Mensajes | Sebastián Sansón Ferrari
León XIV llama a una
inculturación auténtica del Evangelio desde Guadalupe
En su mensaje
al Congreso Teológico Pastoral sobre el acontecimiento guadalupano, que se
efectúa en Ciudad de México del 24 al 26 de febrero, el Pontífice subraya que
evangelizar implica entrar con respeto y amor en la historia y cultura de los
pueblos.
“Santa María
de Guadalupe es una lección de la pedagogía divina sobre la inculturación de la
verdad salvífica”, afirma el Papa León XIV en su
mensaje al Congreso Teológico Pastoral sobre el Acontecimiento
Guadalupano, que se celebra en Ciudad de México del 24 al 26 de febrero de
2026.
El encuentro,
convocado por la Pontificia Comisión para América Latina, la Conferencia del
Episcopado Mexicano, los Caballeros de Colón y la Pontificia Academia Mariana
Internacional, busca, entre otros objetivos, reflexionar sobre el
acontecimiento guadalupano con vistas a fortalecer los procesos pastorales de
todo el continente americano y de los demás países involucrados y animar a
todas las Iglesias de las Américas y otros países implicados en el novenario
guadalupano hacia el Jubileo del 2031, cuando se cumplirán 500 años de las
apariciones de la Virgen de Guadalupe a San Juan Diego en el cerro del Tepeyac.
Guadalupe: modelo de encuentro con Cristo
En el texto,
firmado el 5 de febrero, en la memoria de san Felipe de Jesús, protomártir
mexicano, el Sucesor de Pedro introduce su reflexión reconociendo el modo
mediante el cual Dios mismo se ha manifestado y nos ha ofrecido la salvación.
En tal sentido, plantea que Él no ha querido revelarse como un ente abstracto
ni como una verdad impuesta desde fuera, sino entrando progresivamente en la
historia y dialogando con la libertad del hombre.
León XIV
sostiene que evangelizar consiste, ante todo, en hacer presente y accesible a
Jesucristo, y que toda acción de la Iglesia debe buscar introducir al ser
humano en una relación viva con Él, "que ilumina la existencia, interpela
la libertad y abre a un camino de conversión, disponiendo a acoger el don de la
fe como respuesta al Amor que da sentido y sostiene la vida en todas sus
dimensiones”.
El Santo Padre
acota que en la Virgen de Guadalupe “no se canoniza una cultura ni se
absolutizan sus categorías, pero tampoco se las ignora o se las desprecia: son
asumidas, purificadas y transfiguradas para convertirse en un lugar de
encuentro con Cristo”.
Añade:
“La Morenita
manifiesta el modo de Dios para acercarse a su pueblo; respetuoso en su punto
de partida, inteligible en su lenguaje y firme y delicado en su conducción
hacia el encuentro con la Verdad plena, con el Fruto bendito de su vientre. En
la tilma, entre rosas pintadas, la Buena Noticia entra en el mundo simbólico de
un pueblo y hace visible su cercanía, ofreciendo su novedad sin violencia ni
coacción. Así, lo sucedido en el Tepeyac no se presenta como una teoría ni como
una táctica, sino como un criterio permanente para el discernimiento de la
misión evangelizadora de la Iglesia, llamada a anunciar al Verdadero Dios por
quien se vive sin imponerlo, pero también sin diluir la radical novedad de su
presencia salvadora”.
Inculturación, un proceso exigente
León XIV
aclara que inculturar el Evangelio sigue el camino de Dios, que consiste en
“entrar con respeto y amor en la historia concreta de los pueblos para que
Cristo pueda ser verdaderamente conocido, amado y acogido desde dentro de su
propia vivencia humana y cultural”.
Subraya:
“Esto implica
asumir las lenguas, los símbolos, las formas de pensar, de sentir y de
expresarse de cada pueblo, no sólo como vehículos externos del anuncio, sino
como lugares reales en los que la gracia desea habitar y actuar”.
A su vez,
alerta que la inculturación no equivale a sacrificar la verdad cristiana
ni a adoptar la cultura local como criterio de fe:
“La
inculturación no equivale a una sacralización de las culturas ni a su adopción
como marco interpretativo decisivo del mensaje evangélico, ni puede reducirse a
una acomodación relativista o a una adaptación superficial del mensaje
cristiano, pues ninguna cultura, por valiosa que sea, puede identificarse sin
más con la Revelación ni convertirse en criterio último de la fe”
Advierte
además que "legitimar todo lo culturalmente dado o justificar prácticas,
visiones del mundo o estructuras que contradicen el Evangelio y la dignidad de
la persona sería desconocer que toda cultura —como toda realidad humana— debe
ser iluminada y transformada por la gracia que brota del misterio pascual de
Cristo”.
La
inculturación, insiste, es “un proceso exigente y purificador, mediante el cual
el Evangelio, permaneciendo íntegro en su verdad, reconoce, discierne y asume
las semina Verbi presentes en las culturas, y al mismo tiempo
purifica y eleva sus valores auténticos, liberándolos de aquello que los
oscurece o los desfigura. Estas semillas del Verbo, como huellas de la acción
previa del Espíritu, encuentran en Jesucristo su criterio de autenticidad y su
plenitud”.
Evangelizar desde la realidad concreta
El Papa
observa que hoy la transmisión de la fe ya no puede darse por supuesta,
especialmente en grandes centros urbanos y sociedades plurales donde Dios es
relegado a lo privado o se prescinde de él.
Por ello, el
Obispo de Roma resalta que la transmisión de la fe "no puede concebirse
como una repetición fragmentaria de contenidos ni como una preparación
meramente funcional para los sacramentos, sino como un verdadero camino de
discipulado, en el que la relación viva con Cristo forme creyentes capaces de
discernir, de dar razón de su esperanza y de vivir el Evangelio con libertad y
coherencia”.
Catequesis: prioridad de los pastores
León XIV
recuerda la “prioridad irrenunciable para todos los pastores”: la catequesis,
en consonancia con las recomendaciones del Documento de Aparecida de 2007:
“Está llamada
a ocupar un lugar central en la acción de la Iglesia, a acompañar de forma
continua y profunda el proceso de maduración que conduce a una fe realmente
comprendida, asumida y vivida de manera personal y consciente, incluso cuando
ello suponga ir a contracorriente de los discursos culturales dominantes”.
Durante el
Congreso, Prevost, quien fuera presidente de la Pontificia Comisión para
América Latina, anima a los participantes a inspirarse en santos
evangelizadores del continente: Toribio de Mogrovejo, Junípero Serra, Sebastián
de Aparicio, Mamá Antula, José de Anchieta, Juan de Palafox, Pedro de San José
de Betancur, Roque González, Mariana de Jesús y Francisco Solano, entre otros.
Concluye
confiando la labor de evangelización a la intercesión de Santa María de
Guadalupe, Estrella de la Nueva Evangelización, y deseando que acompañe e
inspire cada iniciativa rumbo a los 500 años de su aparición.
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