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    viernes, 20 de febrero de 2026

    “El Ayuno que yo quiero”


    Reflexión | P. Ciprián Hilario, msc

     


    “El Ayuno que yo quiero”

    (Viernes 20 de febrero, después de ceniza, lecturas: Is 58,1-9ª; Sal 50; Mt 9,14-15)

     

    Queridos hermanos y hermanas:

    Hoy la Palabra de Dios nos presenta un tema muy claro y actual: “El ayuno que yo quiero”. No se trata solo de dejar de comer, sino de vivir un ayuno que transforme el corazón y la vida. Vamos a recorrer las lecturas en el orden en que la Iglesia nos las propone:

     

    1. Primera lectura: Libro de Isaías 58,1-9ª. El profeta Isaías habla con fuerza al pueblo. Ellos ayunaban, hacían sacrificios y oraciones, pero seguían cometiendo injusticias, peleando, explotando a los pobres.

    Y Dios les dice claramente: “El ayuno que yo quiero es este: romper las cadenas injustas, compartir el pan con el hambriento, vestir al desnudo, no desentenderte de tu hermano.”

     

    Aquí encontramos el primer elemento:

    El verdadero ayuno agrada a Dios cuando va unido a la justicia y a la caridad.

    No basta con prácticas externas; Dios quiere un corazón solidario.

    El ayuno auténtico libera, no oprime.

    Dios no rechaza el ayuno, pero sí rechaza la hipocresía. El ayuno verdadero nos hace más humanos y más hermanos.

     

    2. Salmo 50 (51). El salmo nos ayuda a comprender la raíz del ayuno verdadero. El salmista clama: “Oh Dios, crea en mí un corazón puro.”

     

    Aquí aparece el segundo elemento:

    El ayuno comienza en el corazón.

    Dios no quiere sacrificios vacíos, sino un espíritu contrito y humilde.

    La conversión interior es lo más importante.

    Podemos dejar de comer, pero si no cambiamos el corazón, no hemos entendido nada. El ayuno verdadero es reconocer nuestras faltas y volver a Dios.

     

    3. Evangelio: Evangelio según San Mateo 9,14-15. En el Evangelio, preguntan a Jesús por qué sus discípulos no ayunan. Y Él responde con una imagen hermosa:

    “¿Acaso pueden estar tristes los invitados a la boda mientras el esposo está con ellos?”

    Jesús se presenta como el Esposo. Mientras Él está presente, hay alegría. Pero también anuncia que llegará el momento en que ayunarán.

     

    Aquí encontramos el tercer elemento:

    El ayuno cristiano tiene sentido cuando nace del amor a Cristo.

    No es tristeza sin sentido, es preparación y unión con Jesús.

    Ayunamos porque queremos que Cristo ocupe el primer lugar en nuestra vida.

    El ayuno no es un castigo; es un acto de amor. Es decirle al Señor: “Tú eres más importante que todo”.

     

    Conclusión. Queridos hermanos y hermanas, el ayuno que Dios quiere:

    - Es un ayuno que practica la justicia y la caridad.

    - Es un ayuno que nace de un corazón arrepentido.

    - Es un ayuno que se vive por amor a Cristo.

    Que en este tiempo aprendamos a ayunar de la mentira, del orgullo, de la indiferencia. Que ayunemos del egoísmo y compartamos con quien necesita.

    Entonces sí, como dice el profeta, “tu luz brillará como la aurora” y el Señor escuchará nuestro clamor.

    Que el Señor nos conceda vivir el verdadero ayuno que Él quiere. Amén.





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