Reflexión | P. Ciprián Hilario, msc
“Si la moneda es del César, ¿qué es lo de Dios?”
(Martes
2 de junio 2026. Novena Semana del Tiempo Ordinario, lecturas: 2 Pedro
3,12-15.17-18; Salmo 89; Marcos 12,13-17)
Queridos
hermanos y hermanas:
La
Palabra de Dios de este día nos invita a reflexionar sobre una pregunta muy
importante que Jesús plantea en el Evangelio: “Si la moneda es del César,
¿qué es lo de Dios?”. A través de las lecturas descubrimos que todo lo que
somos y tenemos proviene de Dios, y por eso estamos llamados a devolverle
nuestra vida, nuestro corazón y nuestra fidelidad.
1.
Vivir esperando el día del Señor. En la primera lectura, el
apóstol Pedro invita a los cristianos a esperar la venida del Señor con una
vida santa y piadosa.
Algunos
elementos importantes:
-
La vida presente es pasajera; nuestra meta
definitiva es el encuentro con Dios.
-
No debemos vivir distraídos únicamente por las
cosas materiales.
-
La paciencia de Dios es una oportunidad para
nuestra conversión.
-
El cristiano está llamado a crecer continuamente
en la gracia y en el conocimiento de Jesucristo.
Antes
de preguntarnos qué debemos dar al mundo, debemos preguntarnos qué estamos
ofreciendo a Dios.
Pedro
concluye diciendo: “Crezcan en la gracia y en el conocimiento de
nuestro Señor y Salvador Jesucristo.” Esa es la verdadera riqueza que permanece
para siempre.
2.
Nuestra vida está en las manos de Dios. El Salmo 89 nos recuerda la fragilidad
de la existencia humana.
- Mil años son para Dios como un día que pasó. -
Nuestra vida es breve, pero preciosa a los ojos del Señor.
- No somos
dueños absolutos de nuestra existencia. - Cada día es un regalo recibido de
Dios. - Por eso debemos vivir con sabiduría y gratitud.
El
salmista pide: “Sácianos de tu misericordia y toda nuestra vida será
alegría. “Las riquezas, el poder y el prestigio pasan; la misericordia de Dios
permanece para siempre.
3.
La trampa tendida a Jesús. En el
Evangelio, los fariseos y herodianos intentan comprometer a Jesús preguntándole
si es lícito pagar impuestos al César.
- No buscan la
verdad, sino poner a Jesús en dificultades.
- Si decía que
sí, podían acusarlo ante el pueblo.
- Si decía que
no, podían denunciarlo ante las autoridades romanas.
- Jesús
descubre la hipocresía de sus adversarios.
Esta
escena nos enseña que muchas veces las personas pueden acercarse a Dios no para
escucharlo, sino para justificar sus propios intereses.
4.
“Den al César lo que es del César”. Jesús pide que le muestren
una moneda:
-
La moneda llevaba la imagen del César. Por eso pertenece al ámbito de las
responsabilidades civiles.
-
Jesús reconoce la importancia de cumplir los deberes ciudadanos.
-
El cristiano debe ser honesto, respetar las leyes justas y contribuir al bien
común.
La
fe no nos aparta de nuestras responsabilidades en la sociedad.
5.
“Y a Dios lo que es de Dios” Aquí encontramos el corazón del Evangelio.
-
La moneda lleva la imagen del César; pero el ser
humano lleva la imagen de Dios.
-
La moneda puede devolverse al César.
-
El corazón pertenece a Dios.
-
Nuestra vida pertenece a Dios.
-
Nuestra conciencia pertenece a Dios.
-
Nuestro amor pertenece a Dios.
-
Nuestra adoración pertenece únicamente a Dios.
La
gran pregunta es: ¿Estamos entregando a Dios lo que le pertenece?
6.
¿Qué es lo de Dios? Podemos responder con sencillez:
-
Es de Dios nuestra vida, porque Él nos creó.
-
Es de Dios nuestra fe, porque Él nos llamó.
-
Es de Dios nuestra familia, porque es un don suyo.
-
Es de Dios nuestro tiempo, nuestros talentos y
nuestras capacidades.
-
Es de Dios nuestro amor al prójimo.
-
Es de Dios nuestro compromiso con el Evangelio.
No
basta con dar una limosna o cumplir algunas prácticas religiosas; Dios desea
nuestro corazón entero.
7.
Aplicación para nuestra vida
En
esta Novena Semana del Tiempo Ordinario preguntémonos:
-
¿Estoy dando a Dios el primer lugar en mi vida?
-
¿Mis decisiones reflejan que pertenezco al Señor?
-
¿Busco más las riquezas materiales que los bienes
espirituales?
-
¿Reconozco que soy imagen de Dios?
-
¿Estoy creciendo en la gracia, como nos pide San
Pedro?
Conclusión
Queridos
hermanos y hermanas, la moneda lleva la imagen del César y por eso se devuelve
al César. Pero nosotros llevamos grabada en nuestra alma la imagen de Dios. Por
eso no podemos entregarnos al egoísmo, al pecado o a los ídolos de este mundo.
Pidamos
al Señor que nos conceda la sabiduría para cumplir nuestras responsabilidades
terrenas, pero sobre todo la fidelidad para entregar a Dios lo que
verdaderamente le pertenece: nuestra vida, nuestro corazón y nuestro amor. Amén.
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