viernes, 6 de febrero de 2026

La infidelidad y el juramento de Herodes


Reflexión | P. Ciprián Hilario, msc

 


La infidelidad y el juramento de Herodes

(Viernes 6 febrero 2026, lecturas: Eclo 47,2-13; Sal 17; Mc 6,14-29)

 

Queridos hermanos y hermanas:

Las lecturas de hoy nos presentan un contraste muy fuerte entre dos figuras: David, modelo de fidelidad que reconoce sus pecados y confía en la misericordia de Dios, y Herodes, modelo de debilidad moral, infidelidad y miedo a la opinión de los demás. A la luz de la Palabra, podemos señalar algunos elementos para nuestra vida.

 

1. David: elegido por Dios y sostenido por su fidelidad

El libro del Eclesiástico presenta a David como el pastor humilde que Dios eligió para ser rey.

No era el más fuerte ni el más importante, pero Dios mira el corazón.

David: venció al gigante, defendió al pueblo, cantó alabanzas al Señor, organizó el culto.

La clave de su vida fue esta: Dios estaba en el centro.

Esto nos recuerda que la fidelidad comienza en lo pequeño: en el corazón que busca a Dios cada día.

 

2. El salmo: Dios es la roca del que confía. El salmista proclama: “Viva el Señor, bendita sea mi roca”. Quien confía en Dios tiene una base firme.

Aquí aparece la primera gran enseñanza:  La fidelidad a Dios da estabilidad a la vida.

Cuando Dios es nuestra roca: nuestras decisiones son más firmes, nuestras promesas tienen peso, nuestra conciencia tiene luz.

 

3. El Evangelio: Herodes, un corazón dividido

El Evangelio nos presenta la figura de Herodes.

Es una figura llena de contradicciones: Admiraba a Juan Bautista. Lo escuchaba con gusto. Sabía que era un hombre justo. Pero aun así… lo manda matar.

¿Por qué? Porque Herodes tenía un corazón dividido: quería escuchar la verdad, pero no quería cambiar de vida. Aquí está la raíz de la infidelidad.

 

4. La infidelidad moral de Herodes. Herodes vivía en una situación irregular con Herodías. Juan Bautista le dice la verdad: “No te es lícito vivir así”. Juan representa la voz de la conciencia.

Herodes representa al hombre que sabe lo que está mal, pero no quiere renunciar a ello. La infidelidad comienza cuando: justificamos el pecado, -silenciamos la conciencia, evitamos la conversión.

 

5. El miedo a la opinión de los demás. Herodes no mata a Juan por convicción, sino por presión. El texto dice que temía a los invitados y a sus promesas. Es decir, prefirió quedar bien con la gente antes que hacer el bien. ¡Qué actual es esto!

Hoy también podemos vivir así: miedo al qué dirán, miedo a perder prestigio, miedo a parecer incoherentes.

- El miedo a los hombres puede llevarnos a ser infieles a Dios.

 

6. El peligro de las promesas sin Dios

- Herodes hace un juramento imprudente: promete cualquier cosa.

- Un juramento sin sabiduría puede convertirse en una trampa.

- El problema no fue solo prometer, sino prometer sin pensar, sin conciencia, sin Dios.

Cuántas veces hoy: prometemos sin reflexionar, hablamos sin medir consecuencias, tomamos decisiones en momentos de emoción. La Palabra nos invita a recuperar la seriedad de la palabra dada.

 

7. El silencio de la conciencia

Herodes siente tristeza al ordenar la muerte de Juan.

Eso significa que su conciencia hablaba… pero no la escuchó.

Este es uno de los dramas del pecado:  sabemos que está mal, pero seguimos adelante. Cuando se repite, la conciencia se va apagando.

 

8. Juan Bautista: fidelidad hasta el final

Frente a Herodes, aparece Juan Bautista: fiel a la verdad, fiel a Dios, fiel a su misión. Prefiere morir antes que callar la verdad.

La fidelidad cristiana no siempre es cómoda, pero siempre es fecunda.

 

9. Dos caminos para nuestra vida

Las lecturas nos ponen delante dos caminos: David y Juan, humildad, conversión, fidelidad, confianza en Dios, Herodes, miedo, presión social, debilidad moral, incoherencia.





 

 

 

 

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