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    Obras de Miseriordia: visitar los presos

    Rincón de la Palabra | Hna. Angela Cabrera, MDR 



    Las obras de misericordia Corporales  
    Visitar a los presos. Sexta obra de misericordia (Mt 25,36)

    En el trasfondo de esta obra de misericordia están aquellos lugares emblemáticos de la Biblia que anuncian a los prisioneros la liberación: “proclamar a los cautivos la libertad” (Lc 4,18). El pasaje de Lucas recuerda “el proclamar la amnistía a los cautivos” (Is 61,1). O también, aquellos otros pasajes que invitan a acordarse de los encarcelados como si se fuera compañero de su prisión: “Acuérdense de los presos, como si ustedes estuvieran presos con ellos” (Hb 13,3). En el Salmo 142,8, en esta sintonía, se localiza una súplica: “Saca mi vida de la cárcel”. Es aquí, en la desesperación, donde se valora la obra de misericordia: Mt 25,36: “estuve en la cárcel y me vinieron a ver”.[1]
    El Nuevo Testamento señala la relación particular entre los miembros de las comunidades cristianas y los hermanos encarcelados por motivos de fe, como recuerda el dicho de Jesús: “Los perseguirán, entregándolos a las sinagogas y a las cárceles” (Lc 21,12). La carta a los Hebreos se dirige a sus destinatarios diciendo: “Compartieron el sufrimiento de los encarcelados, aceptaron con alegría que les confiscaran los bienes, sabiendo que les esperaba una riqueza mejor y permanente” (Hb 10,34).[2]
    El libro de los Hechos de los Apóstoles testifica: “Mientras Pedro estaba en la cárcel bien custodiado, la Iglesia oraba insistentemente a Dios por él” (Hch 12,5). En el capítulo 16, Pablo se encuentra preso junto a Silas. Hacia medianoche están cantando cánticos de alabanza. Entonces se abren las puertas y las cadenas se sueltan. En estos casos se trata de ángeles de Dios, enviados para liberar. El apóstol Pablo también expresa su gratitud por la proximidad de los cristianos de Filipos durante su detención, así como por las ayudas recibidas (Flp 1,13).[3]
    Obviamente, una pastoral que presente atención a los presos deberá orientarse también a sus familiares, dándoles apoyo para que pueda asistir lo mejor posible a los presos. Las formas de presencia cristiana en las cárceles son múltiples y creativas, en definitiva, el visitar a los presos no puede separarse de un trabajo político y de una reflexión que, en nombre de la dignidad del hombre y la mujer, y de los derechos humanos, busque entrever normas de pena que no priven de la libertad, sino que prevean actos de reparación (L. Manicardi).[4]
    Las palabras de Jesús en Mt 25,36 nos invitan a salir de nuestra zona de comodidad, a romper con los prejuicios excluyentes. Esta tarea no es solo para los capellanes, ni para los del ministerio, sino para todos aquellos que, movidos por la misericordia, recuerden que Jesús está preso, aguardado una visita. Es interesante que, el evangelista no dice qué tipo de delito ha cometido el cautivo, lo que sí menciona es que está privado de su libertad, a la fuerza.

    ·         ¿Cuáles otras “cárceles” nos privan de libertad?
    ·         Nombremos nuevas formas de cautiverio en nuestra sociedad dominicana.
    ·         ¿De cuáles cadenas queremos ser liberados?

    Animando al compromiso

    ü  Ofrecer ayuda a los agentes de pastoral penitenciaria para compartir con los internos.
    ü  Visitar a los internos. Darse la oportunidad para conocer esa realidad.
    ü  Apoyar afectiva y materialmente a estas personas. Infundirles esperanza de cambio y vida digna.
    ü  Liberar a los pájaros enjaulados.



    [1] Consejo Pontificio, Las obras de misericordia, 44.
    [2] Ibid. 44.
    [3] Ibid.45.
    [4] Ibid.45.

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