Reflexión | P. Ciprián Hilario, msc
"¿Cuántos panes tienen?"
(Homilía
para el 8 de enero de 2026 | Lecturas: 1Jn 4,7-10; Sal 71; Mc 6,34-44)
Queridos
hermanos y hermanas en Cristo:
Hoy,
en este tiempo de Navidad que aún resuena con el eco del nacimiento del
Salvador, las lecturas nos invitan a contemplar el amor generoso de Dios que se
hace concreto en la vida cotidiana. El evangelio de Marcos nos presenta uno
de los milagros más conocidos de Jesús: la multiplicación de los panes y los
peces. En medio de una multitud hambrienta, Jesús pregunta a sus discípulos:
"¿Cuántos panes tienen? Vayan a ver" (Mc 6,38). Esa pregunta,
sencilla pero profunda, es el corazón de nuestro tema hoy. No se trata solo de
contar recursos materiales, sino de descubrir cómo Dios multiplica lo poco que
le ofrecemos cuando lo ponemos en sus manos con amor.
Veamos
algunos elementos clave que emergen de las lecturas de este día:
1.-
El amor de Dios como origen de todo don
La
primera lectura de la Carta de Juan lo une todo: "Amémonos unos a
otros, porque el amor es de Dios... Dios es amor" (1Jn 4,7-8). Dios nos
amó primero, enviando a su Hijo como víctima de propiciación por nuestros
pecados (1Jn 4,10). Ese amor no es abstracto: se manifiesta en Jesús que alimenta
a la multitud.
Si
Dios nos ama así, nosotros debemos amar compartiendo. El milagro
no es solo multiplicar pan; es multiplicar el amor fraterno. Cuando
compartimos, el egoísmo se rompe y surge la abundancia para todos.
2.-
El Rey mesiánico que trae justicia y paz
El
Salmo 71 (72) nos presenta al rey ideal: "Florecerá en sus
días la justicia y una gran paz... Que domine de mar a mar" (Sal
71,7-8). Este salmo, que la liturgia usa en Epifanía, apunta a Cristo, el
Rey universal. En el evangelio, Jesús actúa como ese Pastor-Rey: enseña,
alimenta, reúne al pueblo disperso. Su reino no es de poder humano, sino de
servicio, de pan compartido, de amor que llega a los pobres y humildes.
3.-
La compasión de Jesús como fuente del milagro
Al
desembarcar, Jesús ve a la gran multitud y "se compadece de ellos,
porque andaban como ovejas sin pastor" (Mc 6,34). No los despide,
aunque los discípulos lo sugieren por la hora tardía. Su corazón se mueve ante
el hambre física y espiritual del pueblo. Esta compasión es el motor del
milagro. Jesús no actúa por espectáculo, sino por amor misericordioso. Nos
recuerda que Dios no es indiferente a nuestras necesidades: Él ve nuestro
cansancio, nuestra hambre de sentido, de paz, de justicia.
4.-
Lo poco que tenemos, ofrecido con generosidad
Los
discípulos encuentran solo cinco panes y dos peces. Humanamente, es ridículo: "¿Qué
es esto para tantos?" (cf. Jn 6,9, paralelo). Pero un muchacho los
ofrece todo lo que tiene. Jesús toma ese poco, levanta los ojos al cielo,
bendice, parte y da a los discípulos para que distribuyan. Y sobran doce
canastas.
Aquí
vemos una lección eucarística clara: Jesús prefigura la
Última Cena y la Misa. Lo poco (nuestros talentos, tiempo, recursos, incluso
nuestras limitaciones) se multiplica cuando lo ponemos en manos de Dios. No
esperemos tener "mucho" para dar; demos lo que tenemos, y Él lo
hará abundante.
Hermanos,
en este inicio de año 2026, la pregunta de Jesús resuena para nosotros: "¿Cuántos
panes tienen?". ¿Qué tenemos hoy? Tal vez poco: un poco de
tiempo para escuchar a un familiar, un poco de paciencia en el trabajo, un poco
de dinero para ayudar al necesitado, un poco de fe en medio de las
dificultades. Pero si lo ofrecemos con amor, confiando en su compasión, Él lo
multiplicará.
No
tengamos miedo a nuestra pobreza. Como la multitud se sentó en la hierba
verde y comió hasta saciarse, sentémonos hoy ante el Señor en esta Eucaristía.
Aquí Él multiplica su Cuerpo y Sangre para alimentarnos. Y luego, salgamos a
distribuir: a ser discípulos que comparten el pan material y el espiritual.
Que
María, Madre del Amor hermoso, nos ayude a decir "sí" como aquel
muchacho anónimo: "Aquí está lo que tengo, Señor". Y veremos
milagros de amor en nuestra vida y en el mundo. Amén.


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