Buenas Noticias | José Antonio Pagola
Hacer una experiencia vital
La imagen es sencilla y de gran fuerza expresiva.
Jesús es la «vid verdadera», llena de vida; los discípulos son «sarmientos» que
viven de la savia que les llega de Jesús; el Padre es el «viñador» que cuida
personalmente la viña para que dé fruto abundante. Lo único importante es que
se vaya haciendo realidad su proyecto de un mundo más humano y feliz para
todos.
La imagen pone de relieve dónde está el problema.
Hay sarmientos secos por los que no circula la savia de Jesús. Discípulos que
no dan fruto porque no corre por sus venas el Espíritu del Resucitado.
Comunidades cristianas que languidecen desconectadas de su persona.
Por eso se hace una afirmación cargada de
intensidad: «El sarmiento no puede dar fruto si no permanece en la vid»: la
vida de los discípulos es estéril «si no permanecen» en Jesús. Sus palabras son
categóricas: «Sin mí no podéis hacer nada». ¿No se nos está desvelando aquí la
verdadera raíz de la crisis de nuestro cristianismo, el factor interno que
resquebraja sus cimientos como ningún otro?
El viñador
La forma en que viven su religión muchos
cristianos, sin una unión vital con Jesucristo, no subsistirá por mucho tiempo:
quedará reducida a folklore anacrónico que no aportará a nadie la Buena Noticia
del evangelio. La Iglesia no podrá llevar a cabo su misión en el mundo
contemporáneo si los que nos decimos «cristianos» no nos convertimos en discípulos
de Jesús, animados por su espíritu y su pasión por un mundo más humano.
Ser cristiano exige hoy una experiencia vital de
Jesucristo, un conocimiento interior de su persona y una pasión por su proyecto
que no se requerían para ser practicante dentro de una sociedad de cristiandad.
Si no aprendemos a vivir de un contacto más inmediato y apasionado con Jesús,
la decadencia de nuestro cristianismo se puede convertir en una enfermedad
mortal.
Los cristianos vivimos hoy preocupados y
distraídos por muchas cuestiones. No puede ser de otra manera. Pero no hemos de
olvidar lo esencial. Todos somos «sarmientos». Solo Jesús es «la verdadera
vid». Lo decisivo en estos momentos es «permanecer en él»: aplicar toda nuestra
atención al evangelio; alimentar en nuestros grupos, redes, comunidades y
parroquias el contacto vivo con él; no apartarnos de su proyecto.

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