La Escuela Económica | Esteban Delgado (@estebandelgadoq)
La
caducidad de la etapa más productiva de la vida
Recientemente
conversaba con un amigo que estuvo trabajando durante 26 años en una entidad
financiera importante. Entró a ese banco a la edad de 22 años, cuando todavía
le faltaba un par de años para terminar su carrera de Administración de
Empresas.
Logró
graduarse y siguió laborando, pero no se interesó en ampliar su capacitación
académica con un posgrado, maestría o hasta doctorado. Solo se limitó a tomar
algunos cursos de capacitación interna de la entidad. Con 26 años de servicios,
solo alcanzó la posición de supervisor de área y al cabo de ese tiempo fue
desahuciado, es decir, “lo cancelaron”. Le dieron sus prestaciones y lo
mandaron para su casa.
Ahora,
a sus 48 años y sin más capacitación que la de una licenciatura, mi amigo está
buscando empleo y no lo ha conseguido. Con sus habilidades, los empleadores
prefieren a jóvenes de 20 a 25 años y que, preferiblemente, dominen al menos el
idioma inglés.
En
resumidas cuentas, mi amigo dejó pasar los mejores años de su vida (su
juventud) acostumbrado a un empleo de paga regular y sin interesarse en
construir su futuro con la preparación que debió asumir en esa etapa, a los
fines de adquirir libertad económica cuando se acercara a los 50 años.
Eso
pasa con muchos jóvenes en la actualidad, principalmente influidos por la
“fiebre” de las redes sociales, que prometen “monetizar” con base a una mayor
cantidad de seguidores, pero sin hacer notar que la etapa de “influencer” tiene
caducidad.
Hoy
día, es frecuente ver en redes sociales portales de chicos, y más de chicas,
con miles de seguidores; pero, cuando observas su contenido, te das cuenta de
que está cargado de fotografías posando en tangas y bikinis, mostrando los
“atributos” de un cuerpo joven que todavía puede exhibirse. Y uno se pregunta
¿cuántos seguidores más se van a agregar cuando ese cuerpo deje de ser
atractivo por el paso de los años y ya no tenga más contenido para agregar? Los
atractivos físicos tienen tiempo de caducidad. Si decides sacarle provecho,
debes tomar en cuenta que, mientras tanto, debes hacer algo productivo para
cuando ya ese cuerpo no atraiga seguidores.
Algo
parecido ocurre con el deporte. La etapa profesional y de alta rentabilidad de
un atleta, de cualquier disciplina, tiene un tiempo límite. En ese breve
tiempo, debes gozar el éxito, pero también debes ahorrar e invertir en lo que
está generando dinero, para poder sustentarte cuando ya tus habilidades físicas
no atraigan contratos.
Lo
mismo pasa en el ámbito profesional y cotidiano, como el caso de mi amigo. En
la etapa de la juventud es cuando uno tiende a hacer las cosas que le
divierten, que le hacen ser feliz, que la edad les permite. Es la etapa en la
que se tiene más energía, más fuerza, más ánimo; pero preste atención, esa
energía hay que aprovecharla en procura de hacer los esfuerzos que se requieren
para construir un futuro mejor.
Ya
no basta con ir a la universidad y graduarse de una licenciatura o ingeniería.
Es preciso estudiar al menos un idioma adicional al nativo. Es necesario y
hasta imprescindible obtener grados de maestría, ya sea una o dos. Se requiere
ser creativo y disciplinado con la administración de los recursos disponibles
(ahorrar, invertir los ahorros con moderación, procurar mejores puestos
laborales -ascensos- y adquirir por lo menos su primera vivienda propia, entre
otros aspectos).
No
es casual que cuando una institución de cualquier naturaleza ofrece un programa
de becas académicas, siempre indica que irá dirigida a jóvenes entre 18 y 30
años. Esto así, porque es durante la juventud que, se presentan las
oportunidades. Lo mismo ocurre con la oferta de empleos; siempre se prefiere a
personas con ese intervalo de edad.
El
problema con la juventud es que solo nos damos cuenta de su inmenso valor,
cuando ya hemos pasado esa etapa.
Por
eso, es preciso que usted, quien ahora es joven, tal vez con 25 años (más o
menos), se pregunte en qué condición desea estar dentro de 10 años, es decir,
cuando apenas tenga 35, o dentro de 20 años, cuando aún estará en buena
condición física con 45 años cumplidos. Luego de contestarse esa pregunta, yo
le pregunto: ¿qué está usted haciendo ahora para alcanzar la condición en que
desea estar, en ese futuro que ha visualizado? Es momento de actuar.


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