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¿Por qué
hoy tantos le tienen miedo al matrimonio y a tener hijos?
A medida que la disminución de las tasas
de natalidad transforma Occidente, el debate mundial sobre el
matrimonio y la familia cobra mayor urgencia de cara a una reunión que tendrá
lugar en Roma en octubre, convocada por el Papa León XIV.
Los nuevos datos ponen de manifiesto esta
tendencia: los nacimientos en Estados Unidos cayeron un 1% en 2025, hasta
situarse en torno a los 3,6 millones, mientras que las tasas de fecundidad en
Europa se mantienen muy por debajo de los niveles de reemplazo generacional.
El Papa León XIV convocó a los presidentes de las
conferencias episcopales de todo el mundo a reunirse en Roma para
renovar y profundizar el debate de la Iglesia sobre el matrimonio y la familia
a la luz de ‘Amoris Laetitia’.
Al igual que en gran parte del mundo
occidental, cada vez menos personas se casan y tienen menos hijos, los
expertos católicos señalan que es un asunto urgente que abordar, y la
Iglesia, especialmente las parroquias, tienen un papel que desempeñar.
Las tasas de
natalidad disminuyen drásticamente
Según el informe de abril del Centro
Nacional de Estadísticas de Salud, publicado como parte de las Estimaciones
Provisionales Trimestrales de Publicación Rápida del Sistema Nacional de
Estadísticas Vitales, el número de nacimientos en Estados Unidos en
2025 fue de aproximadamente 3,61 millones, lo que supone un descenso
del 1% con respecto a 2024.
La tasa general de fecundidad fue de 53,1
nacimientos por cada 1.000 mujeres de entre 15 y 44 años, lo que supone un
descenso del 1% respecto a 2024.
En la Unión Europea, en 2024
nacieron casi dos veces menos niños que hace seis décadas, con 3,55
millones de nacimientos en la UE en 2024. La tasa bruta de natalidad, o el
número de nacimientos vivos por cada 1.000 personas, en la UE en 2024 fue de
7,9, mientras en 2000 fue de 10,5, en 1985 de 12,8, y en 1970 de 16,4. En 54 años, un 8,5 por ciento menos.
En Estados Unidos, la tasa de fecundidad total se
mantiene en torno a 1,6 nacimientos por mujer, mientras que en gran parte de
Europa ronda los 1,3, Los demógrafos señalan que, además de la disminución del
tamaño de las familias, un porcentaje cada vez mayor de adultos no tiene hijos.
El descenso de la fertilidad va
más allá de las explicaciones financieras
Catherine Pakaluk, economista y profesora de la
Universidad Católica de América y directora ejecutiva del Instituto James
Cardinal Gibbons para la Ecología Humana, ha declarado a OSV News que para
comprender el descenso actual de la fertilidad es necesario ir más allá de las
explicaciones financieras.
“El cambio más importante podría ser estructural:
hemos desmantelado silenciosamente los contextos en los que esas razones alguna
vez florecieron de forma natural”, afirmó.
“Durante la mayor parte de la historia de la
humanidad, los niños llegaban dentro de una red de comunidad, familia extensa y
expectativas compartidas”, explicó. “El deseo de tener un hijo no
necesitaba una justificación individual; estaba intrínsecamente ligado a la
forma en que se vivía la vida”.
Cambios
tecnológicos y culturales: lógica utilitarista
Según explicó, los cambios tecnológicos y
culturales alteraron ese marco. “Cuando la anticoncepción rompió el vínculo
natural entre la unión sexual y los hijos, no solo amplió la libertad de
elección individual, sino que reveló una lógica utilitarista que había estado
latente desde siempre”, afirmó.
“En cuanto las parejas tienen que planificar
teniendo en cuenta a los hijos en lugar de planificar a pesar de ellos, un
sistema poco claro de cálculo de costes se cuela en la decisión más íntima a la
que puede enfrentarse una familia”.
