Humanismo Integral | Isabella Piro
Los Papas y el 11/09: la luz
de Cristo en el momento más oscuro de la historia
Las
reflexiones de los pontífices sobre los ataques de hace 25 años y los
reiterados llamamientos a la paz y la reconciliación. Porque, incluso ante el
horror indescriptible, el mal y la muerte no tienen la última palabra.
Es el 11 de
septiembre de 2001. Los Estados Unidos de América acaban de sufrir cuatro
ataques suicidas que, en diferentes zonas del país, han causado casi tres mil
víctimas. Juan Pablo II se encuentra en Castel Gandolfo: tras ser informado por
teléfono por el director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Joaquín
Navarro-Valls, queda profundamente conmocionado por lo ocurrido. De inmediato
se recoge en oración en la capilla del Palacio Apostólico. Luego, envía
un telegrama de condolencias y solidaridad al
presidente de EE. UU., George W. Bush. Seis líneas escritas en letra de
imprenta, la propia de los documentos oficiales, pero las palabras elegidas por
el Papa Wojtyła son profundamente humanas y expresan el dolor del mundo entero:
el Pontífice habla de un «indescriptible horror», definiendo los atentados
terroristas como «inhumanos» y ese momento histórico como «oscuro y trágico».
Una afrenta a la dignidad humana
Al día
siguiente es miércoles y en la Plaza de San Pedro se celebra la audiencia general. Por deseo del Obispo de Roma, no
hay aplausos; los fieles permanecen en un silencio compuesto. «Ayer fue
un día tenebroso en la historia de la humanidad, una
terrible afrenta contra la dignidad del hombre», dice Juan Pablo
II, para luego plantear la pregunta que habita en el corazón de todos: «¿Cómo
pueden verificarse episodios de una crueldad tan salvaje?». La respuesta,
continúa, está en Cristo, fundamento de la esperanza, Aquel que hace que el mal
y la muerte no tengan la última palabra.
Juan Pablo II sumido en oración
No la venganza, sino la unidad y el diálogo
Mientras
tanto, en esas mismas horas, en Roma se celebra el 180.º Capítulo General
Ordinario de la Orden de San Agustín. También participa en él el padre Robert
Francis Prevost, estadounidense, futuro León XIV, quien el 14 de septiembre, el
día de su cumpleaños, es elegido prior general. Le corresponde, pues, presidir
el 21 de septiembre la misa de clausura de los trabajos, en la iglesia de Santa
María del Pueblo: «No podemos dejar de recordar los trágicos sucesos que el 11
de septiembre sacudieron a Estados Unidos —afirma en la homilía—. La violencia
que el mundo vio la semana pasada en Estados Unidos es una trágica expresión de
una serie de problemas que se están agravando en todas partes. El odio y la
violencia seguirán aumentando mientras haya tantas personas obligadas a vivir
en extrema pobreza, oprimidas por tantas formas de injusticia». «Mientras
muchos buscan venganza —concluye— los agustinos deben dar testimonio del
Evangelio y de sus valores de unidad, diálogo, paz y reconciliación».
La ferocidad del terrorismo se vence con el amor
Ha pasado un
año, y los llamamientos de Juan Pablo II a la paz se suceden sin cesar. El 11
de septiembre de 2002 es miércoles y, en la audiencia general, el Papa recuerda «el cruel
atentado» de doce meses antes, el derrumbe de las Torres Gemelas, las vidas de
tantos inocentes sepultadas bajo los escombros. Con firmeza, el Pontífice
reitera que «el terrorismo es y será siempre una manifestación de crueldad
inhumana» y que «el atropello, la violencia armada y la guerra son opciones que
sólo siembran y engendran odio y muerte». «Únicamente la razón y el amor son
medios válidos para superar y resolver los conflictos entre las personas y los
pueblos», concluye.
