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    Tristeza y Depresión

    Para vivir mejor | Dra. Miguelina Justo


    La tristeza es una emoción humana, natural y saludable, empero la depresión es una enfermedad mental, que puede ser crónica e incapacitante

    Tristeza y Depresión
    Cuando alguien afirma: “Me siento deprimido”, ¿qué está diciendo en verdad? ¿qué los demás entienden? ¿Está triste o puede que esté realmente deprimido? La tristeza es una emoción humana, natural y saludable, empero la depresión es una enfermedad mental, que puede ser crónica e incapacitante. Desde la ignorancia, una persona que se siente triste puede que exagere al utilizar la palabra depresión para describir cómo se siente, y, por otro lado, una persona verdaderamente deprimida puede minimizar la gravedad de su situación y no procurar la ayuda que necesita. La ignorancia puede llevar a algunos a censurar la expresión de la tristeza por considerarla una debilidad o bien por no tolerarla, en el nombre de la “santa alegría” o de la vida dichosa que se convierte en deber y yugo. Así mismo, el desconocimiento de las características de la depresión puede que haga suponer a más de uno que el solo decir “pon de tu parte” será suficiente para que una persona deprimida se recupere.  Vale la pena, entonces, aclarar algunos puntos, a fin de dar luz sobre este tema  y evitar la confusión entre la tristeza y la depresión
    La Asociación Americana de Psiquiatría En la quinta versión del Manual Estadístico de Trastornos Mentales, más conocido como DSM-V por sus siglas en inglés, asegura que la depresión es una enfermedad que afecta el estado de ánimo, por lo menos durante dos semanas. Se caracteriza por presencia de sentimientos persistentes de tristeza, disminución del interés por todas o casi todas las actividades generalmente vistas como placenteras, pérdida o aumento de peso; alteraciones en el sueño, como insomnio o hipersomnia; inquietud, pérdida de energía o sensación de fatiga. A estos síntomas, se le suman la dificultad para pensar, concentrarse  o para tomar decisiones, así como pensamientos recurrentes de muerte e ideación suicida, que puede estar acompañada o no de un intento de suicidio o de un plan.  Al repasar estos síntomas, resulta fácil advertir la potencial gravedad de la depresión y la distancia que le separa de la tristeza, aun reconociendo que es esta última uno de sus elementos distintivos.
    El vocablo que durante varios siglos fue utilizado para designar el estado profundo de tristeza era melancolía. Esta es una palabra de origen griego que se deriva de la idea del ilustre médico  Hipócrates, quien postuló que la excesiva producción de bilis negra era responsable del abatimiento. De acuerdo a Wasmer (2010), fue el psiquiatra francés Louis Delasiauve quien empezó a utilizar el término depresión, en el 1856, para referirse a síntomas psiquiátricos. Proviene del latín depressio, y se relaciona con las palabras hundir, presionar, exprimir. Así, pues, este versátil vocablo se usa para describir un terreno cóncavo, un periodo de baja actividad económica y un tiempo de lluvia y clima inestable.  La palabra es toda una metáfora porque engloba el sentimiento de vacío, la disminución de la productividad y el desamparo que experimenta la persona deprimida. 
    Mientras que la tristeza es una experiencia universal, afortunadamente la depresión no lo es, aunque la Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que más de 300 millones de personas alrededor del mundo padecen de depresión, 18% más que el decenio 2005-2015. La depresión puede afectar a niños, jóvenes, adultos, ancianos, y suele ser más frecuente en mujeres. 
    Las investigaciones recientes permiten afirmar que la depresión es el resultado de la interacción de variables sociales, como el desempleo o la pobreza; psicológicas como el duelo, y biológicas como problemas hormonales o el uso de drogas. Resulta desafortunado que  la visión sectorizada del ser humano dificulte la implementación de intervenciones articuladas, integrales y eficientes. “Si solo tienes un martillo, siempre verás clavos” reza una frase popular, la cual  invita a una renuncia a los postulados rígidos y egocéntricos. Si se quiere tener éxito en la prevención y tratamiento de la depresión es necesario modificar las estructuras sociales con la práctica de la justicia, y el cultivar y cuidar la mente y el cuerpo, entramado inseparable. La tristeza, de acuerdo a los planteamientos de Ekman (1992), es adaptativa, es decir, cumple con una función. La tristeza es una invitación a la reflexión, al análisis y al cambio, a un mirar hacia dentro para rencausar el andar por lo que nos conviene reconocer su utilidad y aprovecharla sin prematuros rechazos. ADH 813.

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