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    Hermanas del Perpetuo Socorro: Carisma de Compasión

    Vida Consagrada Sor Margarita Cedeño, nsps 


    CONGREGACION HERMANAS DE NUESTRA SEÑORA DEL PERPETUO SOCORRO
    SU CARISMA DE COMPASION
    Revelar al mundo de hoy la presencia  amorosa y
    Compasiva de Dios en nuestras vidas
    La Congregación de Hermanas de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, nació en San Damián de Bellechasse, un pequeño pueblo de de la Provincia de Quebec, Canada, pobre y perdido entre bosques y montañas, donde  “todo estaba por hacer”, según la expresión del sacerdote José Onésimo Brousseau, al ser nombrado primer párroco de la Parroquia San Damián, hacia el año 1882. “Sintió lástima de aquella gente porque andaban como ovejas sin pastor y les enseño muchas cosas…”(Mc 6,34).
    El año 1882 marca el decreto de la erección canónica de la Parroquia  de San Damián y la llegada del primer pastor residente: Joseph-Onésime Brousseau quien tiene apenas 29 años. Unas ochenta familias ya se han asentado en la tierra y cerca de la capilla. El confía en la Divina Providencia.
    Descubre la oportunidad de poner sus talentos al servicio y en favor de la educación y la salud de niños, jóvenes, ancianos, enfermos y de todos los necesitados  del entorno en aquel  momento. Sobre todo la ternura maternal para los huérfanos y ancianos abandonados. ¿Cómo responder a tantas necesidades donde todo está  por hacer? ¿Con que cuenta José Onésimo Brousseau? «Si Ud. quiere  a todo precio religiosas y no las encentra, entonces: Hágalas!» Es la respuesta del Cardenal Taschereau a la solicitud insistente de este párroco de San Damián  a quien no hay que decirle las cosas dos veces.
    Movido por la compasión frente al llamado de la miseria decide fundar la congregación que se necesita, a cuyos miembros transmite el fuego devorador del espiritu que lo lanza con audacia y confianza en la Divina Providencia a dar respuesta a los rostros sufrientes de San Damián… «Los pobres son nuestra razón de ser.»
    Así nace la Congregación de Hermanas del Perpetuo Socorro el 28 de agosto del año 1892.
    ¿Con quién contó José Onésimo? Con la firmeza y el deseo profundo de la señorita Virginia Fournier de ofrecerse como don para Dios y los demás: « Me entrego. Haga de mí lo que Usted quiera. No tengo nada. Soy pobre como Jesús en el pesebre»  (Virginia Fournier).
    Aparecen pruebas de todo tipo: Pérdidas materiales, incomprensiones, dudas… Superarlas fue siempre el gran desafío  y a la vez impulso para nuevas acciones en favor de los desposeídos. El Padre Brousseau, discierne buscando siempre  acoger la voluntad del Buen Dios en favor de los que El le ha confiado. El Fundador se preguntaba: «¿Qué será de todas estas obras? ¿permanecerán  o serán un recuerdo lejano en la historia?» (J.O.Brousseau).
    La fe inquebrantable de los Fundadores les impulsó al olvido de sí mismos en bien de los desheredados. Fueron consecuentes con el compromiso contraído, mediante el testimonio de sus vidas. Su devoción a la Madre del Perpetuo Socorro les hizo confiar en la buena madre María, poniendo bajo su protección  maternal, aquel granito de mostaza para que llegara a ser un árbol grande QUE DIERA BUENOS Y ABUNDANTES FRUTOS. No sucumbió ante las tempestades. El terreno sembrado y abonado por los labradores de la primera hora, produjo nuevas semillas y nuevos y abundantes frutos acogiendo y formando a tantos ancianos, niños, jóvenes y demás personas que bebieron directamente de aquella fuente y a otras que han alcanzado a través de los años, el beneficio de una MISION, RECIBIDA, VIVIDA Y COMPARTIDA.
    TRASPASANDO:
    Fronteras, razas, culturas…compartiendo los dones recibidos viviendo la misión con :  alegria, pasión y audacia.          
    Somos una congregación religiosa de vida apostólica caracterizada por su estilo de vida sobrio, sencillo y frugal, que realiza su misión sin distinción de raza, color, cultura, procedencia familiar ni posición académica ni económica. Fuimos fundadas con el fin de dar ayuda perpetua a los pobres y los infortunados a través de
           Formación a niños y jóvenes a través de obras educativas.
           Colaboración en la Pastoral Parroquial.
           Atención a niños y ancianos desamparados.
    Nuestra misión es ir sobre todo a los más pobres a quienes reservamos un amor preferencial. (Const.#6) LOS POBRES SON NUESTRA RAZÓN DE SER decía nuestro Fundador José Onésimo Brousseau.
    ¡DEUS PROVIDEBIT! Grito de fe audaz lanzado por el sacerdote José Onésimo Brousseau en respuesta al urgente llamado de los infortunados, de los huérfanos y de los abandonados de su tiempo. Para socorrer a los desposeídos, el valiente sacerdote sueña con la presencia de una comunidad religiosa en San Damián. Así invita a la señorita Virginia Fournier a establecer las bases sólidas de esta Congregación que confía a la protección de la Virgen María, bajo la advocación de Nuestra Señora de del Perpetuo Socorro” (Const. 9-10).

