Actualidad Mundial | Roberto Paglialonga
América Latina, historia de
intervenciones militares estadounidenses
La
intervención estadounidense para derrocar a Nicolás Maduro en Venezuela es solo
la última de una serie de incursiones en países vecinos de centro y sur de
América. Las estrategias estadounidenses se basan en la «doctrina Monroe» de
1823. Pero es sobre todo en el siglo XX cuando Washington lleva a cabo
operaciones militares directas o «encubiertas», gracias a los servicios de
inteligencia, para eliminar gobiernos incómodos, apoyar a líderes políticos
«amigos» o proteger intereses económicos.
La historia de
las incursiones de Estados Unidos en el Centro y Sudamérica no comienza, desde
luego, con Venezuela. A lo largo del siglo XX se han llevado a cabo numerosas
operaciones militares directas o «encubiertas» a través de los servicios de
inteligencia. Sin embargo, resulta significativo que la última vez que las
tropas de Washington intervinieron para derrocar a un dictador, también acusado
de tráfico de drogas y violación de los derechos humanos —en aquel caso, el
general Manuel Noriega en Panamá—, fuera en diciembre de 1989, tras la caída
del Muro de Berlín y mientras las brasas de la Guerra Fría se iban apagando
poco a poco.
Las guerras bananeras
En la base de
estas intervenciones se encontraba la «doctrina Monroe». Teorizada por el
quinto presidente de los Estados Unidos, James Monroe, en 1823, preveía el
rechazo de cualquier injerencia en los asuntos políticos de América por parte
de potencias extranjeras; en 1904, con Theodore Roosevelt, se amplió con un
corolario, que tomó su nombre, según el cual Washington reivindicaba el derecho
de intervenir en los países de América Latina para proteger sus intereses y
mantener la estabilidad y el orden, convirtiendo de hecho a esa región en su
«patio de casa». Así, a principios del siglo XX, se produjeron varias
incursiones de las tropas estadounidenses en Honduras, donde la United Fruit
Company y la Standard Fruit Company dominaban la exportación de plátanos, para
apoyar los intereses estadounidenses. En 1912, en cambio, se produjo la
ocupación de Nicaragua, con la creación de una especie de protectorado
gestionado por Washington. El objetivo: impedir la construcción de un canal que
pudiera poner en dificultades la Zona del Canal de Panamá, controlada por
Estados Unidos.
El golpe de Estado en Guatemala
Tras el
periodo de «tregua» debido a la «política de buena vecindad» con América
Latina, promovida por Franklin Delano Roosevelt a partir de 1933, con el inicio
de la Guerra Fría se llegó al derrocamiento, en 1954, del presidente
democráticamente elegido, Jacobo Árbenz Guzmán, en Guatemala. Depuesto con el
empleo de mercenarios y guerrilleros apoyados por la CIA en una operación
rebautizada como «PBSuccess», tras la aprobación de una reforma agraria que
afectaba a los intereses de la United Fruit Company (hoy Chiquita Brands), fue
sustituido por una junta militar liderada por Carlos Castillo Armas. A esto le
siguieron 30 años de sangrienta guerra civil. El papel de los 007
estadounidenses en el golpe de Estado fue reconocido en 2003, en nombre de la
lucha contra el comunismo (en aquel entonces, Guatemala compraba armas a los
países del bloque comunista, en particular a Checoslovaquia).
La Bahía de Cochinos
En 1961, la
tristemente célebre y igualmente fallida «invasión de la Bahía de Cochinos»,
respaldada por John F. Kennedy. Militares y exiliados anticastristas entrenados
por la CIA intentaron derrocar el régimen de Fidel Castro desembarcando en la
isla de Cuba, pero fueron derrotados por el ejército de La Habana, apoyado por
las naciones del bloque soviético. El acontecimiento fue el preludio de la
llamada «crisis de los misiles» del mes de octubre siguiente. También a
principios de los años sesenta, la desestabilización de Brasil que condujo a la
caída de João Goulart (1964) y, tras la destitución del presidente electo Juan
Bosch tras solo siete meses en el cargo, la invasión de la República Dominicana
con la operación «Power Back», para impedir, desde el punto de vista de Estados
Unidos, que la isla se convirtiera en una «segunda Cuba» (1965).
El Chile de Allende
Si los años
setenta y ochenta están vinculados a la llamada «Operación Cóndor» —una
coordinación entre las dictaduras militares de Argentina, Bolivia, Brasil,
Chile, Paraguay y Uruguay, respaldada por los servicios de inteligencia
estadounidenses, cuyo objetivo era eliminar a los disidentes, opositores o
simples simpatizantes de las ideologías de izquierda—, uno de los casos más
notorios de cambio de régimen se produjo en 1973 en Chile. El presidente
socialista Salvador Allende, elegido democráticamente, fue derrocado por un
golpe de Estado promovido por la CIA y posteriormente asesinado. En su lugar,
asumió el poder la junta militar de Augusto Pinochet, protagonista de un
régimen sanguinario. Según un informe de la Comisión Nacional para la Verdad y
la Reconciliación, en los 17 años de poder se contabilizaron oficialmente más
de 3500 muertos (entre asesinados o ejecutados y desapariciones forzadas, los
llamados desaparecidos), así como más de 30 000 víctimas de tortura y presos
políticos. A estas se sumaron cientos de miles de internados, exiliados o
detenciones arbitrarias. Cifras que algunos consideran en general mucho más
elevadas.
El apoyo a los Contras y los consejeros militares en
El Salvador
Preocupados
por la alineación de Nicaragua con Cuba y la URSS, entre 1982 y 1989 Estados
Unidos apoyó en secreto a los «Contras», contrarrevolucionarios nicaragüenses,
financiados en parte por la venta ilegal de armas a Irán, con el objetivo de
desestabilizar al gobierno sandinista de inspiración marxista. En El Salvador,
por su parte, se enviaron asesores militares para ayudar a sofocar las
rebeliones del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, de extrema
izquierda. Esto dio lugar a una guerra civil que duró de 1980 a 1992 y causó la
muerte de más de 70 000 personas.
La invasión de Granada
En 1983, los
marines y rangers estadounidenses intervinieron en la isla de Granada tras el
asesinato del primer ministro, Maurice Bishop, por parte de una junta de
extrema izquierda, en la operación «Urgent Fury». La motivación oficial era
proteger a un millar de ciudadanos estadounidenses, pero en realidad el
objetivo era combatir el régimen militar prosoviético de Hudson Austin. En
1989, antes de Venezuela, tuvo lugar el ya mencionado ataque relámpago a
Panamá, bajo la égida de George Bush padre, con la operación «Just Cause».
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