principio” (n. 11).
    … la alegría
    “Cuánta alegría ha brotado en el corazón de estas dos mujeres, la adúltera y la pecadora. El perdón ha hecho que se sintieran al fin más libres y felices que nunca. (…) La misericordia suscita alegría porque el corazón se abre a la esperanza de una vida nueva (n. 3).
    “Experimentar la misericordia produce alegría. No permitamos que las aflicciones y preocupaciones nos la quiten; que permanezca bien arraigada en nuestro corazón y nos ayude a mirar siempre con serenidad la vida cotidiana” (n. 3).
    Siete recomendaciones:
    “Recomiendo mucho la preparación de la homilía y el cuidado de la predicación. Ella será tanto más

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