viernes, 11 de septiembre de 2026

El Perdón y la Reconciliación


Nuestra Fe | P. Ciprián Hilario, msc

 


El Perdón y la Reconciliación

(Domingo 13 de septiembre 2026. Vigésima cuarta semana tiempo ordinario, ñecturas: Eclesiástico 27,33-28,9. Salmo 102,1-12. Los Romanos 14,7-9. San Mateo 18,21-35)

 

Queridos hermanos y hermanas:

La Palabra de Dios que hoy escuchamos nos presenta un tema profundamente humano y cristiano: el perdón y la reconciliación hoy. Vivimos en una sociedad donde muchas veces se acumulan heridas, resentimientos, divisiones y conflictos. Hay familias que llevan años sin hablarse, matrimonios heridos por ofensas, hermanos que no se perdonan, vecinos enfrentados y personas que guardan en el corazón acontecimientos del pasado.

 

Pero Jesús nos recuerda hoy que un cristiano no puede vivir encadenado al rencor. El perdón no significa decir que el mal estuvo bien; significa decidir que el mal no tendrá la última palabra en nuestra vida.

 

1. Primera lectura: Eclesiástico — El resentimiento destruye. El libro del Eclesiástico nos dice algo muy fuerte: «Rencor e ira también son abominables; el pecador los posee». Y nos invita a pensar: si nosotros queremos que Dios nos perdone, ¿cómo podemos negarnos a perdonar a los demás?

Aquí encontramos un primer elemento para nuestra vida: No alimentemos el resentimiento.

Cuando una persona guarda odio dentro de sí, termina haciéndose daño ella misma. A veces quien nos ofendió está tranquilo, mientras nosotros seguimos sufriendo por aquello que ocurrió hace cinco, diez o veinte años.

El resentimiento es como tomar veneno esperando que muera la otra persona.

Por eso la Palabra nos invita a decir: “Señor, ayúdame a soltar esta herida.”

Perdonar es un proceso. Algunas heridas necesitan tiempo, oración y acompañamiento. Pero hay que comenzar por una decisión: “No quiero vivir odiando.”

Segundo elemento: Recordemos que también nosotros necesitamos misericordia.

Todos hemos fallado. Todos hemos dicho palabras que hicieron daño. Todos hemos cometido errores. Por eso, antes de señalar al otro, debemos reconocer nuestra propia fragilidad.

El Eclesiástico nos invita a recordar que somos polvo, que nuestra vida es pasajera. Entonces, ¿para qué gastar la vida en pleitos, rencores y enemistades?

 


2. Salmo 102 — Dios es compasivo y misericordioso. El salmista nos lleva al corazón mismo del mensaje: «El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia.» ¡Qué hermoso es saber que Dios no nos trata conforme a nuestros pecados!

Dios conoce nuestras debilidades, conoce nuestras caídas y, sin embargo, continúa amándonos. El salmo dice que Dios «aleja de nosotros nuestros delitos cuanto dista el oriente del ocaso».

Aquí tenemos otro elemento para nuestra vida: Aprendamos a perdonar como Dios nos perdona.

-                     Si Dios ha tenido paciencia conmigo, yo también debo tener paciencia con mi hermano.

-                     Si Dios me ha dado una nueva oportunidad, yo debo aprender a dar oportunidades.

-                     Si Dios no se cansa de levantarme, yo no debo cansarme de levantar al que ha caído.

La reconciliación comienza cuando dejamos que la misericordia de Dios transforme nuestro corazón.

 

3. Segunda lectura: Romanos — Vivimos y morimos para el Señor. San Pablo nos recuerda: «Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo. Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor.»

Esto tiene una consecuencia muy importante: mi vida no puede estar centrada solamente en mí.

Cuando vivimos únicamente para nosotros mismos, nos cuesta perdonar porque pensamos: “Me hicieron daño”, “me humillaron”, “yo tengo la razón”.

Pero cuando vivimos para Cristo comenzamos a preguntarnos: ¿Qué haría Jesús en mi lugar?

Jesús no nos enseña a responder al mal con más mal. Nos enseña el camino de la misericordia, de la verdad y de la reconciliación.

Por eso, tercer elemento: Antes de responder a una ofensa, llevémosla a la presencia de Jesús.

No tomemos decisiones cuando estamos llenos de ira. No pronunciemos palabras que después no podamos retirar. No destruyamos una relación por un momento de enojo.

