Testigos de la Fe | Benedetta Capelli
Semeraro: Los mártires,
testigos del Evangelio que genera vidas valientes
El prefecto
del Dicasterio para las Causas de los Santos concluyó en el Augustiniaum el
congreso “El siglo XXI: ¿un nuevo tiempo de mártires?”. En su reflexión,
destacó que la santidad también pertenece “al patrimonio vivo del Pueblo de
Dios”, y que los mártires son testigos de un amor capaz de hacer fecundo el
dolor. El cardenal también recordó el ecumenismo de la sangre que “a menudo
precede a nuestros diálogos teológicos”
Los mártires
nos recuerdan que “hay valores por los que vale la pena vivir y, si es
necesario, incluso morir”, a pesar de la cultura actual que “a menudo
identifica la felicidad con el bienestar y la libertad, con la ausencia de
sacrificio”. Es uno de los conceptos en los que se detuvo el cardenal Marcello
Semeraro, prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos, al concluir el
congreso “El siglo XXI: ¿un nuevo tiempo de mártires?”, que se llevó a cabo
este martes 15 de septiembre, en el Instituto Patrístico Augustinianum de Roma.
Una iniciativa llevada a cabo un año después de la celebración de la Misa del
Papa en la Basílica de San Pablo Extramuros para conmemorar a los mártires y a
los testigos de la fe del siglo XXI.
Los mártires,
subrayó el prefecto, “no celebran el dolor, sino que dan testimonio del amor
que hace que el dolor sea fecundo”, son “personas que han preferido la verdad a
la mentira, la justicia a la violencia, la fidelidad a la conveniencia, la
dignidad de la conciencia al compromiso”, son “hombres y mujeres que devuelven
la confianza en lo que el ser humano es capaz de hacer”.
“No somos una fábrica de santos”
El cardenal
Semeraro aclaró la función del Dicasterio para las Causas de los Santos. “Los
santos -afirmó- no los ‘fabricamos’ nosotros, sino que ‘florecen’ en la
Iglesia”; se trata -como lo describía san Ambrosio- de un “jardín lleno de
flores, donde florecen las violetas de los confesores, los lirios de las
vírgenes y las rosas de los mártires, y donde la flor más hermosa es Cristo”.
El Dicasterio tiene como objetivo “custodiar el rigor eclesial del
discernimiento sobre la santidad canonizada y acompañar los procesos que
conducen a su celebración”. El prefecto se detuvo luego en la Comisión de
Nuevos Mártires – Testigos de la Fe, instituida por el Papa Francisco el 3 de
julio de 2023, con la tarea de elaborar un “Catálogo”; una decisión que “no
cambia, obviamente, la naturaleza del Dicasterio, pero amplía su horizonte”.
La santidad es la mayor de las canonizaciones
“La Iglesia
-afirmó el cardenal Semeraro- sigue canonizando a los santos”, pero también
pretende conservar la memoria de los testigos que han entregado su vida. “La
santidad es la mayor de las canonizaciones”, destacó el purpurado, el signo con
el que la Iglesia la reconoce tras haber esperado el consentimiento del Padre
celestial. Los milagros, por ejemplo, son una demostración concreta, como lo
subrayaba el Papa Benedicto XVI. Las canonizaciones y las beatificaciones solo
se llevan a cabo bajo ciertas condiciones, y “es por eso -agregó el purpurado-
que, lamentablemente, en este 2026 no se ha podido incluir ninguna canonización
en el calendario”.
Los mártires en la historia de la humanidad
En el
“Catálogo” se destaca una santidad vivida, escondida, a veces anónima, y que
“pertenece al patrimonio vivo del Pueblo de Dios”; se trata de una “alta medida
de la vida cristiana ordinaria”, la santidad de la puerta de al lado. No
sustituye al Martirologio de la Iglesia, que está a cargo del Dicasterio para
el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, sino que amplía la mirada
sobre la gracia y se centra en el valor plenamente humano de la santidad. De
hecho, los mártires no solo pertenecen a la historia de la Iglesia, sino
también a la de la humanidad, y revelan hasta qué altura puede llegar una
persona habitada por el amor.
El ecumenismo de la sangre
El último
aspecto que destacó el cardenal Marcello Semeraro se refiere al valor ecuménico
del “Catálogo”. “La sangre de los mártires -afirmó- a menudo precede a nuestros
diálogos teológicos. Allí donde nuestras confesiones cristianas aún tienen
heridas por sanar, los mártires muestran que lo esencial ya lo compartimos: la
confesión de Cristo hasta el punto de entregar la vida. Es un ecumenismo que no
se construye en una mesa de trabajo, sino que surge de la fidelidad al
Evangelio”. Se trata del ecumenismo de la sangre, que busca unir a los mártires
reconocidos por la Iglesia con los “testimonios documentados de hermanos y
hermanas cristianos”: una sola voz de la martyria. “El Catálogo de
los Nuevos Mártires no es simplemente un archivo de la memoria, sino, más
profundamente, una gramática de la esperanza. No mira al pasado con nostalgia,
sino al futuro con responsabilidad. Custodiar la memoria de los testigos
significa educar a las nuevas generaciones para que reconozcan que el Evangelio
sigue generando vidas hermosas, valientes y luminosas”. El “Catálogo”
replantea, por lo tanto, la pregunta sobre qué testimonio espera este tiempo y
recuerda que “la santidad no pertenece solo a la historia de la Iglesia, sino
que es su forma permanente en la historia del mundo”.
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