viernes, 17 de julio de 2026

Misericordia siempre


Reflexión | P. Ciprián Hilario, msc

 


Misericordia siempre

(Viernes 17 de julio 2026. Decima quinta semana tiempo ordinario, lecturas: Isaías 38,1-6.21-22.7-8. Salmo 38,10.11.12.16. San Mateo 12,1-8)

 

Queridos hermanos y hermanas:

La Palabra de Dios que hoy hemos escuchado nos invita a contemplar un rasgo esencial del corazón de Dios: la misericordia siempre. Dios no se cansa de buscarnos, de perdonarnos y de darnos nuevas oportunidades. Las lecturas nos enseñan que la misericordia de Dios es más grande que nuestras debilidades y que nosotros estamos llamados a vivir esa misma misericordia con los demás.

 

1. Isaías 38,1-6.21-22.7-8: Dios escucha el clamor del que confía en Él. La primera lectura nos presenta al rey Ezequías gravemente enfermo. El profeta Isaías le comunica que su muerte está cerca. Humanamente todo parece perdido, pero Ezequías no se desespera; vuelve su rostro hacia el Señor y ora con lágrimas.

Dios escucha esa oración y responde con inmensa misericordia: "He escuchado tu oración, he visto tus lágrimas."

Este pasaje nos deja varias enseñanzas:

-                     Dios nunca es indiferente a nuestro sufrimiento.

-                     Las lágrimas derramadas delante de Dios tienen un gran valor.

-                     La oración sincera puede transformar nuestra vida.

Dios siempre está dispuesto a concedernos una nueva oportunidad cuando acudimos a Él con un corazón humilde.

¡Cuántas veces nosotros buscamos soluciones en todas partes y dejamos a Dios para el final! Hoy el Señor nos recuerda que la primera puerta que debemos tocar es la de la oración.

 

2. El Salmo 38: La esperanza puesta solamente en Dios. El salmista reconoce su fragilidad y exclama: "Señor, ven pronto en mi ayuda."

No presume de sus fuerzas ni de sus méritos. Reconoce que necesita de Dios.

También nosotros vivimos momentos de enfermedad, problemas familiares, dificultades económicas, incertidumbres y preocupaciones. El salmo nos enseña que nunca debemos perder la esperanza. Quien confía en Dios descubre que su misericordia nunca falla.

 

3. Mateo 12,1-8: "Misericordia quiero y no sacrificios". En el Evangelio, los fariseos critican a los discípulos porque arrancan espigas en sábado para comer.

-                     Mientras ellos sólo ven una infracción a la ley, Jesús ve personas con hambre.

-                     Mientras ellos juzgan, Jesús comprende.

-                     Mientras ellos condenan, Jesús tiene misericordia.

-                     Por eso les recuerda aquellas palabras del profeta Oseas: "Misericordia quiero y no sacrificios."

Jesús no desprecia la Ley; la lleva a su plenitud mostrando que el amor está por encima del legalismo.

Muchas veces nosotros podemos caer en la actitud de los fariseos:

-                     juzgando rápidamente a los demás;

-                     fijándonos más en los errores que en las personas;

-                     siendo exigentes con otros y muy comprensivos con nosotros mismos.

-                     Jesús nos invita a mirar con los ojos del corazón.

 

4. La misericordia siempre debe estar por encima del juicio.

- La misericordia no significa aprobar el pecado, sino amar al pecador para ayudarlo a levantarse.

- Una familia necesita misericordia.

- Nuestros matrimonios necesitan misericordia.

- Las comunidades necesitan misericordia.

- La Iglesia necesita misericordia.

- El mundo necesita misericordia.

Cuando falta misericordia aparecen las divisiones, los resentimientos, los chismes y las condenas. Cuando hay misericordia nace el perdón, la reconciliación y la paz.

 

5. ¿Cómo vivir esta Palabra? Hoy el Señor nos invita a preguntarnos:

-                     ¿Soy capaz de acudir a Dios cuando sufro como hizo Ezequías?

-                     ¿Confío verdaderamente en la misericordia del Señor?

-                     ¿Soy rápido para juzgar o para comprender?

-                     ¿Sé perdonar como Dios me perdona?

-                     ¿Mi trato con los demás refleja el corazón misericordioso de Cristo?

La mejor manera de dar gracias por la misericordia recibida es practicarla con quienes viven a nuestro lado.

 

Conclusión

Queridos hermanos y hermanas, hoy Jesús nos recuerda que el verdadero discípulo no se distingue solamente por cumplir normas religiosas, sino por tener un corazón semejante al suyo.

Pidámosle al Señor que nos conceda la gracia de experimentar cada día su misericordia y de convertirnos en instrumentos de esa misma misericordia para nuestras familias, nuestra comunidad y todas las personas que encontremos en el camino.

Que la Santísima Virgen María, Madre de la Misericordia, nos enseñe a tener un corazón compasivo, humilde y dispuesto siempre a amar como ama su Hijo Jesucristo. Amén.







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