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    martes, 24 de febrero de 2026

    ¿Tendrá solución, algún día, la violencia de Género e Intrafamiliar?


    Vida Humana | Melania Emeterio R.


     

    ¿Tendrá solución, algún día, la violencia de Género e Intrafamiliar?

     

    Lo que aún sigue ocurriendo (por parte de su compañero, o excompañero) con la integridad física y psicológica de muchas mujeres en nuestro país, está dejando cada vez más preguntas que hacer y más propuestas para formular. A más de 30 años de la Convención de Belém Do Para, (celebrada en Brasil, 1994) Contra toda forma de Violencia contra la Mujer, y a más de 30 años de la Conferencia de Beijing, China (septiembre 1995) y toda su plataforma, que incluía con sobrada precisión todos los indicadores de violencia y discriminación hacia la mujer, a pesar de todos estos esfuerzos el año 2025 finalizó dejando muy intacta la violencia de género y la violencia intrafamiliar, con su expresión extrema, los feminicidios. Y con esa herencia bárbara inició el mes de febrero 2026, como si la existencia de este mal estuviera destinada a ser para siempre.

     

    Los hombres feminicidas y los que abusan de las mujeres, siguen actuando como el personaje de uno de los cuentos de Juan Bosch, El sin ley. No hay quien los detenga. No temen a la supresión de derechos, ni a períodos largos de prisión, ni a las amenazas de castración. Ellos actúan con sed de sangre, y para hacerlo, no necesitan ser jóvenes, mayores adultos, envejecientes, intelectuales, analfabetas, locos o cuerdos, religiosos o incrédulos. Todos están poseídos por la ideología patriarcal que los ha convencido de que son superiores a las mujeres, y que tienen todo el poder sobre ellas, incluso sus deseos de querer, o de no querer. Estos cerebros están sellados en su decisión, y son conscientes de lo que hacen. Siendo esta la realidad, ¿por qué no invertir para trabajar atacando la ideología?

     

    Por más que la sociedad haya avanzado, los hombres no han cambiado de mentalidad porque es un asunto de conveniencia. Las raíces de este problema están en el sistema de valores fundados en una ideología que da poderes infinitos al hombre, y resta valor a la condición femenina. El peso de la ideología se ha arraigado, un arraigo que se reproduce. Pocas cosas, en términos de resistencia al cambio de mentalidad, se le comparan. Es muy distinto en los avances tecnológicos. Recuérdese que, personas ya habituadas a tomar agua a temperatura ambiente, cuando se masificaron las neveras, olvidaron de inmediato las ventajas de las tinajas. Tampoco hubo resistencia cuando se dio el cambio del carbón por la estufa de gas. Donde sigue habiendo resistencia es en la mentalidad masculina que se niega a ver en la mujer a su igual, y no quieren renunciar a lo que siempre le ha reportado beneficios: el control sobre las mujeres y las decisiones de estas.

     

    Es inaplazable que las ONGS que trabajan el tema, y los organismos del Estado, incluido el Ministerio de la Mujer, elaboren fórmulas funcionales para trabajar el elemento ideológico mucho más de lo que están haciendo. En la actualidad, por los resultados que se muestran, esta violencia hacia la mujer se está enraizando más, aunque haya medios de simulación para decir lo contrario. Se nota que hay un retroceso. Cada vez hay menos voces clamando por los derechos integrales de las mujeres, incluso los feminicidios ya son vistos como algo de rutina, se están naturalizando esos hechos aberrantes, y por lo bajo, se sigue pensando que la mujer lo provocó, que no se portaba bien, que por qué no lo dejó (al hombre) antes.  Es decir, sigue la victimización de la víctima, hasta que la vida no lleve, a quienes así piensan, la cruz y el dolor a su casa.

     

    Los feminicidios no están exentos de la mirada morbosa, no solo de los medios. Muchas veces se busca afanosamente el dato estadístico de cuántos feminicidios se han producido en el año, solo con el propósito de la difusión. Cierto es que el dato cuántico permite ver la realidad concreta y compararla con otros periodos, sin embargo, no hay tanto interés por saber por dónde anda la violencia psicológica, calidad de las agresiones físicas, y la violencia patrimonial. No se interesan tanto por los casos judicializados, los que terminan en sentencia, los que se dejaron por cansancio o por poca sensibilidad judicial. Se deben difundir historias de casos, para ver cómo se afecta la autoestima y la capacidad de respuestas sociales que puede dar una mujer sometida a esa violencia. Saber cuántas mujeres, por culpa de esa violencia brutal, tienen lesiones permanentes y cómo es que se comporta la solidaridad familiar y comunitaria. Y por esa misma vía indagar cómo incide la violencia intrafamiliar en las escuelas públicas o privadas. Publicar esto, aumentaría la certeza e importancia de que este flagelo se vaya eliminando, y sea cada vez más repudiado.

     

    En el pasado mes de enero, el presidente Luis Abinader se reunió con sus ministras/os para ver la marcha del país a través de las ejecutorias. Dentro del conjunto de temas a abordar, no recuerdo haber leído nada sobre la violencia de género y/o violencia intrafamiliar, se haya tratado allí. Si el Consejo de Ministras/os se reúne para cosas importantes, la violencia intrafamiliar y de género, no lo es. Es oportuna esta observación, pues siendo esta violencia un problema nacional que implica vida o muerte en el país, debió estar presente en esa primera reunión ministerial del año.  Si se hubiera llevado el caso, se hubiera mandado un buen mensaje al país, y a todos los hacedores de violencia intrafamiliar, principal violación de los derechos humanos, y uno de los problemas que ha evidenciado que el lugar más inseguro para muchísimas mujeres sigue siendo su propia casa.

     

    Las personas que creen que este tipo de violencia será para siempre, necesitan mensajes contundentes. Proponemos que durante este año se realicen al menos, cuatro Consejos de Ministras/os donde el tema principal sea la violencia de género e intrafamiliar como una situación urgente. Estos Consejos deben provocar en la ciudadanía un compromiso con la intolerancia y rechazo a esta inaceptable práctica que parece del tiempo de las cavernas. Hay que buscar afanosamente una respuesta profiláctica, pues nadie debe acostumbrarse a lo dañino, ni verlo como destino. Lo que hay que hacer es lo que aún no se ha hecho. Por ejemplo, un hombre denunciado por abusador debería recibir, no una amonestación, sino una sanción laboral ejemplificadora, y hacérsele un expediente anexado a su currículum. Hay que atacar la violencia por donde se inició, y hacerlo por todos los frentes y a través de todo país: político, cultural, económico, laboral, académico, sociedad civil.

     

    Aún no están agotadas todas las posibilidades de solución. El Consejo de Ministras/os debe, para tales fines, hacerse cuestionamientos de rigor para que de su seno salgan soluciones novedosas, prácticas, que duelan, que funcionen. Es de urgencia una o varias campañas permanentes bordeando el territorio como nunca se ha hecho. Sabiendo que el problema es cultural e ideológico las acciones y el plan de evaluación y seguimientos tiene que responder a esa misma realidad. Hay solución, pero si se busca, sin discursos, sino con voluntad, apertura, y recursos económicos a la mano.






     

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