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    Dar la mano a otro para caminar

    Apuntes Misioneros | Pedro Ruquoy, cicm  

      


    Dar la mano a otro para caminar

    Poco a poco, nuestro monito "Gaby" está acostumbrándose a nuestro medio ambiente. Se hizo amigo de uno de nuestros perritos y pasa horas jugando con él. De vez en cuando, se da una vuelta en el barrio de los maestros y aprovecha para robarse unos cuantos huevos en la casa de la maestra responsable de la disciplina. Pero su lugar privilegiado es la parte del orfanato reservada a las muchachas. La presencia de ese animalito en ese sitio y su forma de comportarse provocan una serie de discusiones entre los miembros de nuestra gran familia. Para Junior. el mono es muy estúpido porque siempre se interesa en las muchachas. A esta consideración, Ernesto reacciona y afirma que es imprescindible buscar una monita para Gaby.

    Unos minutos más tarde, entro en la habitación vecina a la mía y allí encuentro a Lungu sentado en su cama, remendando unos pantalones: "Lungu, ¿qué piensas del comportamiento de nuestro mono? Para mí, está claro, que todos nosotros, los seres humanos, descendemos del mono." le digo con convicción. Lungu me mira en los ojos y declara: "Yo lo siento mucho Ba Pierre (Pedro). Pero yo no vengo del mono." "Ah no! - le respondo- y ¿de dónde provienes?" La respuesta es directa y corta: "¡De Adam y Eva!". Allí se queda la conversación y pienso que yo tengo todavía mucho trabajo que hacer para ayudar a la gente a entender que la biblia no es un libro de ciencia en oposición con la teoría de la evolución de Darwin y que las historias del libro de Génesis no nos dicen nada sobre las orígenes científicas de la humanidad sino sobre Dios quien es la fuente de la vida y el padre de la humanidad.

    Un poco después. en nuestro comedor, me encuentro con un grupito de muchachos y muchachas y les pregunto cuál es la diferencia entre los monos y nosotros los humanos. Muchas respuestas salen de su boca: "Los monos tienen pelo sobre todo el cuerpo y los humanos no tienen, los monos tienen una cola larga y nosotros no, los humanos se ponen derecho y caminan sobre sus dos pies mientras los monos necesitan sus cuatro miembros para moverse…. " Mientras hablan, en el patio dos escenas más o menos similares llaman mi atención:

    Primero, nuestra pequeña Natasha, con su sonrisa de siempre llega con Laston quien acaba de cumplir un año y medio. Hace poco tiempo que el bebe logra ponerse de pie y necesita a alguien para ayudarle en sus caminatas. Así Natahasha Lo agarra de la manita para evitar que se caiga y ambos caminan mano en la mano hasta nuestro comedor. Cinco minutos más tarde, llegan Patfrey un muchachito de 11 años y nuestro abuelo Benny quien tiene casi 90 años de edad. Ba Benny está casi ciego y sus piernas le duelen mucho. El necesita la mano de alguien para caminar. Tres veces al día, uno de los muchachos lleva de la mano al anciano para ayudarle a llegar a donde él necesita ir.

    Frente a esta espectáculo, me viene una respuesta a la pregunta lanzada a los muchachos sobre los monos y los humanos: "Saben algo; una de las grandes diferencias entre nosotros y los monos es que nosotros, en varios momentos importantes de nuestra vida, necesitamos dar la mano a otro u a otra para caminar. Nunca se ha visto a un mono dando la mano a otro mono." Todos los muchachos y muchachas hacen una señal de la cabeza para expresar que están de acuerdo conmigo.

    Entonces pensé en la última fiesta que celebramos en Bélgica el 23 de octubre pasado. el 45 aniversario de mis votos religiosos. Dos semanas antes, yo había tenido que viajar a mi país de origen para ver a varios médicos y realizar controles con el fin de determinar la evolución de mi estado de salud con la enfermedad de Parkinson y la última intervención quirúrgica. La víspera de mi regreso a África, el domingo de la misión universal de la Iglesia, la gente de mi  pueblo natal quiso recordar mis 45 años de vida religiosa. Me acompañaron varios amigos y especialmente mi maestro de novicio ya anciano pero siempre profundamente movido por el Espíritu y desbordante de buen humor. Estuvimos recordando el tiempo del noviciado, para mí, fue una nueva oportunidad de reflexionar sobre el sentido de la vida religiosa marcada por los tres votos: obediencia, virginidad y pobreza. Pensando en la diferencia entre los monos y los seres humanos, llegué a la conclusión de que los religiosos y religiosas se comprometen a dar su mano a Dios para ´dejarse guiar por El y para caminar siempre con El.

    ¡Dar la mano a Dios y dejarse guiar por El! Decir esto luce muy hermoso pero sin embargo vivirlo es muy exigente y tremendamente difícil: nuestra tendencia de siempre es de soltar la mano de Dios y de caminar sólo. Pensamos que, de esa manera, tenemos más libertad olvidando que esa libertad sagrada es un regalo del mismo Dios. Y cuando queremos caminar sólo, caemos más fácilmente en las garras del dinero, del sexo o de nuestro pequeño "yo" que vemos tan importante. Si bien los seres humanos se distinguen de los monos por su necesidad de dar la mano a otro, en el caso de los cristianos y más especialmente los religiosos y las religiosas este otro es Dios, el Buen Pastor, el único quien nos puede guiar hacia la Vida. Adh 809

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    AMIGO DEL HOGAR N. 817 NOVIEMBRE 2017

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