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    El Famoso y sus cómplices

    Las Razones del Corazón. El famosos y sus cómplices.
    Algún día surgirán grupos de ciudadanos y se erigirán asociaciones con el fin de terminar con una plaga humillante: la de los que no tienen otra carrera que la de ejercer de famosos. Ellos viven desempeñando el rol de triunfadores. Salen en las revistas del corazón, venden derechos de bodas y organizan fiestas de sociedad, arman escándalos y hasta se dedican a hacer obras de beneficencia.
    Todo vale con tal de salir en los medios y que se hable de ellos. No se sabe exactamente cuáles son sus cualidades ni en qué benefician a nuestra sociedad, pero tal parece que su mera existencia les da derecho a exigir aplausos y honores.
    El caso es que existen programas de radio y televisión para alimentar chismes en torno a estos pretendidos personajes. Se editan cantidades asombrosas de páginas con el fin de rastrear dimes y diretes acerca de sus parejas de turno. Urge una reacción. Nos hallamos frente a un síntoma obvio de degeneración social. Hay que aislar a los famosos, colocarlos en su sitio y dejar de airear sus miserias.

    Se creen imprescindibles
    Los individuos intrascendentes que nos ocupan vive de todo lo que es innecesario para la sociedad: fiestas, chismes, exclusivas en derechos de prensa... Son parásitos que, para mayor incongruencia, se creen imprescindibles. La lástima es que el curioso se hace cómplice del famoso porque la curiosidad es precisamente el humus del que vive. Todo el que sintoniza y se interesa en medios de prensa acerca de los amores y desamores, agravios y penas, alegrías y sinsabores de estos personajillos se hace cómplice.
    Los que se peinan como la diva o se acicalan como el galán de moda, los que se dejan influir por la decoración del cuarto de baño de la cantante X y los que compran la entrevista de la última señorita que desfiló por la pasarela para saber del secreto de su silueta, están colaborando para que la saga de los famosos permanezca en el centro de atención.
    Realmente el fenómeno es de difícil explicación racional. ¿Será una muestra de enorme y apabullante vaciedad? ¿Es posible que millones de seres humanos no tengan otra cosa más digna en su agenda que devorar páginas y páginas sobre el color de los sombreros de los invitados a una boda? ¿Qué tremendo impacto pueden suponer en la vida de un ciudadano común los amoríos de una famosa?

    Reaccionar con presteza
    Tal vez ha llegado el momento de plantear todo este asunto como una cuestión de vergüenza colectiva. Se nos está invadiendo a marchas forzadas. Uno prende la televisión y allí están los famosos. Se corre el dial de la radio y algún periodista malgasta su tiempo indagando acerca de los proyectos de boda de una modelo. El ciudadano abre el periódico y de seguro aparecen las señoras que, con sus respectivos escotes y collares, exigen su ración de publicidad.
    O se reacciona a tiempo, optando por una actitud beligerante desde todos los ángulos posibles, o nuestra sociedad se precipitará hacia el abismo de la frivolidad. Resulta intolerable que interese más la boda de una modelo -operada recientemente para disminuir sus lípidos- que los aportes de la ciencia, de la literatura, de la ecología, etc. No se entiende que personajillos sin trabajo ni profesión precisa acaparen las portadas de los medios de comunicación.
    Aunque hay algo más triste: personas serias que, en principio, tienen algo que decir y aportar a la sociedad, quieran seguir los pasos de los y las famosas. Hay políticos que no desdeñan entrevistas frívolas ni galantes fiestas de sociedad. Personas de indudable valía intelectual sienten el cosquilleo del mundillo de la farándula.
    Incluso algún que otro eclesiástico nos sorprende en ocasiones al aparecer con una copa entre manos, con extrañas vestimentas, rodeado de señoras repletas de collares. Se trate de recepciones, almuerzos de trabajo o visitas de cortesía, ya es casualidad que a los organizadores no les pase por alto llamar al fotógrafo.

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