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    "Que sean todos uno…"

    Apuntes Misioneros | Pedro   RUQUOY, cicm 

    "Que sean todos uno… para que el mundo crea." (Juan 17, 21)  
    Cada vez que nos reunimos para celebrar un acontecimiento feliz o triste, cantamos lo que nuestros adolescentes llaman "el himno de las Flores de Sol". La última vez que cantamos esta canción, fue al final de la misa en memoria de nuestro querido Bob quien falleció de forma trágica hace algunas semanas. Este canto consolida nuestra unidad y nos permite tomar más consciencia de que formamos una sola familia más allá de las tragedias de la vida. En el medio del refrán, encontramos la famosa frase del libro de los Hechos de los Apóstoles sobre la forma de vivir de la primera comunidad cristiana: "Un solo corazón, un solo espíritu". Esta frase es también el lema de nuestra congregación misionera (CICM). Esto significa que está muy relacionado con la Misión de la Iglesia. La Unidad y la Misión son dos realidades íntimamente conectadas: Esto me lo hizo notar claramente mi gran amigo, el padre Oscar Nkolo al confirmarme que él acababa de ser nombrado obispo por nuestro Papa Francisco y al confiarme que él había escogido como lema episcopal, una frase del capítulo 17 del evangelio de San Juan sobre la unidad: "Que sean todos uno… para que el mundo crea." (Juan 17, 21). Sin lugar a duda, el Evangelio de Juan permite profundizar la famosa unidad que caracterizaba la ´primera comunidad cristiana según los Hechos de los Apóstoles. Vamos pues a tratar de entender mejor la relación entre la unidad y la misión.

    El padre Oscar Nkolo
    Pero antes ¿quién es el padre Oscar Nkolo? Pregunten a los cristianos de la parroquia de Tamayo y todos les darán muchos detalles sobre el trabajo y la forma de vivir de ese misionero muy comprometido. El nació en la República Democrática del Congo en 1957. En 1981, él entró en la Congregación del Inmaculado Corazón de María (CICM) y, al terminar sus estudios, el 10 de julio de 1987, fue ordenado sacerdote y enviado en misión a la República Dominicana. Lo conocí como cura párroco de Tamayo donde compartí con él intensos y alegres momentos de misión. Hombre humilde y sencillo, él pasaba gran parte de su tiempo a visitar a la gente de los campos y barrios de Tamayo. El creía en la participación activa de los laicos, por eso, promovió y formó pequeñas comunidades de base. También él acompaño al movimiento campesino del suroeste y apoyó a las organizaciones de mujeres de la misma región. Después de unos 10 años en la República Dominicana regresó a su país de origen para encargarse de la formación de nuestros jóvenes y después él fue nombrado superior provincial por 8 años.
    Cuando tuve que salir de la República Dominicana, Oscar me invitó a trabajar en el Congo pero el Superior General me envió a Zambia, uno de los países vecinos. Oscar y yo, seguimos alimentando nuestras relaciones y me acostumbré a enviarle cada mes el artículo destinado al "Amigo del Hogar". Al ser designado Obispo de la diócesis de Mweka en la República Democrática del Congo, él me sugirió escribir una pequeña reflexión sobre su lema episcopal. Es precisamente lo que estoy tratando de hacer ahora, y a la vez construyo un pequeño puente entre la diócesis de Barahona donde trabajó el nuevo obispo de la diócesis de Mweka en África. Seguro que numerosos lectores de la Diócesis de Barahona se recordarán del padre Oscar y  ofrecerán su diócesis y su trabajo de pastor al Dueño de la mies.

    Unidad y Misión
    Ahora ¿qué podemos decir acerca de la unidad y la misión. Según Jesús, en el evangelio de Juan, sólo la unidad es capaz de convencer al mundo de que Dios es amor,  la unidad es el  único medio de evangelizar al mundo, sólo la unidad es portadora de la Buena Nueva. Pero ¿en qué consiste esta unidad? El ejemplo por excelencia de unidad es la que existe entre el Padre, el Hijo y el Espíritu. Son "uno" porque se aman totalmente y perfectamente. El Amor les inunda y les une. Como lo ha mostrado Jesús, ese Amor consiste en compartir todo, en darlo todo, especialmente en entregar la propia vida. La unidad que Jesús quiere para sus seguidores es obra del amor mutuo, contenido de su único mandamiento: amar como él ha amado. La unidad es comunidad y la comunidad es amor. En esto, la Cruz, símbolo del Amor, es la que más nos permite vivir juntos en la unidad. Para ser "uno" la Cruz debe estar en el centro de nuestra vida.
    La comunidad en que todos y todas sean "uno" es, a la vez origen y meta de la misión: Por un lado, la unidad caracteriza la comunidad de Jesús: allí donde no hay unidad, Jesús no está presente, allí donde no hay unidad, no hay verdadera iglesia. Y por otro lado, nuestra unidad nos une a Jesús, al Padre y al Espíritu y, por lo tanto, crea y fortalece el Reino de Dios, esa sociedad nueva donde todos son hermanos y hermanas alrededor del mismo Padre. Por supuesto anunciar y construir el Reino fue la única meta de la misión de Jesús y es la única meta de la misión de la Iglesia.
    Asumir nuestras diferencias con alegría, formar comunidades de amor y compartirlo todo para ser "uno" es evangelizar o sea es anunciar que Dios es amor. ¡No hace falta hablar! Aquí en el centro de las Flores de Sol, esta convicción nos habita y nos mueve; los huérfanos y huérfanas provienen de más de veinte diferentes tribus; además de Zambia, tenemos muchachos y muchachas originarios de Congo, de Malawi, de Zimbabue y de Tanzania. Provenimos de familias y ambientes muy diferentes. Cada uno ha tenido una historia muy diferente de los demás. Pero, lo único que tratamos de hacer es compartir todo para que la unidad brille más allá de nuestro centro y sea una luz que permita a todos los habitantes de esta sabana descubrir el amor tierno y profundo de Dios. ADH 812
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    Para profundizar el capítulo 17 del evangelio de Juan, les recomendamos el libro de Juan Mateos y Juan Barreto, "El evangelio de Juan. Análisis lingüístico y comentario exegético" in ediciones Cristiandad, Madrid, 1979.

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    AMIGO DEL HOGAR N. 817 NOVIEMBRE 2017

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