Humanismo Integral | Patricia Ynestroza
La dignidad humana: don de
Dios no es "objeto” del que se pueda disponer
La persona
humana no vale por lo que tiene, por lo que hace ni por las capacidades que
posee. Su dignidad nace de algo mucho más profundo: haber sido creada por Dios
a su imagen y semejanza y haber sido redimida por Cristo. Desde esta verdad,
Gaudium et spes sigue ofreciendo una mirada profundamente actual sobre quiénes
somos y cómo estamos llamados a vivir con los demás.
En su
catequesis de hoy, el Papa León retoma la reflexión del Concilio Vaticano II
sobre la dignidad de la persona humana, uno de los temas centrales de la
Constitución Gaudium et spes. La Constitución reconoce que el esfuerzo de
la humanidad por defender los derechos y la dignidad de cada persona constituye
uno de los grandes logros de la historia. Sin embargo, advierte también que
este camino no está terminado. Todavía existen situaciones y decisiones que
desfiguran la dignidad humana y dificultan que sea reconocida en toda su
profundidad.
Momento de ternura del Papa León XIV (@Vatican Media)
La dignidad humana brota del mismo ser de la persona
El Papa afirmó
en su catequesis que la Iglesia ofrece con
claridad su contribución, recordando oque la dignidad humana brota del mismo
ser de la persona. La dignidad de la persona, señaló, no es algo que la
recibe de la sociedad ni que pueda perder por sus circunstancias. No depende de
la riqueza, de la posición social, de las capacidades, de los éxitos o
fracasos, ni siquiera de las decisiones acertadas o equivocadas que pueda
tomar. La dignidad pertenece al mismo ser de la persona. Es un don que la
precede y que tiene su origen en Dios.
“La dignidad
infinita del ser humano, por tanto, se arraiga en su identidad de criatura
hecha «“a imagen de Dios”, capaz de conocer y amar a su Creador», proyecto y
don de amor que trasciende las demás realidades creadas, las cuales están
confiadas a su cuidado «para gobernarla y usarla glorificando a Dios»”
Más adelante,
el Santo Padre recordó que la persona implica siempre relación, comunión y
participación con respecto a Dios y a los demás;
“Por lo tanto,
una relación filial con Dios Padre y una relación fraterna con Cristo y con
todos los seres humanos. Excluye los cierres autorreferenciales. Ser persona
significa percibirse a sí mismo como un don que hay que compartir, creciendo y
madurando en la acogida, la reciprocidad y el servicio.”
El Papa con los fieles en la Plaza de San Pedro (@Vatican Media)
El cuerpo humano no puede ser tratado como un objeto
Gaudium et
spes presenta
además al ser humano como una unidad de cuerpo y alma. La dignidad abarca a la
persona entera y, por eso, el cuerpo tampoco puede ser tratado como un simple
objeto del que se pueda disponer arbitrariamente. La vida corporal forma parte
de la persona y merece respeto y cuidado.
“«No debe […]
despreciar la vida corporal del hombre», y es necesario «tener por bueno y
honrar a su propio cuerpo, como criatura de Dios que ha de resucitar en el
último día», vigilando que este no «permita que lo esclavicen las inclinaciones
depravadas de su corazón» (GS, 14), puesto que todos nosotros estamos heridos
por el pecado.”
El Papa en la Plaza de San Pedro (@Vatican Media)
La inteligencia, la conciencia y la libertad
La dignidad se
manifiesta de manera especial en tres capacidades que caracterizan a la
persona: la inteligencia, la conciencia y la libertad. La inteligencia nos
impulsa a buscar la verdad. La conciencia permite reconocer esa verdad y
orientar la propia vida. Y la libertad nos hace capaces de decidir y, al mismo
tiempo, responsables de nuestras decisiones.
“Son dimensiones estrechamente vinculadas entre sí: es en la conciencia donde la verdad es reconocida como tal y donde la libertad puede experimentarla como su fundamento y posibilidad.”
El Espíritu
Santo, que da vida en Cristo, nos recordó el Papa, nos hace libres y nos
asegura constantemente nuestra dignidad de hijos de Dios, liberándonos del
miedo y guiándonos hacia la meta última: aquella vida en plenitud más allá de
la muerte que Cristo nos ha prometido: solo en Él encuentra verdadera luz el
misterio del hombre; de Él recibimos luz sobre el enigma del dolor y de la
muerte, y con Él caminamos hacia la resurrección.
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