Reflexión | P. Ciprián Hilario, msc
La mente de Cristo
(Martes
1ro de septiembre 2026. Vigésima segunda semana tiempo ordinario, lecturas:
1corintios 2,10-16. Salmo 144,8-14. San Lucas 4,31-37)
Queridos
hermanos y hermanas:
La
Palabra de Dios que hoy hemos escuchado nos invita a entrar en un misterio muy
hermoso: tener la mente de Cristo. San Pablo nos dice: “Nosotros
tenemos la mente de Cristo”. Esto significa que el cristiano no está
llamado solamente a creer en Jesús, sino también a pensar como Jesús, mirar
como Jesús, sentir como Jesús y actuar como Jesús.
La
pregunta que podemos hacernos hoy es: ¿Tengo la mente de Cristo o estoy
viviendo solamente según mis propios criterios?
1.
Primera lectura: 1 Corintios 2,10-16 — El Espíritu nos hace conocer
a Dios. San Pablo nos habla de algo que el ser humano no puede descubrir
solamente con su inteligencia: los misterios de Dios.
Dice
el Apóstol que el Espíritu Santo conoce lo profundo de Dios y que nosotros
hemos recibido el Espíritu para poder conocer lo que Dios nos ha regalado.
Aquí
encontramos el primer elemento para nuestra vida: Para tener la mente de
Cristo necesitamos dejarnos iluminar por el Espíritu Santo.
Muchas
veces queremos resolverlo todo con nuestra propia inteligencia. Pensamos: “Yo
sé lo que tengo que hacer”, “yo tengo experiencia”, “yo conozco a
esa persona”, “yo sé cómo son las cosas”.
Pero
la Palabra de Dios nos recuerda que la sabiduría humana no es suficiente para
comprender las cosas de Dios.
Una
persona puede tener muchos conocimientos y, sin embargo, no tener sabiduría.
Puede saber mucho y amar poco. Puede conocer muchas cosas y no conocer a Dios.
Por
eso debemos pedir: “Señor, dame tu Espíritu para pensar como Tú
piensas.”
Tener
la mente de Cristo significa aprender a preguntarnos:
-
¿Qué haría Jesús en esta situación?
-
¿Cómo trataría Jesús a esta persona?
-
¿Cómo respondería Jesús ante una ofensa?
-
¿Cómo miraría Jesús al pobre, al enfermo y al que
se ha equivocado?
-
¿Qué quiere Dios de mí en este momento?
La
mente de Cristo cambia nuestra manera de ver la vida.
2.
Salmo 144
— “El Señor es bueno con todos”. El salmo nos presenta el rostro
misericordioso de Dios: “El Señor es clemente y misericordioso, lento a la
cólera y rico en piedad.”
Este
es otro elemento importante: Tener la mente de Cristo es aprender a
tener un corazón misericordioso.
Dios
no mira al ser humano solamente por sus errores. Dios mira también sus heridas,
sus luchas, sus debilidades y sus posibilidades.
-
Nosotros muchas veces juzgamos rápidamente. Dios,
en cambio, tiene paciencia.
-
Nosotros podemos decir: “Ese no sirve”.
Dios dice: “Todavía puede cambiar”.
-
Nosotros decimos: “Ya no hay nada que hacer con
esa persona”. Dios responde: “Mientras tenga vida, hay esperanza”.
Por
eso, si queremos tener la mente de Cristo, tenemos que aprender a mirar a las
personas con misericordia.
No
significa aprobar el pecado. Significa amar al pecador y ayudarlo a
levantarse.
Una
familia cambia cuando sus miembros dejan de juzgarse
constantemente y comienzan a comprenderse.
Una
comunidad cambia cuando dejamos de hablar mal unos de otros y comenzamos
a orar unos por otros.
La
Iglesia se hace más fuerte cuando sus hijos tienen un corazón
semejante al corazón de Cristo.
3.
