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    viernes, 12 de junio de 2026

    Rueguen al dueño de la mies que envíe trabajadores para su mies


    Nuestra Fe | P. Ciprián Hilario, msc

     


    Rueguen al dueño de la mies que envíe trabajadores para su mies

    (Domingo 14 de junio 2026. Undécimo Domingo del Tiempo Ordinario, lecturas: Éxodo 19,2-6 Salmo 99,2-5. Romanos 5,6-11. San Mateo 9,36-10,8)

     

    Queridos hermanos y hermanas:

    La Palabra de Dios de este domingo nos invita a reflexionar sobre la llamada que Dios hace a su pueblo y sobre la misión que confía a quienes ha elegido. Las lecturas nos muestran que Dios nos ama, nos salva y nos envía a trabajar en su mies para que su Reino siga creciendo en el mundo.

     

    1. “Ustedes serán mi propiedad personal entre todos los pueblos” (Éxodo 19,2-6). En la primera lectura encontramos al pueblo de Israel al pie del monte Sinaí. Allí Dios recuerda cómo lo ha liberado de la esclavitud y le propone una alianza.

    Algunos elementos para nuestra vida hoy:

    -                     Dios toma siempre la iniciativa. Antes de pedir algo a su pueblo, primero lo libera y lo cuida.

    -                     La elección de Dios no es un privilegio para sentirse superior, sino una responsabilidad para servir.

    -                     También nosotros, por el bautismo, hemos sido llamados a ser un pueblo santo y un sacerdocio al servicio de los demás.

    -                     La Iglesia está llamada a mostrar con su vida el amor de Dios en medio del mundo.

    La pregunta para nosotros es: ¿estamos viviendo como pueblo de Dios o nos estamos dejando arrastrar por los criterios del mundo?

     

    2. “Cristo murió por nosotros cuando todavía éramos pecadores” (Romanos 5,6-11). San Pablo nos recuerda la grandeza del amor de Dios. Cristo no esperó que fuéramos perfectos para salvarnos; murió por nosotros cuando éramos débiles y pecadores.

    Algunos elementos para nuestra reflexión:

    -                     La salvación es un regalo gratuito de Dios.

    -                     Ninguna persona está excluida de la misericordia divina.

    -                     Quien ha experimentado el amor de Cristo está llamado a compartirlo con los demás.

    -                     La reconciliación con Dios debe llevarnos también a reconciliarnos con nuestros hermanos.

    En una sociedad marcada por divisiones, resentimientos y violencia, el cristiano está llamado a ser instrumento de paz y reconciliación.

     

    3. “La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos” (Mateo 9,36–10,8). En el Evangelio vemos a Jesús contemplando a la multitud. No la mira con indiferencia, sino con compasión, porque estaban cansados y abandonados como ovejas sin pastor.

    Jesús descubre una gran necesidad espiritual y dice a sus discípulos: “La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos.”

    De este texto podemos destacar varios elementos:


    a) Tener la mirada compasiva de Jesús

    - Jesús ve el sufrimiento de la gente y se conmueve.

    - Hoy también hay muchas personas heridas por la pobreza, la soledad, la enfermedad, las adicciones y la falta de sentido de la vida.

    -  El discípulo de Cristo no puede permanecer indiferente ante estas realidades.

     

    b) Orar por las vocaciones. Jesús pide: “Rueguen al dueño de la mies.”

    La primera respuesta ante la necesidad de evangelizadores es la oración.

    Debemos pedir al Señor sacerdotes santos, religiosas generosas, diáconos, catequistas y laicos comprometidos.

     

    c) Todos somos enviados. Después de pedir oración, Jesús envía a los Doce.

    - No basta rezar; también hay que responder al llamado.

    - Cada bautizado tiene una misión en la familia, en la comunidad, en el trabajo y en la sociedad.

    - Todos podemos ser trabajadores de la mies del Señor.

     

    d) Dar gratuitamente lo que hemos recibido gratuitamente. Jesús dice: “Gratis lo recibieron, denlo gratis.”

    -                     El amor, la fe y la misericordia que hemos recibido de Dios deben compartirse generosamente.

    -                     La evangelización no busca beneficios personales, sino servir al Reino de Dios.

     

    Conclusión

    Queridos hermanos y hermanas, las lecturas de hoy nos recuerdan tres grandes verdades:

    -                     Dios nos ha elegido para ser su pueblo santo.

    -                     Cristo nos ha amado y salvado cuando aún éramos pecadores.

    -                     Jesús nos envía a trabajar en su mies porque son muchos los que necesitan escuchar la Buena Noticia.


    Pidamos al Señor que nos conceda un corazón compasivo como el suyo, disponibilidad para responder a su llamada y generosidad para trabajar en la construcción de su Reino.

    Que al participar de esta Eucaristía renovemos nuestro compromiso misionero y podamos decir con nuestra vida: “Aquí estoy, Señor, envíame”. Amén.






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