    Primeras Hermanas llegadas a República Dominicana
    DIOS PROVEERA! Nuestro LEMA. Nuestro Carisma: REVELAR AL MUNDO DE HOY LA PRESENCIA AMOROSA Y COMPASIVA DE DIOS EN NUESTRAS VIDAS Y EL SOCORRO PERPETUO DE MARÍA. Durante los primeros 56 años de existencia  la Congregación se difunde por el Canada, país de origen, especialmente en Quebec y Ontario. En el año 1948 se inicia la expansión misionera ad-extra.

    REPUBLICA DOMINICANA fue la primera misión fuera del Canadá:
    El 20 de octubre del año 1948, llegan a la República Dominicana, a bordo del Vapor “Borinquen”, en compañía del Padre René Bouchard MSC, cuatro hermanas de la Congregación de Hermanas de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, para dar inicio a una nueva misión. Su destino: Parroquia N.S. de Altagracia de Santiago de los Caballeros. Es su primera misión en el país; esta misión recibió el nombre Casa de Betania. Las cuatro hermanas canadienses fueron: Sor María de la Asunción (Maria-Anna Cantin) Sor Susana (Loretta Poliquin), Sor Emery (Licienne Pepin) y Sor Bernarda de Sito (Fernande Boudet) quienes sin conocer nada de este pequeño mundo ni hablar español, fueron las pioneras de esta obra.
    Un poco de historia. Todo comenzó alrededor del año 1935 con la llegada de los Sacerdotes Misioneros del Sagrado Corazón a República Dominicana. El Padre Cipriano Fortin MSC, en la década del 40, buscaba con mucho interés, religiosas que se dedicaran a la pastoral parroquial para que colaboraran con ellos en su trabajo pastoral, sin obtener ningún resultado positivo en en República Dominicana ni  tampoco  en Canadá, hasta que se dirige a nuestra Congregación, en San Damián  de Bukland, Quebec. Aquí se abre por primera vez la puerta de la frontera canadiense para la Congregación, cumpliendo los deseos de nuestro Fundador, quien seguía los deseos del Señor: Vayan por todo el mundo…                                                 
    El Padre Carlos Guillot, MSC, canadiense igual que el Padre Fortin, quien  tenía una prima religiosa en la Congregación del Perpetuo Socorro, un DOMINGO MUNDIAL DE LAS MISIONES en el año 1947, fue invitado a la Casa Madre en San Damián Provincia de Quebec, a hablar de las misiones y muy particularmente de la misión de los MSC en República Dominicana, motivando a la Superiora General de entonces, para una fundación en este país. La semilla cayó en buena tierra y de inmediato se ofrecieron muchas hermanas para la vida misionera. La Superiora General en aquel momento, Sor San Pedro Celestino tomó el asunto en serio y lo interpretó como una llamada del Señor.
    El 17 de noviembre de 1947, el Superior Provincial de los MSC canadienses escribió una carta al Arzobispo de Santo Domingo, sugiriéndole ponerse en contacto con el Arzobispo de Quebec, de quien dependían las religiosas de San Damián, lo que facilitó la fundación en R.D.
