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    La no violencia, mensaje Jornada Mundial de la Paz

      Mensaje | Papa Francisco



    Mensaje del papa Francisco para la
    Jornada Mundial de la Paz
    La no violencia: un estilo de política para la paz

    La Jornada Mundial de la Paz, instituida por el papa Pablo VI cumple 50 años y el mensaje trae una invitación del papa Francisco para que hagamos de la no violencia activa un estilo de vida. Es un llamado a todos, creyentes y no creyentes. Es una petición urgente para que nuestros sentimientos y valores personales más profundos se conformen a la no violencia.
    El Mensaje es leído cada 1 de enero y vale para todo el año. Destacamos las ideas centrales del texto que puede ser adquirido o leído en las redes sociales.
    El papa formula sus deseos de paz para todos los pueblos y naciones, hombres y mujeres, niñas y niños. Que sea reconocida su dignidad y especialmente, en las situaciones de conflictos se respete su “dignidad más profunda” y hagamos de la no violencia activa nuestro estilo de vida.
    Recuerda el pensamiento del papa Pablo VI: “Ha aparecido finalmente con mucha claridad que la paz es la línea única y verdadera del progreso humano (no las tensiones de nacionalismos ambiciosos, ni las conquistas violentas, ni las represiones portadoras de un falso orden civil)”. Advirtió del “peligro de creer que las controversias internacionales no se pueden resolver por los caminos de la razón, es decir de las negociaciones fundadas en el derecho, la justicia, la equidad, sino solo por los de las fuerzas espantosas y mortíferas”.
    Propone que “la caridad y la no violencia guíen el modo de tratarnos en las relaciones interpersonales, sociales e internacionales. Cuando las víctimas de la violencia vencen la tentación de la venganza, se convierten en los protagonistas más creíbles en los procesos no violentos de construcción de la paz. Que la no violencia se transforme, desde el nivel local y cotidiano hasta el orden mundial, en el estilo característico de nuestras decisiones, de nuestras relaciones, de nuestras acciones y de la política en todas sus formas”.

    Un mundo fragmentado
    El mensaje de Francisco denuncia aspectos negativos de la situación mundial actual: “No es fácil saber si el mundo actualmente es más o menos violento de lo que fue en el pasado, ni si los modernos medios de comunicación y la movilidad que caracteriza nuestra época nos hace más conscientes de la violencia o más habituados a ella”.
    Denuncia la violencia que se comete “por partes”, en modos y niveles diversos y que “provoca un enorme sufrimiento que conocemos bien: guerras en diferentes países y continentes; terrorismo, criminalidad y ataques armados impredecibles; abusos contra los emigrantes y las víctimas de la trata; devastación del medio ambiente”.
    “La violencia no es la solución para nuestro mundo fragmentado”, pues “Responder con violencia a la violencia lleva, en el mejor de los casos, a la emigración forzada y a un enorme sufrimiento”.

    La Buena Noticia
    ¿Dónde encontrar la buena noticia?  Jesús ofrece una respuesta radicalmente positiva al predicar incansablemente el amor incondicional de Dios que acoge y perdona, y enseñó a sus discípulos a amar a los enemigos. Jesús trazó el camino de la no violencia, que siguió hasta el final. Al reconocer incluso nuestra propia violencia nos convertimos en instrumentos de reconciliación, según la exhortación de san Francisco de Asís: “Que la paz que anuncian de palabra la tengan, y en mayor medida, en sus corazones”.


