Reflexión | P. Ciprián Hilario, msc
Creer en la Buena nueva
(Lunes
12 de enero 2026 | Lecturas 1 Samuel 1,1-8, Salmo 115(116),12-19 y Marcos
1,14-20)
Queridos
hermanos y hermanas, este día les comparto 7 elementos clave que surgen
directamente del texto bíblico y que pueden servir de hilo conductor para la
predicación:
1.-
El dolor profundo y la esterilidad del alma
Ana
vive una situación de gran sufrimiento: estéril, humillada y provocada año tras
año por Penina (1 Sam 1,6-7). Su llanto y su falta de apetito muestran una
herida que va más allá de lo físico: es el dolor de quien se siente
inútil, sin fruto, sin futuro. Muchos cristianos hoy llevan
esterilidades parecidas: proyectos que no cuajan, relaciones rotas,
ministerios que parecen muertos. Dios comienza su obra grande precisamente
donde hay mayor vacío.
2.-
La fidelidad en el culto a pesar del sufrimiento
Elcaná
y su familia suben cada año a Silo a adorar y ofrecer sacrificio (1 Sam
1,3.7). Ana no deja de ir al templo, aunque llora, aunque no come,
aunque sufre. La liturgia no es solo para los que «se sienten bien»,
sino también —y sobre todo— para los que sufren. La constancia en la
oración y en la Eucaristía, aun en la aridez, es una de las actitudes más
poderosas ante Dios.
3.-
La oración desde el corazón roto como lugar privilegiado de encuentro con Dios
Ana
ora «con amargura de alma» y «llora abundantemente» (1 Sam 1,10). Es una
oración auténtica, sin máscaras. Dios no necesita oraciones bonitas,
necesita oraciones verdaderas. El dolor sincero, cuando se dirige a Dios,
se convierte en camino de salvación, tanto para Ana como para toda la historia
de la salvación (porque de esa oración nacerá Samuel, y luego la monarquía, y
luego el Mesías).
4.-
«¿Qué devolveré al Señor por todos sus beneficios?» (Sal 115,12)
El
salmo responde al drama de Ana y anticipa la respuesta de los discípulos en
el evangelio. El verdadero reconocimiento de los beneficios de Dios no consiste
en pagar una deuda, sino en entregar la vida (v.13: «alzaré la copa de la
salvación», v.17: «te ofreceré un sacrificio de alabanza»). La
gratitud más grande es la entrega.
5.-
El tiempo se ha cumplido: el Reino está cerca (Mc 1,15)
Jesús
entra en escena con una urgencia escatológica: «El tiempo se ha cumplido».
Lo que Ana anhelaba (un salvador para su vida y para Israel) comienza a
realizarse plenamente en Cristo. El Reino no es algo lejano; ya está
irrumpiendo. Esto cambia la escala de prioridades: lo urgente ya no es
acumular, defenderse o quejarse, sino convertirse y creer en el Evangelio.
6.-
La llamada radical y la respuesta inmediata
-
«Venid en pos de mí… Inmediatamente dejaron las redes» (Mc 1,17-18).
-
«Un poco más adelante… inmediatamente lo siguieron» (v.20).
Dos
veces «inmediatamente». No hay proceso largo de discernimiento, no hay
excusas. La llamada de Jesús tiene una fuerza que rompe las ataduras más
fuertes: redes (trabajo), barca, padre, jornaleros… La vocación
cristiana siempre pide una ruptura con lo que antes organizaba la vida.
7.-
De pescadores de peces a pescadores de hombres: la transformación de la misión
Jesús
no destruye la profesión de los discípulos, la transforma: «os haré pescadores
de hombres» (Mc 1,17). Lo que hacían por subsistencia, ahora lo harán por
salvación. Lo mismo ocurre con Ana: su maternidad frustrada se transforma en la
maternidad más fecunda de la historia de Israel. Dios no quita lo que somos,
sino que lo orienta hacia su Reino.
Síntesis
para el final de la homilía
Hermanos:
Ana
lloró en el templo… y Dios escuchó.
Los
pescadores dejaron las redes… y encontraron Vida.
Hoy
el Señor nos dice lo mismo: «El tiempo se ha cumplido».
No
esperes a estar «perfecto», sin dolor, sin dudas, sin esterilidades.
Justo
en tu herida, en tu rutina, en tu red que no atrapa nada…
ahí
te está llamando. ¿Le dejarás las redes? ¿Le alzarás la copa de
salvación?
¿Responderás
«inmediatamente»?
Que
Santa Ana, mujer de oración tenaz, y los primeros discípulos, hombres de
respuesta rápida, intercedan para que también nosotros sepamos decir hoy:
«Señor,
aquí estoy, porque me has llamado». ¡Amén!
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