jueves, 25 de junio de 2026

Escuchar la Palabra


Reflexión | P. Ciprián Hilario, msc

 


Escuchar la Palabra

(Jueves 25 junio 2026. Duodécima semana tiempo ordinario, lecturas: 2Reyes 24,8-17. Salmo 78,1-9. San Mateo 7,21-29)

 

Queridos hermanos y hermanas:

La Palabra de Dios de hoy nos invita a reflexionar sobre un tema fundamental para nuestra vida cristiana: escuchar la Palabra de Dios y ponerla en práctica. No basta con oírla; es necesario que transforme nuestro corazón y nuestras acciones.

 

1. Primera lectura: Dios corrige a su pueblo (2 Reyes 24,8-17).

En la primera lectura contemplamos uno de los momentos más dolorosos de la historia de Israel. El rey Joaquín y gran parte del pueblo son llevados al destierro en Babilonia. Esta tragedia no sucede por casualidad, sino como consecuencia de haberse apartado de Dios y de no haber escuchado sus llamados a la conversión.

¿Qué nos enseña esta lectura?

-                     Dios habla constantemente a su pueblo a través de sus profetas.

-                     Cuando cerramos el corazón a su Palabra, terminamos tomando caminos equivocados.

-                     El pecado tiene consecuencias personales y comunitarias.

-                     Aun en medio del castigo, Dios no abandona a su pueblo, sino que busca su conversión.

También nosotros debemos preguntarnos: ¿estoy escuchando la voz de Dios o solamente la voz de mis intereses, de mis caprichos y de las corrientes del mundo?

 

2. Salmo responsorial: Reconocer nuestras faltas (Salmo 78).

El salmista contempla la desgracia del pueblo y eleva una súplica humilde:

"No recuerdes para nuestro daño las culpas de nuestros padres."

Este salmo nos enseña:

-                     La importancia de reconocer nuestros pecados.

-                     La necesidad de acudir a la misericordia de Dios.

-                     Que la verdadera escucha de la Palabra comienza con un corazón humilde.

-                     Que Dios siempre está dispuesto a perdonar al que se arrepiente sinceramente.

No hay crecimiento espiritual sin humildad. Quien escucha a Dios reconoce que necesita cambiar y convertirse cada día.

 

3. Evangelio: No basta decir "Señor, Señor" (Mateo 7,21-29)

En el Evangelio, Jesús concluye el Sermón de la Montaña con una enseñanza decisiva:

"No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el Reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre." Aquí encontramos el centro del mensaje de hoy.

Jesús presenta dos constructores:

-                     El hombre prudente que edifica sobre roca.

-                     El hombre necio que construye sobre arena.

La diferencia no está en escuchar, porque ambos escuchan la palabra. La diferencia está en que uno la pone en práctica y el otro no.

Algunas enseñanzas para nuestra vida:

-                     La fe no consiste solamente en rezar o participar en celebraciones.

-                     Escuchar la Palabra significa obedecerla.

-                     La roca firme es Cristo y su Evangelio.

Las tormentas llegarán a todos: enfermedades, problemas familiares, dificultades económicas y pruebas espirituales.

Quien vive según la Palabra permanece firme aun en medio de las dificultades.

 

4. Aplicación para nuestra vida

Hoy el Señor nos invita a examinarnos:

-                     ¿Escucho la Palabra de Dios con atención?

-                     ¿Leo y medito el Evangelio diariamente?

-                     ¿Perdono como Cristo me enseña?

-                     ¿Practico la caridad con los más necesitados?

-                     ¿Mi fe se queda en palabras o se convierte en obras?

El verdadero discípulo no es el que conoce muchos textos bíblicos, sino el que vive según ellos.

 

Conclusión

Queridos hermanos y hermanas, las lecturas de hoy nos recuerdan que la desgracia de Israel comenzó cuando dejó de escuchar a Dios, mientras que Jesús nos enseña que la seguridad de nuestra vida depende de construir sobre la roca de su Palabra.

Pidamos al Señor la gracia de tener un corazón dócil, capaz de escuchar, creer y practicar su Palabra, para que cuando lleguen las tormentas de la vida permanezcamos firmes en la fe y alcancemos la alegría del Reino de los cielos. Amén.







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