Mensajes | CED
Conferencia del Episcopado
Dominicano
27 de Febrero 2026
República Dominicana: Un pueblo sostenido en la esperanza "La ética del deber"
1- SOCIEDAD VIVA Y
ESPERANZADA
“Que el Dios de la esperanza les llene de alegría y paz” (Rom 15, 13a).
1-Con profunda alegría, celebramos los 182° años de nuestra Independencia Nacional. Nos unimos en acción de gracias al Señor por este don, ocasión propicia para compartir con ustedes nuestro tradicional Mensaje que, este año hemos titulado “República Dominicana: un pueblo sostenido en la esperanza. La ética del deber”.
2-La República Dominicana nació del sacrificio y entrega de los Padres
de la Patria: Juan Pablo Duarte, Francisco del Rosario Sánchez y Ramón Matías
Mella, junto a tantos próceres y mártires, desde María Trinidad Sánchez,
Concepción Bona, Juana Saltitopa, Gregorio Luperón y los restauradores, figuras
que defendieron nuestra soberanía e identidad.
3-La esperanza del pueblo se expresa en signos concretos de compromiso
por transformar la realidad social, inspirados en el Evangelio y en los
Fundadores de la Patria. El legado de los forjadores de la República es un
impulso vital de esperanza en el porvenir.
4-La esperanza también se manifiesta en comunidades y sectores que
reclaman transparencia frente a la corrupción y la impunidad, denunciando la
desigualdad y la riqueza desmedida. Como señalamos en febrero 2015, la
corrupción y la falta de transparencia siguen siendo obstáculos para la
justicia y la paz[1].
5-La pastoral de la Iglesia es signo de esperanza al promover la
práctica de valores cristianos, así como, un uso consciente y responsable de la
tecnología, especialmente de la inteligencia artificial y la revolución
digital. El Papa León XIV recuerda que esta misión debe estar siempre “al
servicio de la dignidad humana, del bien común y de relaciones auténticas,
evitando riesgos como la deshumanización o el control ideológico[2]. No basta con
dotar de equipos informáticos a centros educativos; es imprescindible educar la
conciencia de maestros, niños, adolescentes y jóvenes que los emplean.
6-Queremos llamar la atención sobre un tema que poco a poco se ha ido
insertando en la sociedad como un cáncer silencioso que está dañando la
identidad del individuo. Nos referimos, a la propagación de ideologías que
pretenden normalizar comportamientos contrarios a la ley natural y
objetivamente desordenados; por ejemplo, personas que se auto perciben como
animales, objetos inanimados y de otra índole.
7-En ese sentido, la ciencia ha demostrado que los problemas de salud
mental pueden afectar la autoimagen y una identidad difusa que exacerban
trastornos, percepción distorsionada, inestable o fragmentada, desvinculada de
la realidad. Las ideologías matan y promueven la incivilidad. Por tanto,
exhortamos a las familias y al Estado dominicano velar y proteger a nuestros
niños, jóvenes y adultos, combatiendo la promoción de estas ideologías y
proveyendo servicios de salud mental para quienes lo requieran.
8-A propósito de la propuesta de reforma al Código para el Sistema de
Protección y Derechos Fundamentales de Niños, Niñas y Adolescentes (Ley
136-03), como Iglesia hacemos un llamado a promover la composición de la
familia formada por padre, madre e hijos. Cualquier atendado contra el núcleo
familiar es una amenaza contra la esperanza de la sociedad. Como país debemos
luchar juntos contra los males que están afectando la unidad de la
familia.
2-PARTICIPACIÓN EN
LA VIDA PÚBLICA
“Ustedes son luz del mundo” (Mt 5,14).
9-Santo Tomás de Aquino postulaba: “La esperanza es la virtud por la
cual tendemos a un bien futuro, arduo pero posible.”[3] De manera que, nuestra tradición ética es una
mirada y un compromiso con el futuro, sustento de toda esperanza en el
presente.
10-Consideramos la participación en la vida pública, como vocación
comunitaria, una llamada a asumir responsabilidades: “Buscando cada cual no su
propio interés sino el de los demás” (Flp 2, 4). Por consiguiente, la cosa
pública es de algún modo una escuela de esperanza. Nos inspiran las palabras
del papa Francisco: “A pesar de las sombras del mundo, siempre existen caminos
de esperanza, porque Dios sigue derramando en la humanidad semillas de bien”[4].
