Reflexión | P. Ciprián Hilario, msc
“El perdonado que no perdona”
(Martes
10 marzo 2026, lecturas: (Dn 3,25.34-43; Sal 24; Mt 18,21-35)
Queridos
hermanos y hermanas:
Las
lecturas de hoy nos invitan a reflexionar sobre una realidad muy importante en
la vida cristiana: hemos sido perdonados por Dios, pero muchas veces nos cuesta
perdonar a los demás. La Palabra de Dios nos recuerda que quien ha recibido
misericordia también debe ser misericordioso.
1.
En la primera lectura (Dn 3,25.34-43): Un corazón humilde que pide perdón. En el libro
del profeta Daniel encontramos la oración de Azarías en medio del sufrimiento
del pueblo. Él reconoce las faltas del pueblo y se dirige a Dios con un corazón
humilde.
Algunos
elementos sencillos de esta lectura:
-
Reconocer nuestros pecados: Azarías no se
justifica, reconoce que el pueblo ha fallado a Dios.
-
Confiar en la misericordia de Dios: aunque el
pueblo está pasando dificultades, confía en que Dios es compasivo.
-
Ofrecer a Dios un corazón humilde: dice que lo
que ofrecen ahora es un corazón arrepentido y humillado.
Aquí
aprendemos algo importante: Dios siempre está dispuesto a perdonar cuando
nos acercamos a Él con sinceridad.
2.
El Salmo 24: Dios enseña el camino al pecador. El salmo nos recuerda una
verdad muy hermosa: “El Señor es bueno y recto, y enseña el camino a los
pecadores”.
Esto
significa:
-
Dios no rechaza al pecador.
-
Dios nos guía para cambiar de vida.
-
Dios nos muestra el camino del perdón y de la
misericordia.
Si
Dios tiene paciencia con nosotros, también nosotros debemos tener paciencia con
los demás.
3.
En el Evangelio (Mt 18,21-35): El perdonado que no perdona. En el
Evangelio, Pedro le hace una pregunta a Jesús: —“Señor, ¿cuántas veces tengo
que perdonar? ¿Hasta siete veces?”
Jesús
responde: “No te digo hasta siete, sino hasta setenta veces siete.” Con
esto Jesús quiere decir: siempre debemos perdonar.
Luego
cuenta la parábola del siervo sin entrañas.
Los
elementos principales son:
1.
Un hombre recibe un gran perdón. Un rey le perdona a un servidor una deuda
enorme que nunca podía pagar.
Esto
representa: Dios que nos perdona nuestros pecados.
2.
Ese mismo hombre no quiere perdonar. Cuando encuentra a otro
compañero que le debe poco, lo agarra por el cuello y exige que le pague.
Esto
representa: La dureza del corazón humano. Olvidamos fácilmente el perdón
que hemos recibido.
3.
El rey se indigna. Cuando el rey se entera, se enoja y le dice:
“¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión
de ti?”
Aquí
está la enseñanza central: El perdonado que no perdona termina perdiendo la
misericordia.
4.
Enseñanzas sencillas para nuestra vida
De
estas lecturas podemos sacar algunas enseñanzas claras:
-
Todos necesitamos el perdón de Dios.
-
Dios siempre está dispuesto a perdonarnos.
-
Quien ha sido perdonado debe aprender a perdonar.
-
El rencor y el odio endurecen el corazón.
-
El perdón trae paz al alma y a la comunidad.
5.
Una pregunta para nuestro corazón
Hoy el Señor nos invita a preguntarnos:
-
¿Guardo rencor a alguien?
-
¿Hay alguna persona a la que no he querido
perdonar?
-
¿Recuerdo cuánto Dios me ha perdonado?
-
Quien recuerda el perdón de Dios, aprende a
perdonar.
Conclusión.
Queridos
hermanos y hermanas, pidamos hoy al Señor tres gracias:
-
Un corazón humilde para pedir perdón.
-
Un corazón agradecido por la misericordia de Dios.
-
Un corazón grande para perdonar a los demás.
Porque
quien ha sido perdonado por Dios, no puede cerrar su corazón al hermano. Amén.


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