jueves, 30 de abril de 2026

Relación entre quien envía y el que es enviado


Reflexión | P. Ciprián Hilario, msc

 


Relación entre quien envía y el que es enviado

(Jueves 30 abril 2026, Cuarto de Pascua, lecturas: Hechos de los Apóstoles 13,13-25. Salmo 88,2-27. San Juan 13,16-20)

 

Queridos hermanos y hermanas:

La Palabra de Dios hoy nos invita a contemplar una relación muy importante: la relación entre quien envía y el que es enviado. No se trata solo de una misión, sino de una unión profunda, de confianza, de fidelidad y de identidad.

Siguiendo el orden de las lecturas, veamos algunos elementos sencillos que nos ayudan a entender este mensaje:

 

1. En la primera lectura (Hechos 13,13-25): Dios es quien envía y guía la historia

- Dios es el primer enviado: Él escoge a su pueblo y lo conduce con paciencia a lo largo del tiempo.

- Envía líderes como Moisés, jueces, reyes… y finalmente prepara la llegada del Salvador.

- Vemos cómo Dios no abandona su misión, aunque el pueblo sea débil o infiel.

- El enviado no actúa por cuenta propia: es instrumento de un plan mayor.

- San Juan Bautista aparece como el enviado que prepara el camino: él sabe que no es el centro, sino el que anuncia a otro.

- El enviado auténtico reconoce sus límites y dirige siempre hacia Dios.

Para la gente sencilla: Dios también nos envía en pequeñas misiones diarias: en la familia, en el trabajo, en la comunidad.

 

2. En el Salmo 88: La fidelidad entre quien envía y el enviado

- Dios promete y cumple su alianza.

- La relación entre Dios y su elegido (como David) es una relación de amor y fidelidad.

- El enviado puede confiar porque sabe que no está solo.

- Dios sostiene, fortalece y acompaña al que envía.

- La misión no depende solo de nuestras fuerzas, sino de la gracia de Dios.

Para nosotros: cuando Dios nos envía, también nos da la fuerza necesaria para cumplir la misión.

 

3.- En el Evangelio (Juan 13,16-20):  Jesús revela la clave de la misión

- Jesucristo es el enviado del Padre por excelencia.

- Él nos enseña que: “el enviado no es más que el que lo envía”.

- Esto significa que el discípulo vive en humildad y obediencia.

- Quien recibe al enviado, recibe también a quien lo envió: hay una unidad profunda.

- Jesús nos envía a nosotros, así como Él fue enviado por el Padre.

- La misión no es buscar honores, sino servir como Él sirvió.

Para la vida diaria: cuando actuamos con amor, servicio y verdad, estamos representando a Cristo mismo.

 

Conclusión

Queridos hermanos y hermanas, la relación entre quien envía y el enviado se basa en tres cosas sencillas:

- Confianza: Dios confía en nosotros.

- Fidelidad: estamos llamados a cumplir la misión con amor.

- Unidad: no vamos solos, vamos en nombre de Dios.

 

Hoy preguntémonos:

- ¿Soy consciente de que Dios me envía cada día?

- ¿Actúo como representante suyo en mi vida cotidiana?

Que el Señor nos conceda la gracia de ser buenos enviados, humildes, fieles y llenos de amor. Amén.






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