martes, 17 de marzo de 2026

Sumergirse en Cristo, hasta no hacer fondo

 

Reflexión | P. Ciprián Hilario, msc

 


Sumergirse en Cristo, hasta no hacer fondo

(Martes 17 de marzo 2026, lecturas de Ezequiel 47,1-9.12. Salmo 45,2-9 y Juan 5,1-3-6)

 

Queridos hermanos y hermanas:

Hoy la Palabra de Dios nos invita a una experiencia profunda: sumergirnos en Cristo… hasta no hacer fondo, es decir, dejarnos llevar totalmente por Él, confiar plenamente en su gracia, y permitir que transforme nuestra vida desde dentro.

Siguiendo el orden de las lecturas, veamos algunos elementos sencillos que nos ayuden a comprender mejor este mensaje:

 

1. El agua que da vida (Ezequiel 47,1-9.12). El profeta Ezequiel nos presenta una visión hermosa: un río que brota del templo. Al inicio es un pequeño hilo de agua, pero poco a poco se hace más profundo, hasta convertirse en un torrente imposible de cruzar.

Elementos para entender:

-                     Dios comienza con lo pequeño: A veces su gracia empieza como una gota en nuestra vida: una oración, una palabra, un gesto.

-                     El agua crece si la dejamos fluir: Si abrimos el corazón, Dios va actuando más profundamente.

-                     Donde llega el agua, hay vida: El texto dice que todo lo que toca el río queda sano, da fruto, florece.

Aplicación sencilla: Si dejamos que Cristo entre en nuestra vida, poco a poco Él va sanando heridas, cambiando actitudes y haciendo crecer cosas buenas.

Clave del tema: Sumergirse en Cristo es dejar que ese “río” crezca tanto en nosotros que ya no podamos controlarlo… sino confiar y dejarnos llevar.

 

2. Dios es nuestro refugio (Salmo 45). El salmo nos recuerda: “El Señor es nuestro refugio y fortaleza.”

Elementos para entender:

-                     Dios no abandona: Aunque haya problemas, dificultades o inseguridades, Él está presente.

-                     El río alegra la ciudad de Dios: Ese río del salmo conecta con el de Ezequiel: es la presencia de Dios que da paz y seguridad.

Aplicación sencilla: Cuando nos “sumergimos” en Dios, ya no vivimos con tanto miedo, porque sabemos que Él nos sostiene.

Imagen clara: Es como cuando alguien aprende a nadar: al principio tiene miedo, pero luego confía en el agua. Así es la fe: confiar en Dios.

 

3. “Levántate y camina” (Juan 5,1-3.5-16). En el Evangelio encontramos a un hombre enfermo desde hace 38 años. Está al lado de la piscina, pero no logra entrar al agua.

Jesús se le acerca y le dice: “Levántate, toma tu camilla y camina.”

Elementos para entender:

-                     El hombre estaba esperando una oportunidad que nunca llegaba.

-                     Jesús es la verdadera fuente de sanación, no solo el agua.

-                     Dios no quiere que nos quedemos paralizados, sino que demos pasos.

Aplicación sencilla: A veces nosotros también estamos “tirados”:

-                     en el desánimo

-                     en el pecado

-                     en la rutina

Esperamos que todo cambie solo… pero Jesús nos dice: “Levántate”

Clave del tema: Sumergirse en Cristo no es quedarse pasivo, sino:

-                     confiar en Él

-                     obedecer su palabra

-                     dar el paso, aunque cueste

 

4. Sumergirse en Cristo: hasta no hacer fondo Uniendo las tres lecturas:

-                     El río de Ezequiel es la gracia que crece

-                     El salmo es la confianza en Dios

-                     El Evangelio es la acción concreta de levantarse

Entonces, ¿qué significa “no hacer fondo”?

-                     No poner límites a Dios

-                     No quedarnos en la orilla de la fe

-                     No vivir una fe superficial

Sino: confiar totalmente. dejarnos transformar. vivir según su voluntad

 

5. Para la vida diaria (puntos concretos). Para la gente sencilla, esto se puede vivir así:

- Orar cada día, aunque sea poco. Confiar en Dios en los problemas. Dejar el pecado que nos paraliza. Dar pequeños pasos de fe. No tener miedo de cambiar

 

Conclusión. Queridos hermanos y hermanas, Dios hoy nos invita a no quedarnos en la orilla. No basta con “mojarse los pies” en la fe. Él quiere que nos sumerjamos completamente en su amor, hasta el punto de no hacer fondo… es decir, hasta confiar totalmente en Él. Y cuando lo hagamos, veremos cómo:

-                     nuestra vida sana,

-                     nuestro corazón cambia, y comenzamos a caminar de verdad.

 

Que el Señor nos dé la gracia de levantarnos, confiar y sumergirnos en Él. Amén.








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