11-Sin embargo, enfrentamos desafíos que hieren al pueblo y generan
desesperanza, entre los que se encuentran: el microtráfico que destruye
comunidades, la deshumanización en el ejercicio de la medicina, el maltrato
infantil, la inseguridad social, el desacato a la ley y a la autoridad civil,
la corrupción política que muchas veces busca lucro en vez de justicia, la
pérdida de las buenas costumbres, así como el juego de azar con sus falsas
ilusiones. En ese sentido, la conciencia iluminada por el Espíritu Santo
permite denunciarlos y abrir caminos de esperanza.
12- Señalamos también el embarazo en adolescentes, la violencia en todas
sus expresiones, el aborto, la mortalidad infantil, la explotación minera que
hipoteca el futuro de nuevas generaciones, el ruido de la música a altos
decibeles, sin control ni regulación efectiva, robando la paz y deteriorando el
ambiente, y la contaminación.
Frente a este panorama, no debemos rendirnos, sino peregrinar con
esperanza.
13-En el Evangelio, Jesús nos inspira a tener en la sociedad, una
presencia pública, dinámica y evangelizadora. “Brille así su luz delante de los
hombres, para que vean sus buenas obras y glorifiquen a su Padre que está en
los cielos” (Mt 5,16).
14-Como pastores, llamamos a una participación profética, inspirada en
la doctrina social de la Iglesia[5], para transformar
estructuras injustas con el amor cristiano, la defensa de los pobres y la
colaboración en el trabajo digno. Desde el magisterio de la Iglesia se nos
invita a actuar desde las periferias, promoviendo la justicia como fundamento
de la caridad[6]. Son pautas que
ayudan a incrementar y fortalecer el desarrollo integral de la República
Dominicana.
3-CONOCIMIENTO Y
RESPETO A LAS LEYES
“No piensen que he venido a abolir la ley o los profetas. No he venido a
abolirlos, sino a llevarlos a la plenitud” (Mt 5,17).
15-Tristemente en nuestra sociedad hay notables y elocuentes signos de franco desafío a la autoridad, de quienes se sustraen de la obligación moral y cívica de vivir sujetos a la ley y al Estado de derecho que garantiza la Constitución Dominicana; con el agravante de que pareciera carecer de un régimen de consecuencias para quienes tienen como ley la alteración del orden público, la vida desordenada y el total desprecio por las normas más elementales de convivencia humana.
16-La participación plena, consciente y activa en la vida cotidiana se expresa en el respeto a las leyes. Su violación desestabiliza la sociedad. Sin excepción, todos debemos cumplirlas. Esto asegura el encuentro de “la justicia y la paz” (Sal 85). Los últimos papas, en especial Francisco, han recordado que el conocimiento y la práctica de las leyes civiles son fundamento de la justicia y de la convivencia. “Un mundo sin leyes justas es como una jungla sin paz”[7].
17-En ese mismo orden, san Juan Pablo II, siguiendo a León XIII, recordó
el rol subsidiario del Estado en las leyes civiles para defender los derechos
laborales y familiares, reclamando su cumplimiento por la paz social. Asimismo,
Benedicto XVI, exhortó a obispos y fieles a conocer y acatar las leyes justas
como expresión del bien común. Ambos pronunciamientos se armonizan con la
obediencia civil y con el valor cristiano de la justicia[8].
18-En tal sentido, proponemos una formación legal, básica, para todo
nuestro pueblo, incluyendo a quienes están privados de libertad en aras de su
futura reinserción en la sociedad. Para que esta capacitación sea tangible
recomendamos el método: ver (mirar como Jesús), juzgar (discernir), y actuar
(compromiso con el bien común), pues favorece una sociedad de conciencia
despierta, creyente, crítica y responsable.
4-VALORES ÉTICOS Y
MORALES
“Conocerán la verdad, y la verdad les hará libres” (Jn 8,32).
19-La educación integral es fundamental para la formación en valores éticos y morales, asegurando el desarrollo personal y social. Es necesario que tanto los organismos gubernamentales como las instituciones afines velen por que los textos y contenidos destinados a las nuevas generaciones tengan como eje transversal dichos valores.