“Rechazar la idea de que el
dinero es lo primero y la familia lo segundo sería estimulante para los jóvenes
que quizás nunca hayan escuchado otra cosa”, dijo.
El valor de
los hijos es futuro, y en gran medida invisible
En ese sentido, añadió, “los hijos apenas
aparecen en el balance, porque su valor es futuro y en gran medida
invisible”. Catherine Pakaluk asegura
que la indecisión sobre la paternidad es generalizada y no debe ignorarse. “Me
tomo en serio esa indecisión; no se trata simplemente de egoísmo o confusión”,
dijo. “Muchas personas desean sinceramente tener hijos y se encuentran con que
no pueden lograrlo”.
Parálisis ante
el compromiso
Señaló las presiones económicas, como el coste de
la vivienda y la inestabilidad laboral, pero afirmó que no explican
completamente la tendencia.
“Lo que observo en los datos —y
en mis alumnos— es más bien una parálisis respecto al compromiso en sí”, afirmó.
“Hemos desarrollado un ideal cultural de adultez en el que uno se autodefine
constantemente, manteniendo las opciones abiertas y postergando la decisión
final”. Los niños, añadió, desafían ese modelo. “Te transforman
irreversiblemente. Hacen exigencias de las que no puedes escapar”.
Llegar a edad
mediana sin haber cuidado un niño
Mary Eberstadt, autora católica, entre otras
obras, de ‘Primal Screams’, investigadora social, ensayista y novelista,
también señaló factores culturales. “Estados Unidos solía ser mucho más pobre
que hoy”, declaró a OSV News. “Así que hay algo más que influye en el
alejamiento del matrimonio y la familia”. Identificó lo que describió como una
pérdida de la experiencia vivida.
“Muchas mujeres jóvenes llegan a la mediana edad
sin haber cuidado nunca a un niño, porque no tuvieron experiencia con hermanos
ni cuidando niños en una época en la que cada vez nacían menos”, dijo. “Cuidar
a un bebé no es aterrador para quien lleva años haciéndolo. Tener que hacerlo
sin la ventaja de la experiencia aumenta enormemente la ansiedad ante la
maternidad”.
Las políticas
públicas por sí solas no revertirán la tendencia
Eberstadt también señaló el papel de la imitación
social. “Una segunda causa es que el comportamiento humano, como bien describió
René Girard, es mimético”, afirmó. “Un mundo en el que menos personas
conocen a personas casadas, con hijos o que se comprometen a los
veinte años, es un mundo en el que podemos esperar que se repitan las mismas
tendencias”.
La pornografía
afecta a las relaciones y las familias
Añadió que la pornografía es otro factor que
afecta las relaciones y la formación de familias. “Esta fuerza es tan
destructiva que parece improbable que se pueda remediar sin un despertar
religioso, porque el mundo secular no solo no ofrece respuestas a la
destrucción del romance que causa la pornografía, sino que ni siquiera la
considera un problema”, afirmó.
Kugler: se
necesita un amplio apoyo a la familia
En Europa, donde las tasas de natalidad se han
mantenido por debajo del nivel de reemplazo desde la década de 1970, Gudrun
Kugler, miembro del Parlamento austriaco y vicepresidenta de la Asamblea
Parlamentaria de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa,
afirma que las políticas públicas por sí solas no han logrado revertir esta
tendencia.
“Un amplio apoyo familiar —mediante
desgravaciones fiscales, transferencias y prestaciones en especie— es justo y
necesario”, declaró a OSV News. Advirtió que, en algunos casos, las políticas
incluso pueden incentivar la demora, lo que puede convertirse en un obstáculo
decisivo. En Europa, la edad media del primer parto ronda los 30 años.
“Las estadísticas sugieren que si alguien no ha
tenido hijos a esa edad, la probabilidad de tenerlos alguna vez cae por debajo
del 50 %”. Como resultado, dijo, “no solo tenemos muy pocos niños, sino
que también tenemos muy pocas personas que tengan hijos”.
