Reflexión | P. Ciprián Hilario, msc
Como baja la lluvia
(Martes 24 febrero 2026, lecturas: Is
55,10-11; Sal 33; Mt 6,7-15)
Queridos hermanos y hermanas:
Hoy la Palabra de Dios nos regala un
tema muy hermoso y sencillo: “Como baja la lluvia”. La Palabra del Señor es comparada
con la lluvia que cae del cielo y fecunda la tierra. Vamos a recorrer las
lecturas en su orden para descubrir lo que Dios quiere enseñarnos.
1. Primera lectura: Libro de IsaÃas
55,10-11. La Palabra que baja del
cielo
El profeta nos dice: “Como bajan la lluvia y la nieve del cielo y no vuelven
allá sin empapar la tierra… asà será mi Palabra”.
Algunos elementos importantes:
-
La lluvia baja del cielo: No nace
de la tierra. Viene de arriba. Asà también la Palabra viene de Dios. No es
invento humano.
-
Empapa la tierra: La lluvia
transforma lo seco en fértil. La Palabra transforma el corazón duro en corazón
bueno.
-
Da fruto: Hace germinar la semilla. La Palabra
no es estéril, siempre produce algo.
-
No vuelve vacÃa: Dios
cumple lo que promete.
Hermanos y hermanas, muchas veces
nuestro corazón está como tierra seca: preocupaciones, problemas, cansancio,
pecado. Pero cuando escuchamos la Palabra con fe, algo comienza a cambiar por
dentro.
2. Salmo 33. La confianza en la Palabra
fiel de Dios
El salmo nos recuerda: “La palabra del Señor es sincera, y todas sus acciones son
leales”.
Aquà aprendemos:
-
Dios es fiel.
-
Su Palabra es recta.
-
Él cuida de los que esperan en su misericordia.
La lluvia no cae solo sobre un pedazo
de tierra; cae sobre todos. Asà también el amor de Dios es para todos. Pero el
fruto depende de cómo recibimos esa lluvia.
3. Evangelio: Evangelio según Mateo
6,7-15. La oración que nace de un corazón
regado por la Palabra.
En el Evangelio, Jesús nos enseña el
Padre Nuestro. Nos dice que no oremos con muchas palabras vacÃas, sino con un
corazón sencillo.
Aquà vemos el fruto de la lluvia:
-
Si la Palabra ha bajado a nuestro corazón, aprendemos a decir: “Padre”.
-
Si la lluvia nos ha transformado, buscamos que se haga su voluntad.
-
Si la Palabra ha germinado, aprendemos a perdonar.
Un corazón que no perdona es como
tierra dura que no deja penetrar el agua. Pero cuando perdonamos, la tierra se
abre y la gracia entra.
Aplicación para nuestra vida
Queridos hermanos y hermanas: ¿Estamos
dejando que la lluvia de la Palabra nos moje? Escuchar misa sin atención es
como cubrir la tierra con plástico: el agua no penetra.
¿Estamos dando fruto? Más paciencia, más perdón, más confianza en Dios. ¿Cómo
es nuestra oración? ¿Repetimos palabras sin pensar o hablamos con Dios como
hijos?
Conclusión. La lluvia cae silenciosa, pero transforma todo. Asà es la
Palabra de Dios: no hace ruido, pero cambia vidas.
Pidamos al Señor que nuestro corazón no
sea piedra, sino tierra buena. Que cada vez que escuchemos su Palabra, no
vuelva a Él vacÃa, sino convertida en obras de amor, de perdón y de fe. Que
hoy podamos decir con confianza: Señor, que tu Palabra caiga sobre mà como
lluvia suave y me haga dar fruto abundante. Amén.


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