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    viernes, 16 de octubre de 2026

    Unidos en la Misión. Domingo Mundial de las Misiones (DOMUND)


    Nuestra Fe | P. Ciprián Hilario, msc

     


    Unidos en la Misión

    Domingo Mundial de las Misiones (DOMUND)

    “Unidos en la Misión, para anunciar a Jesucristo y llevar su amor a todos los pueblos”

    (Domingo 18 de octubre 2026. Vigésima novena semana tiempo ordinario, lecturas: Isaías 45,1-4.6; Salmo 95; 1 Tesalonicenses 1,1-5; San Mateo 22,15-21)

     

    1. Primera lectura: Isaías 45,1-4.6. Dios llama y elige para cumplir una misión.

    Queridos hermanos y hermanas:

    La primera lectura nos presenta a Ciro, rey de Persia, a quien Dios llama y utiliza para realizar sus planes. Lo interesante es que Dios puede servirse de personas y caminos inesperados para llevar adelante su proyecto de salvación.

    Esto nos enseña que la misión no es una obra exclusivamente humana, sino una iniciativa de Dios. Él llama, elige, prepara y envía a quienes están dispuestos a colaborar con su plan de amor.

    Elementos que nos sirven para nuestra vida:

    1. Dios nos llama a todos. No solamente llama a los sacerdotes, religiosos y religiosas; también llama a los padres, jóvenes, catequistas, misioneros y a cada bautizado.

    2. Todos tenemos una misión. En nuestra familia, en el trabajo, en la comunidad y en la Iglesia podemos anunciar el Evangelio con nuestras palabras y nuestras acciones.

    3. Dios puede servirse de nosotros. No importa que seamos personas sencillas o que tengamos pocas capacidades. Lo importante es estar disponibles para hacer el bien.

    4. La misión supera nuestras diferencias. Dios puede servirse de personas de distintas culturas, pueblos y condiciones para realizar sus propósitos.

    Preguntémonos: ¿Estoy dispuesto a dejarme utilizar por Dios para ayudar a los demás? ¿Reconozco que mi vida tiene una misión?

     

    2. Salmo 95: Anuncien a todos los pueblos las maravillas del Señor.

    El salmo nos invita a cantar al Señor, bendecir su nombre y anunciar su salvación de día en día. No podemos guardar para nosotros la alegría de conocer a Jesucristo. La fe es un regalo que debemos compartir.

    El misionero no anuncia una idea cualquiera: anuncia a una persona viva, Jesucristo, que nos ama, nos perdona y nos invita a vivir como hermanos.

    Elementos que nos sirven para nuestra vida:

    5. Anunciar el Evangelio es tarea de todos. Cada cristiano está llamado a comunicar la alegría de su fe en su ambiente familiar y social.

    6. Nuestra vida debe hablar de Dios. No basta con hablar de amor; tenemos que demostrarlo mediante la solidaridad, la honestidad, el perdón y el servicio.

    7. La misión comienza cerca de nosotros. Antes de pensar en países lejanos, preguntemos si estamos anunciando a Cristo en nuestra propia casa, en nuestro barrio y en nuestra parroquia.

    Una sonrisa, una visita a un enfermo, una palabra de esperanza o una ayuda a una familia necesitada pueden convertirse en verdaderos gestos misioneros.

     

    3. Segunda lectura: 1 Tesalonicenses 1,1-5:  Una comunidad unida en la fe, el amor y la esperanza

    San Pablo agradece a Dios por la comunidad de Tesalónica y recuerda su fe activa, su amor esforzado y su esperanza perseverante. Esa comunidad había recibido el Evangelio y estaba dando frutos.

    Aquí encontramos una enseñanza fundamental para el Domingo Mundial de las Misiones: la misión no es una tarea individual, sino una responsabilidad que compartimos como Iglesia.

    No podemos pretender anunciar a Cristo si vivimos divididos, si nos criticamos continuamente o si somos indiferentes ante el sufrimiento de nuestros hermanos.

    Elementos que nos sirven para nuestra vida:

    8. La fe debe ponerse en práctica. Creer en Jesús significa comprometernos con la construcción de un mundo más justo, fraterno y solidario.

    9. El amor nos mantiene unidos en la misión. En nuestras parroquias debemos aprender a trabajar juntos, respetando los distintos dones y servicios de cada persona.