Evangelio: Lucas 4,31-37 — Jesús enseña con autoridad. En el
Evangelio encontramos a Jesús en la sinagoga de Cafarnaúm. La gente estaba
admirada porque Jesús enseñaba con autoridad.
Y
aparece un hombre que tenía un espíritu inmundo. El espíritu reconoce quién es
Jesús y grita: “¡Ah! ¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a
acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios.”
Jesús
le ordena: “¡Cállate y sal de ese hombre!” Y el demonio salió de él.
Aquí
encontramos un tercer elemento: La mente de Cristo sabe distinguir el
bien del mal y tiene autoridad para vencer el mal.
Jesús
no negocia con el mal. Jesús no dialoga con aquello que destruye al ser
humano. Jesús libera. Y esto tiene una aplicación muy concreta para nuestra
vida.
También
nosotros tenemos que aprender a decir:
-
“¡Cállate y sal!”
-
Cállate, al odio.
-
Cállate, al resentimiento.
-
Cállate, a la mentira.
-
Cállate, a la calumnia.
-
Cállate, a la violencia.
-
Cállate, a la envidia.
-
Cállate, a los pensamientos que destruyen nuestra
dignidad.
-
Y sal de mi corazón, todo aquello que me aparta de
Dios.
Hay
cosas que no debemos alimentar. Hay pensamientos que debemos rechazar.
Hay conversaciones que no nos hacen bien. Hay ambientes que nos alejan
de Dios. Hay hábitos que poco a poco destruyen nuestra vida espiritual.
La
mente de Cristo nos ayuda a reconocer: esto me acerca a Dios y
esto me aleja de Dios.
4.
Jesús libera al ser humano
Notemos
algo muy importante en el Evangelio: Jesús no vino a esclavizar al hombre, sino
a liberarlo.
-
Donde llega Jesús, llega la libertad.
-
Donde llega Jesús, el mal pierde poder.
-
Donde llega Jesús, el ser humano recupera su
dignidad.
Por eso
necesitamos llevar a Cristo a nuestra mente, a nuestro corazón, a
nuestra familia y a nuestra comunidad.
-
Cuando Cristo entra en nuestros pensamientos,
cambia nuestras palabras.
-
Cuando Cristo entra en nuestras palabras, cambia
nuestras relaciones.
-
Cuando Cristo entra en nuestras relaciones, cambia
nuestra familia.
-
Y cuando Cristo cambia nuestra familia, cambia
también nuestra sociedad.
5.
¿Qué significa concretamente tener la mente de Cristo?
Hermanos
y hermanas, podemos llevarnos hoy cinco propósitos:
Primero: pensar antes
de hablar y preguntarnos: ¿Esto que voy a decir lo diría Jesús?
Segundo: antes de
juzgar a alguien, preguntarnos: ¿Cómo lo está mirando Jesús?
Tercero: ante una
ofensa, preguntarnos: ¿Cómo respondería Jesús?
Cuarto: ante una
tentación, tener la valentía de decir: “¡No!”
Quinto: ante una
dificultad, no quedarnos solamente con nuestros propios criterios, sino decir:
“Señor, ilumíname con tu Espíritu.”
Conclusión
Queridos
hermanos y hermanas, hoy San Pablo nos dice algo extraordinario: “Nosotros
tenemos la mente de Cristo.”
No
se trata simplemente de conocer muchas cosas acerca de Jesús. Se trata de dejar
que Jesús transforme nuestra manera de pensar.
Que
podamos pensar como Cristo, amar como Cristo, perdonar como Cristo, servir como
Cristo y mirar a los demás como Cristo.
Pidamos
hoy al Espíritu Santo:
-
Señor, cambia mi manera de pensar.
-
Quita de mi mente todo aquello que no viene de Ti.
-
Dame pensamientos de paz, de misericordia y de
esperanza.
-
Dame un corazón como el de Cristo.
-
Y que, en mis palabras, en mis decisiones y en mis
acciones, se pueda reconocer que tengo la mente de Jesús. Amén.
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