El declive
demográfico: una generación se cría sin hermanos
“Actualmente, tener hijos conlleva relativamente
poco prestigio social”, afirmó Kugler, madre de cuatro hijos. “El deseo de
estatus es un rasgo humano fundamental, profundamente arraigado en nuestra
naturaleza social”.
La política austríaca, defensora del papel de la
familia, señaló también las consecuencias sociales más amplias del declive
demográfico, haciéndose eco de la preocupación de Eberstadt de que toda la
generación se haya criado sin hermanos, lo que tiene consecuencias sociales
adicionales.
“Nos estamos acostumbrando a las calles vacías,
las tiendas cerradas y la ausencia de las risas de los niños, a menudo sin
darnos cuenta de estos cambios”, dijo Kugler. “En definitiva, esto plantea una
cuestión más profunda sobre el propósito y el significado: ¿Para qué
sirve todo esto? ¿Qué sentido tienen los grandes logros si no hay con quién
compartir la alegría?”
“El riesgo no
es solo demográfico”
Pakaluk, madre de ocho hijos, señaló las
profundas consecuencias culturales de esta tendencia. “Cuando menos personas la
experimentan con intensidad, algo afecta a la moral de la sociedad. Nos
volvemos menos propensos a la generosidad que requiere una comunidad
comprometida. El riesgo no es solo demográfico; en última instancia, es un
riesgo para nuestra capacidad de solidaridad!, afirmó.
Las tres expertas, que son católicas, señalaron
de diferentes maneras la necesidad de una reflexión cultural más amplia.
El significado
de la libertad: los hijos, el compromiso supremo
Pakaluk afirmó que reconsiderar el significado de
la libertad puede formar parte de ese proceso.
“La narrativa cultural dominante considera la
libertad como la máxima preservación de la capacidad de elección”, afirmó.
“Según esta perspectiva, todo compromiso implica un costo, y los hijos
representan el compromiso supremo. Sin embargo, la tradición más antigua
—filosófica y teológica— entendía la libertad como la capacidad de entregarse
plenamente a lo que es verdaderamente bueno. Esa es una libertad que crece a
través del compromiso, no a pesar de él”, declaró Pakaluk a OSV News.
“En la práctica, esto significa recuperar
contextos donde el deseo de tener hijos pueda ser reconocido y respetado, donde ‘quiero
formar una familia’ no se considere una falta de ambición ni un
alejamiento del mundo. Significa comunidades de apoyo, no solo políticas”,
añadió.
En la cultura
occidental, los hijos son vistos como una carga, no como un regalo o una
bendición
Kugler hizo hincapié en la importancia del
reconocimiento y el significado. “Las personas deciden tener hijos cuando
tienen una razón de peso para hacerlo, y el reconocimiento es un motivador más
poderoso que un aumento marginal del apoyo estatal”. Añadió: “En la cultura
occidental, los hijos son vistos como una carga, no como un regalo o una
bendición. En lugar de ‘simplemente amarlos’, nos preocupamos demasiado por
muchas cosas secundarias”.
Eberstadt, que también es madre de cuatro hijos,
destacó el papel de las comunidades religiosas a la hora de responder a las
tendencias actuales.
Las parroquias
pueden ayudar en la formación familiar
“La Iglesia, y especialmente las parroquias,
pueden ayudar en la formación familiar a nivel comunitario”, dijo, sugiriendo
apoyo práctico como el envío de comidas y la cooperación entre familias para el
cuidado de los niños.
Pakaluk añadió: “Muchas personas que retrasaron o
renunciaron a la paternidad no obtuvieron la libertad que esperaban; sufrieron
otro tipo de pérdida”, dijo. “Esa conversación sincera, ni moralista ni
sentimental, puede ser el punto de partida de la renovación”.
*Publicado en OSV News / omnesmag.com


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