    Más fuerte que la violencia
    El papa Francisco propone como ejemplos de no violencia a la Madre Teresa: “En nuestras familias no tenemos necesidad de bombas y armas, de destruir para traer la paz, sino de vivir unidos, amándonos unos a otros (…). Y menciona a otras grandes figuras de la no violencia: “No se olvidarán nunca los éxitos obtenidos por Mahatma Gandhi y Khan Abdul Ghaffar Khan en la liberación de la India, y de Martin Luther King Jr. contra la discriminación racial. En especial, las mujeres son frecuentemente líderes de la no violencia, como, por ejemplo, Leymah Gbowee y miles de mujeres liberianas, que han organizado encuentros de oración y protesta no violenta (pray-ins), obteniendo negociaciones de alto nivel para la conclusión de la segunda guerra civil en Liberia.
    Con tono optimista, anima a considerar el papel de las comunidades cristianas con su oración insistente y su acción valiente en grandes cambios sociales de la humanidad. Cita la influencia del ministerio y el magisterio de san Juan Pablo II, quien puso en evidencia que un cambio crucial en la vida de los pueblos, de las naciones y de los estados se realiza “a través de una lucha pacífica, que emplea solamente las armas de la verdad y de la justicia”.
    Refiere el compromiso de la Iglesia “en el desarrollo de estrategias no violentas para la promoción de la paz en muchos países”. Compromiso que no es un patrimonio exclusivo de la Iglesia Católica, “sino que es propio de muchas tradiciones religiosas, para las que “la compasión y la no violencia son esenciales e indican el camino de la vida”. Y reafirma con fuerza: “Ninguna religión es terrorista”.

    La raíz doméstica de una política no violenta
    Considera fundamental volver al seno de la familia y recuerda la Exhortación apostólica Amoris laetitia, “como conclusión de los dos años de reflexión de la Iglesia sobre el matrimonio y la familia. La familia es el espacio indispensable en el que los cónyuges, padres e hijos, hermanos y hermanas aprenden a comunicarse y a cuidarse unos a otros de modo desinteresado, y donde los desacuerdos o incluso los conflictos deben ser superados no con la fuerza, sino con el diálogo, el respeto, la búsqueda del bien del otro, la misericordia y el perdón”.
    “Por otra parte, una ética de fraternidad y de coexistencia pacífica entre las personas y entre los pueblos no puede basarse sobre la lógica del miedo, de la violencia y de la cerrazón, sino sobre la responsabilidad, el respeto y el diálogo sincero”. Hace un ferviente llamamiento a favor del desarme, como también de la prohibición y abolición de las armas nucleares.
    “El ejemplo de santa Teresa de Lisieux nos invita a la práctica del pequeño camino del amor, a no perder la oportunidad de una palabra amable, de una sonrisa, de cualquier pequeño gesto que siembre paz y amistad. Una ecología integral también está hecha de simples gestos cotidianos donde rompemos la lógica de la violencia, del aprovechamiento, del egoísmo”.

    Mi llamamiento
    Su llamamiento a la construcción de la paz mediante la no violencia activa “es un elemento necesario y coherente del continuo esfuerzo de la Iglesia para limitar el uso de la fuerza por medio de las normas morales”. El manual nos lo ofrece Jesús en el espíritu de las bienaventuranzas. “Esto es también un programa y un desafío para los líderes políticos y religiosos, para los responsables de las instituciones internacionales y los dirigentes de las empresas y de los medios de comunicación de todo el mundo: aplicar las bienaventuranzas en el desempeño de sus propias responsabilidades”.
    Es el desafío de construir las relaciones humanas, a todos los niveles, con estilo de trabajadores por la paz. Esto supone rechazar el descarte de las personas, dar muestras de misericordia, cuidar el medio ambiente y no querer vencer a cualquier precio. Este comportamiento exige estar dispuestos a “aceptar sufrir el conflicto, resolverlo y transformarlo en el eslabón de un nuevo proceso”. “Trabajar de este modo significa elegir la solidaridad como estilo para realizar la historia y construir la amistad social.

    En conclusión
    Firma el mensaje el 8 de diciembre, fiesta de la Inmaculada Concepción. María es Reina de la Paz. “Todos deseamos la paz; muchas personas la construyen cada día con pequeños gestos; muchos sufren y soportan pacientemente la fatiga de intentar edificarla”. En el 2017, comprometámonos con nuestra oración y acción a ser personas que aparten de su corazón, de sus palabras y de sus gestos la violencia, y a construir comunidades no violentas, que cuiden de la casa común.
    ADH 808

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