viernes, 30 de enero de 2026

Las Bienaventuranzas


Nuestra Fe | P. Ciprián Hilario, msc

 


Las Bienaventuranzas

Domingo 1ro. febrero 2026, lecturas Sofonías 2,3;3,12-13. Salmo 145,7-9. Corintios 1,26-31. y Mateo 5,1-12.

 

Queridos hermanos y hermanas:

La Palabra de Dios que hoy hemos escuchado nos presenta una paradoja profunda: Dios se complace en lo pequeño, en lo humilde, en lo que el mundo muchas veces desprecia. Las lecturas de este domingo nos preparan el corazón para comprender el mensaje central del Evangelio: las Bienaventuranzas, que no son un simple ideal moral, sino el retrato mismo de Jesucristo y el camino de la verdadera felicidad.

 

El profeta Sofonías nos invita a buscar al Señor con humildad: “Busquen la justicia, busquen la humildad”. Dios promete salvar a un pueblo pobre y humilde, que confía en Él. No se trata de pobreza material solamente, sino de un corazón que reconoce su necesidad de Dios y se abandona en sus manos.

 

El Salmo 145 refuerza esta idea mostrándonos a un Dios cercano: Él hace justicia a los oprimidos, da pan a los hambrientos, protege al extranjero y sostiene al huérfano y a la viuda. Nuestro Dios no es indiferente al sufrimiento humano; su Reino se construye desde la compasión y la misericordia.

 

San Pablo, en la primera carta a los Corintios, nos recuerda que Dios no elige según los criterios del mundo. No llamó a los poderosos ni a los sabios, sino a lo débil y lo sencillo, para que nadie se gloríe a sí mismo, sino en el Señor. La verdadera grandeza está en pertenecer a Cristo.

 

Y llegamos al Evangelio según san Mateo, donde Jesús, al ver a la multitud, sube al monte y proclama las Bienaventuranzas. No son promesas fáciles ni palabras bonitas; son una propuesta radical de vida cristiana.

 

Podemos destacar algunos elementos clave de las Bienaventuranzas:

 

1.- Los pobres de espíritu: aquellos que ponen su confianza en Dios y no en las riquezas ni en el poder.

 

2.- Los mansos: los que no responden con violencia, sino con paciencia y humildad.

 

3.- Los que lloran: Dios no ignora el dolor; promete consuelo a quienes sufren.

 

4.- Los que tienen hambre y sed de justicia: quienes no se conforman con la injusticia y trabajan por un mundo mejor.

 

5.- Los misericordiosos: los que saben perdonar y amar como Dios ama.

 

6.- Los limpios de corazón: los que viven con sinceridad y rectitud interior.

 

7.- Los que trabajan por la paz: constructores de reconciliación en un mundo dividido.

 

8.- Los perseguidos por causa de la justicia: quienes permanecen fieles al Evangelio aun en medio de la dificultad.

 

Jesús nos enseña que la felicidad verdadera no está en tener más, sino en amar más; no en dominar, sino en servir; no en imponerse, sino en confiar en Dios.

 

Pidamos hoy al Señor la gracia de vivir las Bienaventuranzas, no como un ideal inalcanzable, sino como un camino posible cuando dejamos que Cristo viva en nosotros. Que María, la humilde sierva del Señor, nos acompañe para que nuestra vida sea una verdadera bienaventuranza para los demás.





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