20-El ejercicio de la civilidad como ciudadanos ha de orientarse, a su
vez, por lineamientos morales que aseguren relaciones armónicas y fraternas. La
moral cristiana es el sendero que Dios nos ofrece para la vida cotidiana: hacer
el bien y evitar el mal, cultivar virtudes (caridad, justicia, prudencia…) que
perfeccionan el corazón.
5-ESCUELA DE
TESTIMONIO VIVIENTE
“Aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón” (Mt 11,29).
21-En un mundo sediento de credibilidad, la pedagogía del testimonio no es mera transmisión de doctrina, sino revelación de un evento salvífico a través de la coherencia de vida. Hemos de ser maestros con el ejemplo[9].
22-Los Padres de la Patria nos dejan un testimonio de entrega y amor,
que inspira la pedagogía del testimonio en la formación de los estudiantes.
Esta enseñanza se transmite a través del ejemplo de padres, madres, tutores,
maestros y líderes, invitando a cada persona a constituirse en referentes para
una vida plena. Al mismo tiempo, promueve el cuidado de la memoria histórica,
que fortalece la fraternidad y la convivencia.
23-Que esta conmemoración de nuestra Independencia renueve en cada
dominicano la convicción de que somos un pueblo llamado a levantarse siempre
con dignidad, fe y responsabilidad histórica. No estamos condenados a la
desesperanza: Dios camina con nuestra nación y siembra en el corazón de nuestra
gente la fuerza para construir un futuro más justo, fraterno y solidario.
24-Con la mirada puesta en Cristo y en el ejemplo de nuestros Padres de
la Patria, avancemos unidos, con una ética del deber que se traduzca en
servicio, respeto a la vida, compromiso con el bien común y amor por la
República Dominicana. Que la esperanza nos sostenga, la verdad nos guíe y la
caridad nos impulse a ser protagonistas de una patria reconciliada, luminosa y
llena de futuro.
25-Pedimos al Señor que nos bendiga, por intercesión de Nuestra Señora
de las Mercedes, patrona de nuestra nación.
Les bendicen,
✠ Héctor
Rafael Rodríguez Rodríguez, M.S.C.,
Arzobispo Metropolitano de Santiago de los Caballeros
Presidente de la Conferencia del Episcopado Dominicano
✠ Jesús
Castro Marte,
Obispo de Nuestra Señora de La Altagracia en Higüey
Vicepresidente de la Conferencia del Episcopado Dominicano
✠ Francisco Ozoria
Acosta,
Arzobispo Metropolitano de Santo Domingo,
Primado de América
✠ Carlos Tomás Morel
Diplán,
Arzobispo Coadjutor de Santo Domingo
✠ Diómedes Espinal
De León,
Obispo de Mao-Montecristi
✠ Julio César
Corniel Amaro,
Obispo de Puerto Plata
✠ Andrés Napoleón
Romero Cárdenas,
Obispo de Barahona
✠ Faustino Burgos
Brisman, C.M.,
Obispo de Baní
Secretario General de la Conferencia del Episcopado Dominicano
✠ Santiago Rodríguez
Rodríguez,
Obispo de San Pedro de Macorís
✠ Tomás Alejo
Concepción,
Obispo de San Juan de la Maguana
✠ Ramón Alfredo De
la Cruz Baldera,
Obispo de San Francisco de Macorís
✠ Manuel Antonio
Ruiz de la Rosa,
Obispo de Stella Maris
✠ José Amable Durán
Tineo,
Obispo Auxiliar de Santo Domingo y Administrador Apostólico de La Vega
✠ Andrés Amauri
Rosario Henríquez,
Obispo Auxiliar de Santiago de los Caballeros
[1] Cf. Conferencia del
Episcopado Dominicano, Mensaje 2015.
[2] Cf. Papa León XIV, Congreso
Pontificio de Vida Académica (10/12-11-25).
[3] Suma Teológica, II–II, q.17, a.1
[4] Francisco, Carta Encíclica Fratelli tutti, (3-10-20) 54.
[5] Cf. Juan Pablo II, Encíclica Sollicitudo Rei Socialis, 36.
[6] Cf. Papa León XIV, Exhortación
Apostólica Dilexi te (4-10-25)
1.
[7] Cf. Papa Francisco, Audiencia
general (3-4-24).
[8] Cf. Juan Pablo II, Carta Encíclica
Centesimus Annus (1-5-91); Benedicto XVI, Carta Encíclica Caritas in Veritate
(29-609).


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