El valor de trabajar por la paz
La paz
invocada por Karol Wojtyła se refuerza en la oración de su sucesor, Benedicto XVI. Es el 20 de abril de 2008 y,
durante su viaje apostólico a Estados Unidos, Joseph Ratzinger se dirige a la
Zona Cero. Allí donde antes se alzaban las Torres Gemelas, hay un profundo
hueco, casi una metáfora del abismo del mal. Pero a su alrededor, todo es una
obra en construcción, símbolo de la esperanza que renace y reconstruye. En
silencio, el Pontífice enciende una vela para conmemorar a las víctimas; luego
se arrodilla y le pide al Señor que conceda su paz «a nuestro violento mundo» y
que conceda a la humanidad «la sabiduría y el coraje para trabajar
incansablemente por un mundo en el que la verdadera paz y el amor reinen entre
las naciones y en los corazones de todos».
Benedicto XVI en oración en Ground Zero
Cada vida humana es preciosa
Tres años
después, el 11 de septiembre de 2011, en el décimo aniversario de los ataques
terroristas, Benedicto XVI envía una carta al presidente de la
Conferencia Episcopal de Estados Unidos, el arzobispo de Nueva York Timothy
Dolan, nombrado cardenal en febrero de ese mismo año. Al recordar el «sombríos
sucesos» de diez años antes, lo define como una «tragedia» agravada aún más «por
la reivindicación de sus autores de actuar en nombre de Dios». Con firmeza,
pues, invita a «afirmar inequívocamente que ninguna circunstancia jamás puede
justificar actos de terrorismo. Cada vida humana es preciosa ante los ojos de
Dios y no se debería escatimar ningún esfuerzo en el intento de promover en
todo el mundo un respeto genuino por los derechos inalienables y la dignidad de
los individuos y los pueblos en todo lugar».
Un dolor palpable que clama al cielo
El Papa
Francisco también se dirige a la Zona Cero, que entretanto se ha convertido en
un monumento conmemorativo compuesto por dos piletas llenas de agua, del tamaño
de los cimientos de las Torres Gemelas. En los bordes están grabados los
nombres de las 2974 víctimas de 90 nacionalidades diferentes. Durante el encuentro interreligioso que se celebra aquí el 25 de
septiembre de 2015, el Pontífice describe los atentados del 11 de septiembre
como «un acto insensato de destrucción» y habla de un «dolor palpable»,
«desgarrador», que «deja atónitos y grita al cielo». El agua que vemos corres
hacie ese centro vacío, dice Jorge Mario Bergoglio, « nos recuerda todas esas
vidas que se fueron bajo el poder de aquellos que creen que la destrucción es
la única forma de solucionar los conflictos». Pero «la lógica de la violencia,
del odio, de la revancha solo puede causar dolor, sufrimiento, destrucción,
lágrimas». La vida, en cambio, «siempre está destinada a triunfar sobre los
profetas de la destrucción, sobre la muerte», porque «la reconciliación y la
unidad vencerán sobre el odio y a la división». «Pidamos al cielo el don de
empeñarnos por la causa de la paz —concluye el Obispo de Roma—Paz en este mundo
vasto que Dios nos lo ha dado como casa de todos y para todos. Tan solo, PAZ ».
El Papa Francisco rinde homenaje a las víctimas de los atentados (Ground
Zero, 25 de septiembre de 2015)
¡Nunca más unos contra otros!
Ante la paz,
«no podemos ser indiferentes ni neutrales», dirá además Francisco el 11 de
septiembre de 2021. La ocasión es el Foro Interreligioso del G20 celebrado en
Bolonia bajo el lema «Es hora de sanar: paz entre las culturas, comprensión
entre las religiones». En un mensaje a los participantes, el Papa
vuelve a subrayar: «¡No neutrales, sino comprometidos con la paz! Invocamos el
ius pacis, como derecho de todos a resolver los conflictos sin violencia». Y
concluye: «¡Nunca más la guerra, nunca más contra los demás, nunca más sin los
demás!», porque al final «los jóvenes y la historia nos juzgarán por esto».
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