viernes, 7 de agosto de 2026

Señor, sálvame


Nuestra Fe | P. Ciprián Hilario, msc

 


Señor, sálvame

(Domingo 9 de agosto 2026. Decima Novena Semana Tiempo Ordinario, lecturas: 1 Reyes 19,9.11-13. Salmo 84, Romanos 9,1-5. San Mateo 14,22-33)

 

Queridos hermanos y hermanas:

La Palabra de Dios de este día nos invita a contemplar un tema profundamente humano y cristiano: "Señor, sálvame". Es el grito de Pedro cuando comienza a hundirse, pero también es el grito de cada uno de nosotros cuando las dificultades de la vida parecen superarnos. Las lecturas nos enseñan que Dios nunca abandona a quienes confían en Él.

 

1. Elías descubre a Dios en el silencio (1 Reyes 19,9.11-13). El profeta Elías atraviesa un momento de cansancio, miedo y desánimo. Ha huido porque teme por su vida. En el monte Horeb espera encontrar a Dios.

Sin embargo, Dios no se manifiesta en el viento huracanado, ni en el terremoto, ni en el fuego. Se revela en el susurro de una brisa suave.

¿Qué nos enseña esta lectura?

-                     Dios muchas veces habla en el silencio del corazón.

-                     No siempre encontraremos las respuestas en el ruido del mundo.

-                     La oración silenciosa nos permite escuchar la voz del Señor.

-                     Cuando atravesamos crisis, antes de actuar debemos aprender a escuchar a Dios.

Hoy vivimos rodeados de ruido: teléfonos, noticias, preocupaciones y prisas. Corremos el riesgo de escuchar todas las voces menos la voz de Dios.

 

2. El Señor anuncia la paz (Salmo 84). El salmista proclama: "Voy a escuchar lo que dice el Señor: Dios anuncia la paz a su pueblo."

El salmo nos recuerda que:

-                     Dios quiere sembrar paz donde hay miedo.

-                     La misericordia y la verdad caminan juntas.

-                     La justicia prepara el camino del Señor.

-                     Cuando dejamos entrar a Dios en nuestra vida florecen el amor, la fidelidad y la esperanza.

La paz que Cristo ofrece no depende de que desaparezcan los problemas, sino de saber que Él camina con nosotros.

 

3. San Pablo sufre por la salvación de su pueblo (Romanos 9,1-5). San Pablo abre su corazón y confiesa un profundo dolor por sus hermanos israelitas que no han reconocido a Cristo.

De esta lectura aprendemos:

-                     El verdadero creyente no es indiferente ante la salvación de los demás.

-                     Amar significa preocuparse por quienes se han alejado de Dios.

-                     Debemos orar por nuestros hijos, familiares y amigos que han perdido la fe.

-                     El dolor ofrecido por amor también es una forma de evangelizar.

Muchas veces criticamos a quienes se han apartado de la Iglesia, pero San Pablo nos enseña primero a sufrir, orar y amar por ellos.

 

4. "Señor, sálvame" (Mateo 14,22-33). El Evangelio presenta una escena llena de esperanza. Los discípulos están en medio del lago mientras el viento es contrario.

También nosotros conocemos esos vientos:

-                     enfermedades, problemas familiares, dificultades económicas, incertidumbre, soledad,

-                     crisis de fe.

Jesús llega caminando sobre las aguas.

Con estas palabras calma el corazón de los discípulos: "Ánimo, soy yo; no tengan miedo." Pedro desea caminar hacia Jesús. Mientras mantiene la mirada fija en Cristo, camina sobre el agua. Pero cuando mira el viento y las olas, comienza a hundirse.

Entonces pronuncia una de las oraciones más cortas y más poderosas del Evangelio: "Señor, sálvame." Jesús inmediatamente le extiende la mano.

Aquí encontramos varias enseñanzas para nuestra vida:

-                     La fe nos permite caminar incluso sobre las dificultades.

-                     Cuando dejamos de mirar a Cristo y solo vemos los problemas, comenzamos a hundirnos.

-                     Dios nunca llega tarde; siempre extiende su mano al que lo invoca.

-                     La oración sencilla hecha con fe tiene un inmenso poder.

-                     Jesús no abandona al que reconoce su necesidad.

Todos, alguna vez, hemos pronunciado ese grito: "Señor, sálvame." Y el Señor siempre responde con su mano misericordiosa.

 

Conclusión

Queridos hermanos y hermanas, las lecturas de hoy nos dejan un camino muy claro:

- Como Elías, aprendamos a escuchar a Dios en el silencio.

- Como el salmista, confiemos en que el Señor siempre nos trae su paz.

- Como San Pablo, preocupémonos por la salvación de nuestros hermanos.

- Como Pedro, cuando sintamos que nos hundimos por las pruebas de la vida, no perdamos la fe, sino levantemos los ojos hacia Cristo y repitamos con confianza: "Señor, sálvame." Y tengamos la certeza de que Jesús, que nunca abandona a los suyos, extenderá también su mano para sostenernos, fortalecer nuestra fe y conducirnos con seguridad hasta el puerto de la vida eterna. Amén.







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