Digamos: “Señor, dame tu corazón para mirar a esta persona.”

 

4. Evangelio: Mateo — ¿Cuántas veces tengo que perdonar?

Pedro se acerca a Jesús y le pregunta: Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?»

Pedro probablemente pensaba que estaba siendo muy generoso. Pero Jesús le responde: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.»

Jesús no está dando una cifra matemática. Está diciendo: el perdón cristiano no puede tener un contador.

Y para explicarlo cuenta la parábola del hombre que debía una enorme cantidad a su señor. El señor, compadecido, le perdona toda la deuda. Pero ese mismo hombre sale y encuentra a otro que le debe una cantidad mucho menor y comienza a exigirle el pago, sin tener misericordia.

Entonces el señor se indigna. ¿Por qué? Porque había recibido misericordia, pero no quiso ofrecer misericordia.

Aquí está el centro del Evangelio: Quien experimenta el perdón de Dios está llamado a convertirse en una persona que perdona.


5. Perdonar no significa aprobar el mal

Hermanos y hermanas, hay que aclarar algo importante.

-                     Perdonar no significa justificar la injusticia.

-                     Perdonar no significa permitir que alguien continúe haciéndonos daño.

-                     Perdonar no significa olvidar automáticamente.

-                     Perdonar tampoco significa que una relación rota deba reconstruirse inmediatamente de la misma manera.

El perdón cristiano significa renunciar al odio y a la venganza y poner la situación en las manos de Dios, buscando también, cuando sea posible y prudente, la reconciliación.

A veces podemos decir: “Te perdono, pero necesitamos tiempo para reconstruir la confianza.”

Eso también puede ser un camino cristiano.

 

6. El perdón en la familia.

Hoy tenemos que llevar esta Palabra especialmente a nuestras familias.

-                     ¿Cuántas familias están divididas por una herencia?

-                     ¿Cuántos hermanos dejaron de hablarse por una palabra?

-                     ¿Cuántos padres y hijos viven distanciados?

-                     ¿Cuántos esposos guardan una lista de errores del pasado?

El Evangelio nos pregunta hoy: ¿Quién dará el primer paso?

Quizás estamos esperando que el otro venga a pedirnos perdón. Pero Jesús nos invita a dar nosotros el primer paso.

-                     No esperemos a un funeral para reconciliarnos.

-                     No esperemos una enfermedad para decir: “Te quiero y te perdono.”

-                     No esperemos que sea demasiado tarde.

 


7. La reconciliación comienza en el corazón.

Queridos hermanos y hermanas, la reconciliación que necesita nuestra sociedad comienza en cada uno de nosotros.

-                     Antes de pedir que haya paz en el mundo, necesitamos preguntarnos: ¿Hay paz en mi casa?

-                     Antes de hablar de reconciliación entre los pueblos, preguntémonos: ¿Estoy reconciliado con mi hermano?

-                     Antes de señalar al que hace daño, preguntémonos: ¿Hay alguien a quien yo necesito pedirle perdón?

Hoy podríamos hacer tres cosas muy concretas:

Primero: pedir perdón a aquella persona a quien hemos ofendido.

Segundo: perdonar a quien nos ha hecho daño.

Tercero: reconciliarnos, cuando sea posible, dando un paso concreto hacia el encuentro.

 

8. Una pregunta para llevarnos a casa.

El Evangelio termina con una advertencia muy seria: Dios nos ha perdonado una deuda inmensa, ¿y nosotros somos incapaces de perdonar una deuda pequeña a nuestro hermano?

Por eso, hoy podemos acercarnos al Señor y decirle:

-                     “Señor, cambia mi corazón.

-                     Quita de mí el resentimiento.

-                     Sana mis heridas.

-                     Dame fuerza para perdonar.

-                     Dame humildad para pedir perdón.

-                     Y dame sabiduría para buscar la reconciliación.”

Queridos hermanos y hermanas, el perdón libera. Libera al que perdona y abre una puerta nueva al que ha sido perdonado.

-                     No dejemos que el odio nos robe la paz.

-                     No dejemos que una ofensa destruya una familia.

-                     No permitamos que una herida del pasado nos impida vivir el presente.

          

Hoy es un buen día para perdonar

Hoy es un buen día para pedir perdón. Hoy es un buen día para reconciliarnos.

Que el Señor, compasivo y misericordioso, transforme nuestros corazones y nos conceda la gracia de vivir aquello que rezamos cada día:

“Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden.” Amén.








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