    10. La esperanza nos ayuda a perseverar. Aunque encontremos dificultades, rechazo o cansancio, debemos continuar anunciando el Evangelio, confiando en la fuerza del Espíritu Santo.

    Queridos hermanos y hermanas, una parroquia misionera no es solamente aquella que organiza actividades religiosas. Es aquella que sale al encuentro de los alejados, acompaña a los que sufren, acoge a los necesitados y lleva la presencia de Jesús a todos.

     

    4. Evangelio: San Mateo 22,15-21: «Den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios»

    En el Evangelio, los fariseos y los herodianos intentan poner a Jesús en una situación difícil preguntándole si es lícito pagar impuestos al César. Jesús descubre su malicia y responde con una enseñanza que va más allá de la cuestión del impuesto: «Den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios».

    Jesús nos invita a reconocer nuestras responsabilidades en la sociedad, pero también a comprender que nuestra vida pertenece a Dios.

    La moneda lleva la imagen del César, pero nosotros llevamos impresa en nuestra existencia la imagen de Dios. Hemos sido creados por Él y estamos llamados a vivir de acuerdo con su amor.

    Elementos que nos sirven para nuestra vida:

    - Dar a cada uno lo que le corresponde. Debemos cumplir nuestros deberes ciudadanos, actuar con honestidad y respetar las leyes justas.

    - Poner a Dios en el centro de nuestra vida. No podemos permitir que el dinero, el poder, el prestigio o los intereses personales ocupen el lugar que le corresponde a Dios.

    - Reconocer la dignidad de cada persona. Todo ser humano tiene un valor inmenso ante Dios. Por eso, la misión exige defender la vida, respetar a los pobres y rechazar toda forma de desprecio y discriminación.

    - Ser misioneros con nuestro testimonio. Nuestra mejor predicación consiste en vivir de tal manera que los demás puedan descubrir en nosotros el rostro misericordioso de Jesucristo.

    En este Domingo Mundial de las Misiones, preguntémonos: ¿Qué lugar ocupa Dios en mi vida? ¿Estoy contribuyendo a que otras personas conozcan a Jesucristo? ¿Pongo mis capacidades, mis bienes y mi tiempo al servicio de la misión?

     

    5. Aplicación para el Domingo Mundial de las Misiones

    El DOMUND nos recuerda que la misión de la Iglesia es anunciar a Jesucristo a todos los pueblos. Esta misión requiere oración, entrega personal, solidaridad y colaboración económica para sostener la labor evangelizadora de la Iglesia en los territorios de misión.

    No todos podemos viajar a otros países, pero todos podemos ser misioneros desde donde vivimos.

    - Con la oración: rezando por los misioneros, las vocaciones y los pueblos que todavía no conocen plenamente a Cristo.

    - Con nuestro testimonio: viviendo el Evangelio en la familia, el trabajo y la comunidad.

    - Con nuestra solidaridad: ayudando, según nuestras posibilidades, a las obras misioneras.

    - Con nuestro compromiso: participando activamente en la vida de la parroquia y acercándonos a quienes se han alejado de la Iglesia.

    - Con la unidad: dejando de lado las rivalidades y trabajando juntos para que el Evangelio llegue a todos.

     

    Conclusión

    Queridos hermanos y hermanas:

    Hoy la Palabra de Dios nos invita a comprender que todos tenemos una misión y que nadie debe sentirse excluido de esta responsabilidad. Dios llamó a Ciro para realizar sus planes; el salmo nos invita a anunciar su salvación; san Pablo nos presenta una comunidad fortalecida por la fe, el amor y la esperanza; y Jesús nos recuerda que debemos dar a Dios el lugar que le corresponde en nuestra vida.

    Por eso, en este Domingo Mundial de las Misiones, renovemos nuestro compromiso bautismal. No seamos cristianos encerrados en nosotros mismos, sino discípulos misioneros que salen al encuentro de los demás.

    Estar unidos en la misión significa orar juntos, trabajar juntos, servir juntos y anunciar juntos a Jesucristo.

    Que cada hogar sea una pequeña comunidad misionera, que cada parroquia sea una Iglesia en salida y que cada cristiano se convierta en instrumento de paz, reconciliación y esperanza.

    Pidamos al Señor que nos conceda un corazón misionero, capaz de amar sin distinción, servir sin esperar recompensa y anunciar el Evangelio con alegría.

    Que María, primera discípula y madre de la Iglesia misionera, nos acompañe en este camino. Amén.







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