miércoles, 17 de junio de 2026

Vivir de cara a Dios


Reflexiones | P. Ciprián Hilario, msc

 


Vivir de cara a Dios

(Miércoles 17 de junio 2026, de la XI Semana del Tiempo Ordinario, lecturas: 2 Reyes 2,1.6-14; Salmo 30,20-24; Mateo 6,1-6.16-18)

 

Queridos hermanos y hermanas:

La Palabra de Dios de este día nos invita a reflexionar sobre un tema muy importante para nuestra vida cristiana: “Vivir de cara a Dios”. En una sociedad donde muchas veces buscamos la aprobación de los demás, el Señor nos enseña que el verdadero discípulo vive mirando a Dios, buscando agradarle a Él y confiando en su presencia.

 

1. Eliseo vive de cara a Dios y recibe la misión del profeta. En la primera lectura vemos el momento en que el profeta Elías es llevado al cielo. Antes de partir, pregunta a Eliseo qué desea recibir. Eliseo pide una doble porción de su espíritu, no por ambición, sino porque desea continuar fielmente la misión recibida.

Cuando Elías desaparece, Eliseo recoge el manto y atraviesa el Jordán confiando en el poder de Dios. No se queda llorando el pasado; asume con valentía la responsabilidad del presente.

¿Qué nos enseña esto para hoy?

-                     Vivir de cara a Dios significa estar disponibles para la misión que Él nos confía.

-                     No podemos depender siempre de las personas; debemos apoyarnos en Dios.

-                     Cada generación está llamada a continuar la obra evangelizadora de quienes nos precedieron.

-                     Cuando confiamos en Dios, Él nos concede la fuerza necesaria para afrontar nuestros desafíos.

También nosotros hemos recibido un "manto": nuestra fe, nuestro bautismo, nuestra vocación y nuestro compromiso cristiano. El Señor nos pregunta hoy si estamos dispuestos a asumir nuestra responsabilidad en la familia, en la comunidad y en la Iglesia.

 

2. El Señor protege a quienes confían en Él. El Salmo responsorial proclama: "Sean fuertes y valientes de corazón los que esperan en el Señor."

El salmista experimenta que Dios es refugio, fortaleza y protección. Quien vive de cara a Dios descubre que nunca está solo.

En medio de tantas incertidumbres, violencia, problemas económicos y preocupaciones familiares, la Palabra nos recuerda que la esperanza cristiana no se fundamenta en las circunstancias, sino en la fidelidad de Dios.

Por eso:

-                     No debemos dejarnos vencer por el desánimo.

-                     Hemos de cultivar una confianza profunda en el Señor.

-                     La oración constante fortalece nuestro corazón.

-         Dios nunca abandona a quienes ponen su vida en sus manos.

 

3. Jesús nos invita a una fe auténtica. En el Evangelio, Jesús habla de tres prácticas fundamentales de la vida espiritual judía y cristiana: la limosna, la oración y el ayuno.

Lo más llamativo es que Jesús no critica estas prácticas; al contrario, supone que sus discípulos las realizarán. Lo que cuestiona es la intención con que se hacen.

Repite varias veces: "Tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará."

Aquí encontramos el centro del mensaje:

-                     La limosna no debe buscar aplausos.

-                     La oración no debe convertirse en espectáculo.

-                     El ayuno no debe hacerse para aparentar santidad.

Jesús nos invita a vivir una relación sincera con Dios, sin máscaras ni hipocresías.

Hoy existe la tentación de vivir pendientes de la imagen, de la aprobación y del reconocimiento público. Sin embargo, el cristiano auténtico sabe que lo más importante no es cómo nos ven los demás, sino cómo nos ve Dios.

 

4. Vivir de cara a Dios en la vida cotidiana La Palabra nos invita hoy a preguntarnos:

-                     ¿Busco agradar a Dios o impresionar a las personas?

-                     ¿Mi oración nace del amor o de la costumbre?

-                     ¿Ayudo a los necesitados por compasión o para ser reconocido?

-                     ¿Mi fe se manifiesta también cuando nadie me observa?

Vivir de cara a Dios significa actuar correctamente incluso cuando nadie nos ve; mantener la honestidad cuando podríamos aprovechar una ventaja; servir sin esperar recompensa; amar sin buscar reconocimiento.

La santidad comienza en lo escondido, en esos pequeños actos de fidelidad que sólo Dios conoce.

 

Conclusión

Queridos hermanos y hermanas, la primera lectura nos presenta a Eliseo que recibe el espíritu de Elías y continúa la misión confiando en Dios. El salmo nos invita a ser fuertes y esperar en el Señor. Y el Evangelio nos recuerda que el Padre ve el corazón y conoce lo que hacemos en secreto.

Pidamos hoy la gracia de vivir siempre de cara a Dios, buscando su voluntad más que los aplausos del mundo. Que nuestras obras de caridad, nuestra oración y nuestros sacrificios nazcan de un corazón sincero que desea amar y servir al Señor.






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