La obsolescencia programada
Nos ocurre día a día y
cada vez con más frecuencia. Se descarga la batería del celular y, a fuerza de
carga y descarga, debemos hacer el recambio. Finalmente, el celular nos
fastidia impidiéndonos utilizar sus funciones y al mismo tiempo, nos inundan
las ofertas para la compra de otros celulares que tienen más prestaciones y
representan los últimos modelos. Como por arte de magia, en poco tiempo un
artefacto de novedosa tecnología se vuelve obsoleto, anticuado, inútil. Este es
un caso de la llamada obsolescencia programada o planificada para los productos
que adquirimos, en la cual las empresas hacen productos desechables para hacernos gastar más.
Wikipedia, la
enciclopedia libre, nos dice que “La obsolescencia programada u obsolescencia
planificada es la determinación o programación del fin de la vida útil de un producto, de modo que, tras un
período de tiempo calculado de antemano por el fabricante o por la empresa durante la fase
de diseño del mismo, este se
torne obsoleto, no funcional, inútil o
inservible por diversos procedimientos, por ejemplo por falta de repuestos, y
haya que comprar otro nuevo que lo sustituya”.
¿Cómo
se ha programado esta obsolescencia?
La
estrategia de establecer la fecha de la muerte de un producto no es reciente,
se remonta a las primeras décadas del siglo XX. La estrategia fue diseñada como
una solución a la crisis de 1929, pero se comenzó a idear alrededor de 1920,
cuando los fabricantes comenzaron a reducir a propósito la vida de sus
productos para aumentar las ventas y las ganancias. Un primer cartel global,
formado por Osram, Philips y General Electric controló la producción de la
bombilla eléctrica. Para los años 40 ya habían reducido su durabilidad de 1,500
horas a 1,000 horas, mediante una bombilla más débil.
Obsolescencia en la sociedad de consumo
La
obsolescencia va de la mano con la publicidad en la sociedad de consumo. A
través de la publicidad se presentan productos innecesarios o superfluos como
atractivos para satisfacer nuestras necesidades. La sociedad de consumo no
procura la producción de bienes durables y reutilizables. De ahí la famosa
frase: comprar, tirar, comprar, mentalidad que crea productos
desechables que aumentan las ventas de las empresas a un público manipulado y
generan mayores gastos en los consumidores y acumulación de basura en el
entorno. Para Latouche “la publicidad nos hace desear lo que tenemos y
despreciar aquello que ya disfrutamos. Ella crea y recrea la insatisfacción y
la tensión del deseo frustrado”.
Tres tipos de obsolescencia
a) Obsolescencia
de función:
un producto existente se convierte en obsoleto cuando se introduce un producto
que lleva a cabo una mejor función. Debido a la constante innovación
tecnológica es fácil inducir al consumidor a comprar la siguiente generación
del producto.
b)
c) Obsolescencia
de calidad.
Se planea, de forma premeditada, el tiempo en que un producto se rompa o se
desgaste, por lo general no es demasiado tiempo. Y se hace propaganda constante
para que el consumidor adquiere el nuevo producto.
d)
e) Obsolescencia
de deseabilidad. Un producto se hace menos deseable en nuestra mente,
aunque mantenga su calidad y rendimiento, si cambia de estilo u otra
modificación en su fabricación. Se llama también “obsolescencia psicológica”.
Se cambia el diseño del producto y manipula para que el consumidor compre el
producto repetidas veces. En este sentido, los consumidores son inducidos a
asociar lo nuevo con lo mejor y lo viejo con lo peor.
Al
final, todo termina como basura. Y las muestras están ahí: el mar invadido de
plástico, los basureros de electrodomésticos, o la invasión de los hábitats
naturales de muchísimas especies, entre otros. Señales de una mentalidad
consumista que devora al ser humano y al medio ambiente. ADH 838
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