viernes, 29 de abril de 2022

Después de Jesús, nosotros la Iglesia


Fe y Vida | Miguel A. Munárriz/FA

 


Después de Jesús, nosotros la Iglesia


Jn 21, 1-19

«Apacienta mis corderos… Apacienta mis ovejas».


Imbuidos del espíritu de Jesús, aquellos hombres y mujeres comprometidos con la misión se convierten en semilla poderosa que cae en buena tierra y da cosecha abundante. Surgen las primeras comunidades cristianas y sus miembros se reúnen en las casas para celebrar la Cena del Señor, leer las primeras recopilaciones de los hechos y los dichos de Jesús y atender las necesidades de los más necesitados. Su modo de vida es fértil y contagioso, y no dejan de crecer.


Las autoridades comienzan a recelar de su creciente influencia sobre el pueblo y llegan las persecuciones. Judíos y romanos los persiguen, los encarcelan, los torturan y los matan. Pero el espíritu que los anima, el espíritu de Dios, los mantiene firmes, y cuanto más los persiguen, más se reafirman en su fe… Y siguen creciendo.


Pero a partir del siglo segundo se abandona el estilo de Jesús. Primero se imponen las teologías cuasi gnósticas en boga y luego las metafísicas platónica y aristotélica. Se relegan las parábolas. Abbá se convierte en la Primera Persona de la Santísima Trinidad y se olvida la buena noticia. Se impone el celibato y se margina a las mujeres. Llegan las pompas señoriales de los obispos bizantinos y la monarquía absoluta del Papa. La Iglesia, antes perseguida, se convierte en perseguidora…


Y llegamos a nuestros días. Y cuando todo parecía perdido, surge una generación de gente que no está dispuesta a permitir que el Viento de Dios que empujó a la primera comunidad deje de soplar en la Iglesia actual.


Y el espíritu renace. Y hay signos evidentes de que la Iglesia, quizá por primera vez, es consciente de sus pecados y se esfuerza por salir de ellos. Y vemos que hay más la gente que se acerca a la Iglesia movida por la fe, y no por la costumbre. Que el sacerdocio deja de ser una situación de prestigio y comodidad, y se convierte en una opción de servicio. Que casi nadie piensa que fuera de la Iglesia no hay salvación; que no hay verdad; que la acción de Dios en el mundo se da solamente dentro de la Iglesia.


Y vemos también que el Santo Sacrificio de la misa va dejando paso a la eucaristía y la exégesis seria nos hace entender mejor la Palabra. Que se recupera la humanidad de Jesús —tantos siglos sometida a un docetismo indiscutido— y se redescubre a Abbá, enmascarado por ese Padre Todopoderoso caracterizado, sobre todo, por el poder y la justicia. Y que, por primera vez en muchos siglos, no es el clero, sino todos los cristianos, los que podemos decir “nosotros la Iglesia”.


La Iglesia se enfrenta esperanzada al reto de responder a los desafíos de cada momento y cada cultura; de ser fiel simultáneamente a dos principios fundamentales: a lo recibido de los Testigos, y a los signos de los tiempos.


(Inspirado en el Tema del mismo nombre del curso de “cultura religiosa” de Ruiz de Galarreta)


 Publicado por Feadulta.com


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