lunes, 2 de febrero de 2026

La vida consagrada

 

Reflexión | P. Ciprián Hilario, msc

 


La vida consagrada

Lunes 2 febrero 2026, lecturas: (Mal 3,1-4; Sal 23; Hb 2,14-18; Lc 2,22-40).

 

Queridos hermanos y hermanas:

Hoy la Palabra de Dios nos reúne en torno a un tema profundamente bello y exigente: la Vida Consagrada, iluminada por las lecturas que hemos proclamado. En la presentación del Señor en el templo, contemplamos el corazón mismo de toda consagración: ofrecer la vida entera a Dios para que Él la purifique, la habite y la envíe.

 

A la luz del tema y de las lecturas de hoy, podemos señalar algunos elementos fundamentales para nuestra vida cristiana y, de modo especial, para quienes han sido llamados a la vida consagrada:

 

1.- Consagración como ofrenda agradable a Dios

El profeta Malaquías anuncia la venida del Señor que purifica como el fuego del orfebre (Mal 3,1-4). La vida consagrada es, ante todo, una ofrenda que pasa por la purificación: dejar que Dios limpie el corazón, las intenciones y los apegos para que toda la vida sea agradable a Él.

 

2.- Entrar en el templo del Señor con un corazón limpio

El Salmo 23 nos recuerda: “¿Quién puede subir al monte del Señor? El de manos inocentes y corazón puro”. La consagración no se sostiene solo en votos externos, sino en un corazón unificado, transparente y disponible para Dios.

 

3.- Jesús, el Consagrado del Padre

En el Evangelio, Jesús es presentado en el templo (Lc 2,22-40). Él es el primer y gran Consagrado, ofrecido al Padre desde su infancia. Toda vida consagrada encuentra su sentido en la imitación de Cristo, que pertenece totalmente al Padre y se entrega totalmente a los hombres.

 

4.- Una vida entregada en la sencillez y la obediencia

María y José cumplen la Ley con humildad. La vida consagrada se vive en lo cotidiano, en la fidelidad sencilla, en la obediencia confiada, aun cuando no se comprende del todo el camino de Dios.

 

5.- Consagrados para la salvación de los hermanos

La carta a los hebreos nos recuerda que Cristo se hizo semejante a nosotros para ayudarnos en nuestras debilidades (Hb 2,14-18). La consagración no es huida del mundo, sino cercanía compasiva al dolor humano, servicio, intercesión y misericordia.

 

6.- Vida consagrada como signo de esperanza

Simeón y Ana representan la espera fiel. Reconocen al Señor y anuncian la salvación. La vida consagrada está llamada a ser signo profético de esperanza, recordando al mundo que Dios es fiel y cumple sus promesas.

 

7.- Luz para alumbrar a las naciones

Simeón proclama a Jesús como “luz para iluminar a las naciones”. Los consagrados están llamados a reflejar esa luz con su testimonio: una vida que, aun en el silencio, ilumina, orienta y consuela.

 

8.- Una vida totalmente ofrecida, incluso en el sufrimiento

La espada que atravesará el alma de María nos recuerda que toda consagración pasa por la cruz. Pero es precisamente ahí donde la vida entregada se vuelve fecunda y salvadora.

 

Queridos hermanos y hermanas, la vida consagrada es un don para la Iglesia y para el mundo. Pero también es un llamado para todos nosotros: vivir consagrados al Señor desde nuestro propio estado de vida, ofreciendo cada día lo que somos y tenemos, para que Cristo sea luz, esperanza y salvación en medio de su pueblo.





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