    En enero de 1948, por decisión del Consejo General de la Congregación del perpetuo Socorro, viajó a R.D. la Madre General San Pedro Celestino acompañada de su secretaria en visita de exploración. Visitaron las parroquias de los MSC y la decisión de fundar fue tomada en serie. Pero la Superiora, que no quería correr el riesgo de cometer un error, le pidió al Señor una señal,  un signo inequívoco de que esa era su voluntad. El Señor no se hizo esperar. La señal fue la primera vocación dominicana: la señorita Antonia Reyes, una joven dirigida por el Padre Fortin, quien desde hacía algún tiempo, tenía inquietudes vocacionales. Al conocer a las hermanas  se decidió a ir a Canadá para hacer su noviciado. Fue la primera hermana dominicana, y la única que hizo su Noviciado en Canadá. Al profesar recibió en religión el nombre de Sor María Altagracia, en honor a la Virgen de Altagracia.
    Algunas razones para fundar en Republica Dominicana
    ·      El impulso misionero para hacer realidad el mandato del Fundador: “Nuestra misión es ir por el mundo entero y hacer lo que hizo el Hijo de Dios, encender los corazones en el fuego de su amor.”
    ·      Colaborar con la pastoral parroquial.
    ·      Socorrer y ayudar a los pobres.
    Con la llegada de las hermanas y su nuevo estilo de vida religiosa, comenzaron a surgir las vocaciones lo que dio por resultado que se abriera el Noviciado para la formación de las futuras hermanas en el país, evitando así viajar a Canadá. El primer grupo de postulantes fue estuvo compuesto por 8 jóvenes de las cuales solo perseveraron tres: SOR TERESA AYBAR, SOR MARGARITA MARIA ALBA que ya pasaron a la Casa del Padre y SOR ROSA BOJOS quien aún está entre nosotras.
    P. Cipriano Fortín - Sor María Altagracia - P. Carlos Guillot

    Para albergar el Noviciado la Casa de Betania resultaba inadecuada. La Providencia del Señor actuó a través del Padre Fortin, sus amigos y allegados. Fue así como se recibió en donación el terreno que hoy ocupamos y en él, una casa campestre que sirvió de albergue al naciente Noviciado.
    Hoy, después de 125 años, además de estar presentes en Canadá, también estamos en Africa, América del Sur, Centro América  y El Caribe; en  República Dominicana tenemos ya 68 de han sido de servicio a nuestra Iglesia y desde aquí a hermanos y hermanas de otras latitudes, solo podemos exclamar que el SEÑOR HA ESTADO GRANDE CON NOSOTRAS Y ESTAMOS ALEGRES.
    A la vez que agradecemos al Señor su AMOR MISERICORDIOSO Y COMPASIVO y a nuestra Madre su SOCORRO PERPETUO para con nosotras, agradecemos a tantos hermanos y hermanas que de diversas maneras y en diferentes momentos de nuestra historia nos han acompañado en nuestra misión y nos han dado muestras innumerables de solidaridad, de una manera muy especial a los Misioneros del Sagrado Corazón, por cuya iniciativa estamos hoy en República Dominicana.
    Nos encomendamos  a sus oraciones los unos por los otros, para que no perdamos el rumbo de los orígenes y nos mantengamos fieles a la vocación a la cual fuimos llamadas, atentas a salir aprisa como María en la Visitación, hacia donde la vida clama. BENDITO SEA DIOS EN SU DIVINA PROVIDENCIA.

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